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El mundo y yo

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Por qué Tomas Tranströmer es uno de los poetas más influyentes del siglo XX y XXI?, se preguntan quienes hoy intentan pronunciar el apellido del reciente Nobel. Intentemos explicarlo: no es sólo que su poesía haya inventado una nueva manera de hacer imágenes vanguardistas que el lector capta al instante ('El periódico, gran mariposa sucia'; 'Una orquesta hindú de ollas de cobre'; 'A través del verano en cinemascope'). Ni que su independencia moral (crítica e imaginativa) haya sido el ejemplo de otros poetas, como Joseph Brodsky o Seamus Heaney, que ya tuvieron su Nobel hace años.

Tranströmer inventa, sobre todo, una voz muy cercana al individuo que no quiere hacerse notar del todo en los poemas para que el lector pueda apropiárselos, convertirlos en el 'residuo de sus propias experiencias'. Criticado por no adscribirse a ningún grupo, ni político ni artístico, Tranströmer practica algo mucho más revolucionario: habla de las cosas que están pasando ahora, de 'la retórica imposible del aquí'.

Tiene pasión por el instante y por una vida que merece vivirse

Nacido en 1931 en el seno de una familia liberal que se separó cuando Tomas era un niño, su juventud en un barrio obrero lo decantó para siempre a la cualidad más notable en su poesía: su contacto con el mundo.

En su primer libro, 17 poemas (1957), deslumbró por su versión nórdica del surrealismo, cuando el poeta apenas contaba 24 años. Y su trayectoria evolucionó hasta la decantación más directa y casi oriental de sus grandes libros: El cielo a medio hacer (1962), Visión nocturna (1970), el largo poema Bálticos (1974) o Para vivos y muertos (1989). Es imposible pensar en su poesía sin separarla de algo fundamental de su propia vida: hasta su enfermedad en 1990, Tranströmer trabajó como psicólogo en centros penitenciarios y hospitales, reinsertando a los adolescentes marginados y a las víctimas de traumatismos severos en una realidad áspera.

Esa pasión por el instante y por una vida que merece vivirse (siempre sin edulcorar, pero emocionante) hacen de sus poemas cuestiones vitales para cualquier lector, aunque no haya abierto un libro de versos en su vida. Tiene la cualidad de los clásicos: dar nuevas palabras imborrables a lo que percibimos. Consigue que el mundo seduzca. Como dice en un verso: 'El mundo y yo dimos un salto el uno hacia el otro'. En 1990, Tranströmer sufrió una hemiplejía que lo ha dejado sin voz, pero no sin una escritura que en nuestro país, gracias al empeño de la editorial Nórdica es bien conocida y ha sido muy influyente para la poesía española más joven. Pero volvamos a su secreto. Él mismo lo explica, como le gusta hacer, quitándose mérito: 'Es algo tan ingenuo, que se interpretó como sofisticado'.