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Cuentos escondidos entre bichos y barbas

Hipólito G. Navarro ha sido premiado por la prensa andaluza por El pez volador

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Sus cuentos brotan casi de la misma forma que las innumerables plantas que suelen aparecer en ellos. Hipólito G. Navarro (Huelva, 1961) nunca piensa en la idea y después se lanza a escribir: 'Acometo los relatos como puedo acometer un crimen', sentencia. Él solamente escribe, una forma quizá poco ortodoxa, pero con la que ha conseguido crear una de las obras más elogiadas por la crítica en los últimos años.

En 2005, Seix Barral ya le publicó el volumen de relatos, Últimos percances y hace sólo unas semanas Páginas de Espuma llevó a las librerías El pez volador, una antología de sus mejores relatos que le ha valido el premio de la prensa cultural andaluza.

El pez volador

Todo esto no ha sido fácil para Hipólito G. Navarro. En su adolescencia, conoció el fantasma del alcoholismo en su familia. Después, tras abandonar la carrera de Biología por cuestiones económicas y comenzar una andadura como corrector, tuvieron que pasar más de 15 años para que su nombre comenzara a tomar consistencia.

Sin embargo, como él admite, 'en todo este tiempo, no me ha agobiado. Además, yo he trabajado mucho en el mundo editorial y he visto lo que le decían a muchos escritorcillos cuando entregaban su manuscrito. Siempre me ha dado mucho apuro la publicación'.

Escondido tras una barba imponente, fue Mario Muchnick quien le rescató del anonimato en 1996 con la publicación de El aburrimiento, Lester. En estos relatos, se encuentra el que da título al libro y que muestra una de las características de su literatura: el jazz. 'Cuando escribo, me encanta escuchar música', explica.

A pesar de su estilo 'descacharrante', como él los adjetiva, sus cuentos destilan cierta tristeza, esa impotencia tan cercana a algunos de sus escritores favoritos como Kafka. 'Es cierto que hay momentos infelices, pero son momentos que yo he tratado con cariño. Me he reído de esa infelicidad. Quizá mis relatos me han servido de terapia', sostiene.

Sus cuentos no son sencillos. Hipólito G. Navarro juega mucho con las palabras, con las interrogaciones. Parte de lo cotidiano para darle siempre una vuelta.

Sólo una vez, con la novela Las medusas de Niza, le puso los cuernos al género del relato. 'La novela es la necesidad que tenemos los cuentistas para pagar nuestras deudas, pero yo prefiero el relato. Es que no soporto que una historia me dure más de tres días', argumenta.