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Nueva York destapa la aventura holandesa de Miró

Una muestra explora la influencia de dos maestros del siglo XVII en su obra

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El Metropolitan de Nueva York explora desde hoy la gran admiración de Joan Miró por los maestros holandeses. La exposición es una oportunidad única para ver cómo Miró (1893-1983) reinterpretó con su propio lenguaje dos óleos de Jan Steen y Hendrick Sorgh en sus lienzos Interiores holandeses.

En un mismo espacio, el museo ha opuesto las obras El músico del laúd, de Sorgh, y Niños enseñando un gato a bailar (La clase de baile), de Steen, con las tres interpretaciones de Miró. El reencuentro entre el origen y la creación del pintor catalán muestra el diálogo entre los dos artistas pese a la distancia de los siglos.

'Miró pintó sus interiores en orden explica el comisario de la muestra, Gary Tinterow lo que más le gustaba a Miró de Steen eran esos interiores algo desordenados, un tanto pícaros que él luego transformó en simbolismo erótico'.

El pintor catalán fue un admirador de la pintura figurativa holandesa por la manera en la que recoge los pequeños detalles, como la luz en la piel de las uvas o las hojas de un árbol, en telas de pequeño formato.

'Me seducía la habilidad de los pintores holandeses de pintar puntos apenas visibles y de concentrar la atención del cuadro en pequeños destellos en medio de la oscuridad', escribió en su momento el pintor.

Una admiración que quedó patente cuando en mayo de 1928 viajó hasta Holanda con la idea de observar de cerca la obra de Jan Steen, del que ya había visitado una retrospectiva dos años antes.

Durante el viaje, Miró compró las postales en color de los dos óleos (incluidas en la muestra) que más le marcaron, el de Sorgh y el de Steen, con una preferencia muy particular por este último. Unos meses más tarde, versionó en su taller en Montroig, con su propio lenguaje, los dos cuadros, que recogen estampas de corte costumbrista de la vida diaria en espacios interiores.