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El libro rompe su cadena

De la autopublicación al ‘streaming’ y la impresión bajo demanda: la digitalización dispara la aparición de modelos alternativos al tradicional

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La cadena tradicional del libro no funciona con el formato digital. Amanda Hockings, la reciente best seller en la red del mercado anglosajón -ha vendido 900.000 ejemplares de sus libros autopublicados- ha demostrado que la línea autor-editor-distribuidor-librero-lector está siendo cuestionada por el libro electrónico. El patinazo de la distribuidora Libranda ha ratificado el cambio de paradigma en el mercado español.

Antes de su lanzamiento en junio de 2010, las grandes editoriales señalaban que su pretensión era seguir contando con las librerías. Pero ahora surgen proyectos digitales que rompen la cadena habitual, eliminan intermediarios y facilitan nuevas formas de venta, como la autopublicación, el streaming y la impresión bajo de demanda. Y todas ellas ya están en España."El nuevo paradigma del libro hace que los intermediarios no desaparezcan, sino que directamente no estén", argumenta Leonor Medel, quien junto a Beatriz Rodríguez acaba de montar La Musa a las 9, una de las primeras editoriales españolas que comercializa libros en versión streaming [lectura online, sin descarga, también llamada "libros en la nube"]. Ellas no sienten haber traicionado a las librerías ni a los distribuidores.

"En papel seguirán estando, pero ya no en el digital. Nosotros no los estamos eliminando", añade Medel. Tanto Rodríguez como Medel proceden del mundo editorial y la gestión cultural. Hace un par de años, con la llegada de la tinta electrónica, se dieron cuenta de que la industria digital pedía un modelo diferente a la del papel. Incluso exigía un paso más que el de la descarga. "Preferimos el streaming porque la mayoría de la gente no cuenta con los dispositivos de lectura y es importante que se vayan familiarizando con este modelo. Además, la descarga es un sistema que se va a quedar obsoleto. El libro en la nube es el futuro", afirma Beatriz Rodríguez.

Las dos editoras también han apostado por precios asequibles para sus ebooks: entre los tres y los ocho euros. Una vez comprado, el usuario puede acceder a él "durante toda la vida" mediante una conexión a internet y una clave. Su escaso catálogo empieza con 15 títulos de autores contemporáneos españoles y latinoamericanos cuyos libros ya no circulaban en el mercado y sus derechos digitales estaban libres. Entre ellos, Caza nocturna, de la poeta Olvido García Valdés y Los años inútiles, de Jorge Eduardo Benavides. Para mayo publicarán Magia, la primera novela de Manuel Vilas que hasta ahora sólo se encontraba en papel.

"En la red, los precios deben ser otros. Porque si pones los libros electrónicos a 18 euros, el consumidor no lo entiende. Nosotros defendemos los derechos de autor, pero también los del consumidor", dice Leonor Medel. Para negociar estos precios, su editorial ofrece un 50% del precio del libro al autor. Un porcentaje que supone casi el doble de lo que negocian hoy las editoriales tradicionales por los derechos digitales. Otro cambio de paradigma. La Musa a las 9 no es el único ejemplo de venta de libros en versión streaming. A ella se suma la librería digital 24symbols.com, cuyos fundadores lanzarán el 31 de marzo 5.000 invitaciones para que los usuarios prueben la página en tabletas tipo iPad y ordenadores.

De momento, como asegura Aitor Grandes, uno de sus responsables, tienen "comprometidos 600 títulos" e irán "incrementando el catálogo mensualmente". Los precios que se manejan a partir de junio van desde los 9,99 euros al mes (versión Premium, es decir, sin publicidad) a los 5,99 euros si se ha conseguido invitación. "Aquellos que no entiendan la economía digital se quedarán fuera", vaticina Javier Celaya, director del observatorio de gestión cultural Dosdoce.com. De hecho, el experto augura que los próximos en entrar con fuerza en el negocio del ebook serán las redes sociales como Facebook o Twitter.

Precisamente, él mismo ha lanzado una petición a Twitter -una red que ya cuenta con 200 millones de cuentas- para que cree un canal informativo sobre libros. En menos de 48 horas recibió 500 apoyos. "Twitter ya ha empezado a añadir publicidad y el siguiente paso será crear una plataforma de comercio electrónico con la que se llevará un porcentaje de las ventas", sostiene Celaya.

