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Big Bang de conciertos

La música en directo vive un momento de esplendor en España. Las estrellas del rock y los festivales funcionan, pero las salas que programan grupos nuevos siguen a medio gas.

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Hace 2.000 años, una ardilla de Cádiz podía saltar de árbol en árbol y plantarse en La Jonquera, se dice. A día de hoy, visto el grado de desertización de la piel de toro, el animalillo podría emprender una aventura similar, pero de concierto en concierto. “Hay más conciertos”, reconocen en el sector. Y los hay: el periodista musical y blogger David Saavedra hablaba de “sobredosis”, al contabilizar más de 35 conciertos de interés notable en Madrid durante el mes de noviembre, muchos de ellos coincidentes el mismo día.

También hay más público. Lo corroboran los datos: la recaudación por derechos de autor en los conciertos aumentó un 22% entre 2005 y 2006, de 17,6 a 21,5 millones de euros, según datos de SGAE. Se nota a simple vista: no es sólo que Bruce Springsteen venda dos Camp Nou en un par de días, hecho insólito en España, sino que bandas como Arctic Monkeys, Interpol, Queens of the Stone Age o The Cure han agotado el papel con semanas o meses de antelación. Vamos, que si uno se despista, se queda fuera.

La pregunta es sencilla: ¿Por qué? Neo Sala, presidente de Doctor Music, una de las promotoras más importantes de España, ofrece su interpretación: “Ahora, la gente dispone de más dinero para ir a un concierto. Antes, cuando un artista sacaba un CD y hacía una gira, parte del público solo disponía de dinero para una de las dos cosas. Ahora puede obtener las canciones del artista gratis –o muy baratas– y gastarse el dinero en el concierto”.

No es el único que piensa que Internet ha actuado como detonante. Keina García, responsable de Ártica, agencia de artistas como La Habitación Roja o Sr. Chinarro, piensa que “webs como Myspace, YouTube y otras en las que hay música en streaming ayudan a la difusión de los grupos”. También, habría que añadir, la multitud de páginas y blogs especializados que pueblan la Red.

Volviendo a nuestra ardilla: en su trayecto de concierto en concierto, de club a estadio y de pabellón de deportes a recinto de festivales, es posible que no siempre se encontrara en abundante compañía. “Tampoco es jauja”, constata Carlos Mariño, mánager de Dover, Los Planetas o Kiko Veneno. “Hay quien vende y quien no. Hay muchas salas vacías. Incluso los grandes pinchan: los Stones ya no llenan”.

Conciertos para 50
Joaquín Martínez es responsable de La Fábrica de Chocolate –agencia de Deluxe, Josele Santiago y The Gift, entre otros– y tiene una sala en Vigo, donde se programan unos cuatro conciertos a la semana: “Ahí está el problema. Cuando miramos las cifras de SGAE vemos que el volumen ha aumentado, pero a nivel general no hay tanto público en los conciertos. En Vigo, hay conciertos importantes a los que van 50”. Martínez se queja de que los costes para organizar conciertos han aumentado mucho: “Empezando por los alquileres de las salas. Antes, era impensable que un músico tuviera que pagar por tocar. Hay bandas no pueden salir de gira con garantías”.

Nuestra ardilla viviría experiencias contradictorias que probablemente escaparían a su limitada comprensión: en las grandes ciudades –Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao…–, habría llenos absolutos; pero en las pequeñas capitales, los claros en el foro serían perfectamente visibles. “Hay ciudades donde no se puede ni ir”, lamenta Martínez, “Andalucía es muy complicada para el rock y el indie, mientras que Galicia no tira en flamenco”.

Madrid-Barcelona
Las diferencias van más allá y afectan a las dos plazas fuertes del país. Según Alberto Guijarro, director de la sala Apolo de Barcelona y del festival Primavera Sound, “un grupo en Barcelona vende tres veces menos que en Madrid, sobre todo en bandas pequeñas y medianas. Lo que es llamativo, porque antiguamente era al revés”. Apolo programa 500 conciertos al año en sus dos espacios. Los problemas, de nuevo, llegan cuando los grupos son nuevos. “La sala pequeña, para 400 personas, es raro verla con más de 200; mientras que la sala grande, con aforo para 1.100, ronda el 70% de asistencia”, detalla Guijarro.

La ardilla está desconcertada en su periplo musical por España. En Barcelona, cerca ya de su destino, va a un concierto y se encuentra con que allí nadie habla catalán. Pero español, tampoco. “Muchos conciertos, sobre todos los de determinados grupos extranjeros, los llenan los guiris. Hace poco, un grupo bastante desconocido como The National casi llena. Más del 60% de la gente era de fuera”, relata el director de Apolo.

Los festivales, con buena parte de responsabilidad en el auge de la música en directo, experimentan este mismo fenómeno. Benicàssim hace tiempo que dejó de ser foco de reunión del indie español, mientras que el Sónar o el mismo Primavera Sound reciben a más y más foráneos con el paso de los años. “El 35% de los asistentes al último Primavera Sound viajaron desde el extranjero. Si a eso le sumas los que viven en Barcelona, el porcentaje puede aproximarse al 50%. Si no fuera por la gente de fuera…”, deja caer Guijarro.

Ya en La Jonquera, con 3.000 habitantes seguramente ajenos al loco boom de los conciertos, nuestra ardilla hace balance y ¿quién sabe? Quizás empieza a contar los días para el Viña Rock.


Hay más festivales. Eso detecto. En cuanto a los conciertos normales, en Andalucía sigue habiendo un nivel bajo. Con los primeros gobiernos socialistas hubo una explosión, pero desde entonces ha decaído mucho.

2.- ¿Y a qué se debe ese aumento de festivales?
Hay más público. Pero gran parte de ese público va a ligar, a emborracharse, es un asunto juvenil. Si el sonido es una mierda les importa un carajo. No van a escuchar música, van a pasárselo bien.

3.- ¿Cree que las descargas gratuitas por Internet son la causa del aumento de público en los conciertos?
No veo que la relación sea tan directa. Internet facilita el acceso a la música, está haciendo lo que las compañías de discos se han negado a hacer en los últimos 30 años. Son las propias compañías las que han hundido la música, y sus aliadas las radios comerciales.

4.- ¿Por qué?
Han conseguido devaluar la música, su valor intrínseco. Internet, por el contrario, ha hecho un favor. Por ejemplo, a mí me escribe gente desde países donde mi disco no ha salido editado.

5.- ¿Asiste más público a sus conciertos?
En mi caso se mantiene. Si sube es porque el disco tenía buenas expectativas y se corrió la voz.