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'Houria (Libertad)', la lucha 'clandestina' de las mujeres argelinas

La cineasta Mounia Meddour retrata la realidad de la mujer en Argelia hoy desde la historia de una bailarina de clásico que sufre un shock postraumático tras una agresión. Reivindicación del derecho de la mujer a expresarse a través de su cuerpo y de la defensa de la cultura y el arte, el filme muestra las secuelas de la guerra civil.

La actriz Lyna Khoudri repite con la cineasta Mouna Meddour (BTeam Pictures)
La actriz Lyna Khoudri repite con la cineasta Mouna Meddour. BTeam Pictures

La cineasta argelina Mounia Meddour sufrió hace tres años la prohibición de su película Papicha: sueños de libertad en su país. Aunque aquel retrato de la rabia femenina ambientada en la Década Negra, la guerra civil de los años 90, se canceló, después, tras las manifestaciones de la 'revolución de la sonrisa', la película representó a Argelia en los Oscar. Ahora, la directora muestra a las jóvenes herederas de aquellas mujeres indignadas y luchadoras en su nuevo trabajo, Houria (Libertad).

En una sociedad profundamente patriarcal, en la que todavía es una especie de acto obsceno que una mujer baile en público, Meddour presenta a una joven bailarina de clásico que, tras una agresión, sufre lesiones y un shock postraumático. En sus sesiones de rehabilitación, Houria, que ha dejado de hablar, conoce a un grupo de mujeres heridas por la guerra, por la pérdida de sus hijos y compañeros, por las agresiones machistas… y, a través del lenguaje de signos, conecta con ellas. Es el momento de levantarse y volver a bailar.

Mounia Meddour reivindica desde esta película, hermosa visualmente, comprometida y emocionante, el derecho de la mujer a expresarse a través de su cuerpo, de decidir sobre su cuerpo, del derecho a la libertad y a la igualdad. Es un relato de defensa de la cultura y el arte desde el que la cineasta refleja la realidad de Argelia hoy.

Esta es una historia de volver a levantarse, de restauración, ¿sirve de metáfora a la realidad de Argelia hoy?

Sí, efectivamente, es la historia de esta joven mujer que tiene este accidente y es también una metáfora de Argelia después de una guerra civil con más de 150.000 muertos. Hay un paralelismo con las heridas, con la fragilidad de la bailaora, que, a pesar de las dificultades, sigue adelante. También pretendo mostrar esta juventud de las mujeres, que son pilares de la sociedad de esta Argelia moderna. Es el paralelismo entre la bailadora y el país que se queda de pie a pesar de las de las heridas y que se encuentra finalmente más fuerte. Podríamos decir que renace de sus cenizas como el Fénix.

Las dificultades hoy no son solo las secuelas de la guerra, son más ¿no?

Sí, aparte de la guerra, ahora se han añadido otras dificultades socioeconómicas y culturales, algunos problemas económicos, problemas de alojamiento, de empleo y, además, la época del COVID, que ha fragilizado mucho la sociedad, como en el resto del mundo. Y ahí está también ese deseo muy fuerte de la juventud argelina de marcharse del país, clandestinos que quieren vivir a pesar del peligro que puede suponer irse en una lancha. Sí, todo esto se ha añadido a la guerra que hubo anteriormente.

Las mujeres protagonistas son bailarinas, pero hoy bailar en público siendo mujer todavía no está bien visto ¿no?

Creo que el hecho de bailar es una forma de expresar su deseo de emancipación, de un cuerpo libre, de liberar emociones… y sí, todo eso sigue siendo problemático y tabú en muchas partes del mundo y concretamente en Argelia. En muchas partes del mundo el tema de la expresión y del cuerpo de las mujeres es problemático, lo vemos con el tema del velo, ahora mismo con el aborto en Estados Unidos… Sigue habiendo un control del cuerpo de las mujeres y, por eso, hay que ser muy vigilantes, hay que vigilar mucho todos los derechos que hemos podido adquirir, porque no se dan de por vida. Y esto es más verdad en un país tan patriarcal como Argelia, donde hay un desequilibrio de los derechos entre mujeres y hombres. Yo he elegido el baile porque sigue siendo difícil bailar, expresarse de este modo, para las mujeres. Es una metáfora de lo que ocurre, y al final esas mujeres aprenden a seguir comunicando a través del lenguaje de los signos, que es como algo clandestino, para seguir luchando y expresándose.