La digitalización, además, permite recorrer el camino inverso: de la nube a las manos del lector. A través de la impresión bajo demanda, un método por el que ya se imprimen cientos de miles de ejemplares en España, los libros se producen y se distribuyen de uno en uno, ajustándose con absoluta precisión a la demanda real del mercado.

"El número de novedades es cada vez mayor y el tiempo que tienen para venderse, cada vez menor, con lo que hay una competencia feroz por el espacio en las estanterías", explica Luis Francisco Rodríguez, director ejecutivo de Publidisa, una empresa sevillana que el año pasado imprimió más de 25 millones de libros. El 15% de ellos, esto es, unos 375.000 ejemplares, fueron impresos bajo demanda para algún lector que había pedido su ejemplar en una de sus más de 70 librerías asociadas, entre ellas las de El Corte Inglés y Casa del Libro."Los libreros lo tenemos claro: es un sistema que va a traer nuevos clientes", explica Jesús Otaola, de Librerías Prometeo y Proteo, en Málaga. "Tenemos muchos pedidos de clientes, en concreto el 27%, que no se puede satisfacer porque se trata de libros que ya no están disponibles en las propias editoriales", dice Otaola.El negocio para los sellos, por tanto, también puede resultar atractivo.

McGraw Hill es una de las editoriales que ha empezado a vender sus libros a través de este sistema en España. "Nos permite mantener vivas y disponibles algunas ediciones que, de lo contrario, serían inviables", explica Álvaro García, director de Educación y Desarrollo de Negocio en España. Una cuarta parte de los títulos que Publidisa imprime bajo demanda estaba agotada o descatalogada por sus editoriales.De hecho, los números de Otaola no están muy lejos de lo declarado hace dos años por el gigante norteamericano Amazon: "El 25% de sus ingresos venía de títulos que no servían más de un ejemplar al mes", según recuerda Rodríguez.

Unas cifras que vienen a confirmar la "larga cola" teorizada por el editor de Wired, Chris Anderson, según la cual la digitalización -con el ahorro que supone en almacenamiento y distribución- permite que el negocio no se focalice sólo en los productos de ventas masivas, sino también en los nichos de mercado.

Además de Publidisa, otras empresas como Bubok, que surgió hace cuatro años para que cualquiera pudiera poner a la venta sus obras sin tener que contar con el apoyo de una editorial, están ampliando sus modelos de negocio hacia la impresión bajo demanda. Por ejemplo, ponen a disposición de los lectores incunables y otros libros fuera de consulta digitalizados por la Biblioteca Nacional. Un año después de firmar el acuerdo han impreso unos 500 ejemplares de esos libros hasta ahora intocables, afirma Sergio Mejías, responsable de Bubok.En Estados Unidos, sin embargo, la impresión bajo demanda va varios pasos por delante del sistema español.

El proyecto del mítico editor neoyorkino Jason Epstein de imprimir los libros directamente en el punto de distribución, ya sea una librería o la biblioteca de una universidad, es ya una realidad en el mercado. Desde el pasado 15 de febrero, Xerox comercializa la Espresso BooksMachine, que cuesta unos 100.000 euros y puede imprimir un libro de 250 páginas, por unos 12 euros, en cuatro minutos. Su catálogo incorpora casi cuatro millones de títulos listos para imprimir (gran parte de ellos de dominio público y digitalizados por Google Books). Cuando hace año y medio Epstein presentó el último prototipo de su invento, la Universidad de Alberta imprimía cien libros al día.

"Nosotros imprimimos entre 20 y 25 títulos cada día", explica Maria Minaya, responsable del American Book Center, una de las dos librerías holandesas que dispone del invento. En Europa hay otras dos máquinas en Londres, y unas 40 en todo el mundo (tres en la Biblioteca de Alejandría). Aunque Minaya reconoce que la mayoría de las impresiones son todavía de clientes que quieren autoeditar sus textos, también subraya las posibilidades del invento: "Un cliente me pidió La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, y aunque no lo tenía, pude imprimírselo", cuenta Minaya.