Publicado: 01.12.2016 16:12 |Actualizado: 01.12.2016 20:26

“No faltan voces, lo que ha sobrado es autoritarismo”

Juan Carlos Mestre, Premio Nacional de Poesía, asegura en La Tuerka que “la ruptura que supuso el golpe de Estado del franquismo en este país no se ha restaurado. Y prueba de ello es que Federico García Lorca, más allá de escritor, sigue siendo un detenido desparecido”.

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Juan Carlos Monedero, con los participantes en el programa de 'En Clave Tuerka' sobre literatura y compromiso: Juan Carlos Mestre, Antonio Lucas, Cristina Fallarás, y Alberto García Teresa.

Juan Carlos Monedero, con los participantes en el programa de 'En Clave Tuerka' sobre literatura y compromiso: Juan Carlos Mestre, Antonio Lucas, Cristina Fallarás, y Alberto García Teresa.

MADRID.- Juan Carlos Mestre, poeta, grabador y Premio Nacional de Poesía, quien, junto con Antonio Gamoneda, es hoy la voz más relevante de la poesía actual en nuestro país, ha compartido mesa de En Clave Tuerka con Cristina Fallarás, escritora y periodista, Antonio Lucas, periodista de El Mundo y poeta, y Alberto García Teresa, también poeta y crítico literario.

Así, Mestre, autor de La casa roja ha asegurado “que las voces que se fueron al exilio, siguen en el exilio. Y que de América Latina han llegado voces fundacionales, amputadas en nuestro país por el fascismo. No faltan voces, lo que ha sobrado es autoritarismo. No falta imaginación, lo que sobra es la fantasía del consumo y del comercio, y de darnos cuenta que este proyecto (el de la España democrática) no es la utopía esperada”. “Hay que recuperar las voces perdidas”, afirmaba “y darnos cuenta que la literatura hoy está más viva al otro lado del Atlántico que a este”. [AQUÍ, EL PROGRAMA COMPLETO]




Mientras ha hecho también una auténtica disertación sobre el arte de escribir y su vínculo, ineludible, asegura, con el compromiso social y político “Cualquier ejercicio que se pretenda literario, desde Juan Ramón Jiménez hasta Celeya, contiene un compromiso, y ese es el compromiso primeramente estético. El del hombre que cree que la palabra también se puede poner en llamar y cambiar conciencias. No conozco ningún texto literario que no suponga un grado de tensión entre ética y estética”, sentencia, reiterando además que “escribir hoy no es otra cosa que un acto de legítima defensa frente a la soberbia obstinación del poder para mentir”.

Por su parte Cristina Fallarás ha reivindicado a las voces femeninas dentro de la literatura, asegurando, que la industria editorial, dentro de su lógica comercial “es básicamente machista. Casi ningún premio se otorga a mujeres. Eso no quita que haya muchos premiados que me gustan, y que celebro tremendamente. Pero considero que si la literatura es realmente un acto, íntimo, radical y subversivo no deberíamos tener en cuenta los premios”.

Al mismo tiempo, Fallarás cree que “la literatura es un acto radical de intimidad. Un acto profundo de creación y en ese sentido no puede no tener compromiso. De ninguna manera es posible eludir eso si haces literatura. Si ese acto es íntimo y verdadero transforma. Y en la medida que transforma, es político”.

Otra cosa, afirma, es que “las malas personas también pueden narrar, por supuesto. La literatura es un espejo. Nos vemos en ella. Y por tanto no existe sólo una literatura de los buenos sentimientos”.

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Un momento del programa de 'En Clave Tuerka' sobre literatura y compromiso

Una idea que también comparte Antonio Lucas, periodista de El Mundo y poeta. “El buen sentimiento aplicado directamente a la literatura es de vuelo muy corto. Hay una pequeña avería en aquel hombre que escribe y que pone sobre el folio y sobre la mesa sus desamparos. El buen sentimiento, aplicado sólo como buen sentimiento a la literatura genera heidis. Cualquier buen texto contiene una pequeña insumisión sobre ese patrón oro de las palabras”.

“Mientras hay muchos autores que no tuvieron un compromiso digno de admiración, pero que sí han sido revulsivos, como por ejemplo Luis Rosales. Lo leo y veo la calidad extraordinaria que hay en su obra”.

Lucas nos recuerda, además que “el trauma de regímenes inducidos en América Latina, que arrasaron con la identidad de pueblos enteros, provocaron una convulsión extraordinaria en la literatura de ese continente” y cree que “el viaje de vuelta que ha hecho la literatura latinoamericana a España es espectacular”.

Alberto García Teresa sostiene que “América Latina, en el fondo va un siglo por delante de lo que se ha estado haciendo en España en castellano. Cosas que se están haciendo hoy en día llevan 40 o 50 años ya exploradas en América Latina en novela, poesía, o incluso teatro”.

Y reitera que hay determinados géneros que pueden, en un momento dado, servir más al compromiso político que otros. Pero que todos, antes o después, han contribuido a él. Apuntando también cierta paradoja y es que “en ese momento en que un género tiene mayor extensión y aceptación los autores y las autores tienen menos espacios para moverse. Y esto genera ciertas contradicciones”.