La directora y guionista Mounia Meddour
La directora y guionista Mounia Meddour. BTeam Pictures

La danza en este caso es una forma de decir que las mujeres argelinas luchan por romper su silencio, por conquistar la libertad de expresarse. ¿Es fuerte el movimiento de las mujeres allí hoy?

Después del contexto difícil que he explicado antes, hay obviamente secuelas y, aunque no es del todo así, a veces tenemos la impresión de que hay que volver a empezar de cero. Muchos intelectuales se han ido del país, la cultura está teniendo muchos problemas, la sociedad a veces parece que va hacia atrás y las mujeres también. Por eso en la película, además del baile, es muy importante el colectivo, el valor del colectivo, porque luchando juntos se pueden conseguir más derechos. Las mujeres en Argelia son muy guerreras, muy fuertes y justamente cuanto más les oprime la sociedad patriarcal, más deseo tienen de ir hacia adelante. Yo no vivo ahí, con lo cual no puedo hablar de situaciones concretas, pero sé cuáles son los combates por la igualdad, por esta libertad del cuerpo, por el trabajo. En Argelia, la mujer sigue siendo disminuida frente al hombre y en el país sigue rigiendo el mismo código de la familia que antes.

¿Podría verse esta película como una continuación de Papicha: sueños de libertad, que se cerraba en los 90? ¿Se siente usted, de alguna manera, cronista de la realidad del país?

Sí. Houria, de hecho, es la hermanita pequeña de Papicha. Al final de Papicha el personaje de ella está embarazada, así que bien podríamos pensar que Houria es su hija, por ejemplo, veinte años después. Entonces, Houria crece con las secuelas. En Argelia habíamos dejado de expresar en imágenes toda esta historia de varias épocas, pero ahora hay ganas de contar sus fuerzas, sus miserias... Y aquí vamos a una época más actual de gente que ha heredado mucho de antes, de ese terreno minado, con todos esos problemas y casi con la impresión a veces de volver a empezar de cero. Es un país que tiene que renacer, como el personaje, que se tiene que reconstruir. Sí hay una continuidad, aunque la problemática no es exactamente la misma, porque en Papicha yo quería hablar más de la seguridad y aquí, más sobre el estado de la mujer en general. Aquí la rigidez todavía de la sociedad, la precariedad y todos esos problemas aparecen a través del del baile, por un lado, pero también a través del mutismo, que para ella es una forma de la lucha más clandestina.

La película presenta a un grupo de mujeres heridas por las secuelas de la guerra civil (BTeam Pictures)
La película presenta a un grupo de mujeres heridas por las secuelas de la guerra civil. BTeam Pictures

En aquella película era la moda, ahora es la danza, ¿qué papel tiene que jugar el arte y la cultura en la restauración de Argelia?

El arte, la cultura son primordiales e indispensables. Aquí vemos un cuerpo herido que busca medios de expresión para evadirse de su frustración. Creo que el ser humano es profundamente artista y creativo. No necesariamente tiene que hacer cosas extraordinarias, pero puede pintar, cocinar, hacer carpintería con sus manos… y todo esto es una forma de arte como expresión. El ser humano dibuja desde la Prehistoria, con las pinturas en las grutas. Eso es lo que nos diferencia, por ejemplo, de una piedra. El arte es indispensable para revalorizar al individuo en la sociedad, para denunciar, para expresarse. Y a través de mis películas, lo que intento hacer es también intentar que el espectador cambie, que haya una emoción de tristeza o de divertimiento o que haya un interés más intelectual de buscar lo que hay detrás. Es decir, hay un antes y un después de cualquier arte o cultura y eso puede enriquecer al ser humano. Es lo que intento hacer con mis pelis.

La película, a pesar de todo, es luminosa y es esperanzadora, ¿cree de verdad que Argelia, que vive en un estado de shock postraumático, como las mujeres de esta historia, se va a levantar?

Sí, hay que ser positivo y tener esperanza, si no, como individuos o como sociedad, bajamos los brazos y no se avanza ni se hace nada. Y hay que confiar en esta generación, la juventud. Lo que hace falta ahora es empujar toda esta energía hacia adelante para que estos jóvenes puedan trabajar, ser creativos y como sociedad que pueda florecer. Hay que empujar las puertas y, en esto, creo las mujeres tienen un papel muy importante. Las mujeres pueden ser pilares de una sociedad, como en este caso, de Argelia. Y no es para reducir el papel del hombre, sino porque yo creo que con igualdad es permitirá avanzar de forma más positiva y con más energía.

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