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Series de TV ‘Oficina de infiltrados’, una serie de espías sobre cómo dejar de serlo

Esta ficción francesa, que esta noche estrena Movistar Series Xtra, plantea la dificultad de un agente infiltrado durante años para romper con ese ‘yo’ prefabricado cuando vuelve a la vida real.

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Una imagen de la serie francesa 'Oficina de infiltrados'

Que sea francesa o que su fecha de estreno allí fuese la lejana primavera de 2015 harán, probablemente, que Oficina de infiltrados (Les bureau des légendes), pase desapercibida para muchos. Sin embargo, la que esta noche estrena Movistar Series Xtra es una de las series galas más aclamadas de los últimos años con un primer episodio muy bien escrito, dirigido e interpretado. El reparto, casi desconocido en España, lo encabeza un enigmático Mattieu Kassovitz (Amelie) en el papel de un agente que regresa tras varios años infiltrado en Oriente Medio.

Las tramas que dibuja Oficina de infiltrados en su presentación son ricas, complicadas e interrelacionadas entre sí. Kassovitz es Malotru, un agente infiltrado durante más de un lustro en Siria y Jordania que regresa a París casi sin previo aviso de sus superiores y que deja atrás una relación con una mujer casada que le persigue hasta su vida real. Si es que la de la capital francesa es su vida real.

Después de tantos años infiltrado bajo una identidad falsa, nadie, ni él mismo, sabe si es más Guillaume Malotru Debailly o Paul Lefevre, su identidad prefabricada. A todos les parece que oculta algo, incluso a quien se zambulle en su historia a través de la pantalla. Ahí reside el juego de esta serie, en ese baile de identidades secretas y reales que conviven en una misma persona. El cómo se ve uno mismo y cómo le ven los demás, el quién se es en realidad, dónde acaba vida de verdad y comienza la infiltrada y casi lo más complicado, volver a ser uno mismo.

Ese es el punto de partida de Oficina de infiltrados, que, junto al hilo conductor principal que la guía plantea ramificaciones temáticas como las rivalidades y envidias dentro de la propia oficina, la formación de nuevos infiltrados o la estrategia no solo para plantear misiones, sino para resolver las que se complican. Un agente ha desaparecido y nadie sabe qué ha podido ocurrir con él. Una enrevesada tela de araña propia del género de espías.

Desde la Dirección General de Seguridad Exterior francesa (DGSE) se gestan toda esa red de agentes infiltrados en una serie que apuesta por el thriller y el drama, donde el misterio, las apariencias y los juegos a dos bandas son su punto fuerte. A medio camino entre Homeland y El infiltrado, cuenta con tres temporadas de diez episodios de 50 minutos de duración cada uno. En Francia está por estrenar aún la última y en España llega ahora la primera de la mano de Movistar Series Xtra, que emitirá un episodio doble cada lunes a partir de las 22:35 (desde hoy está disponible en VOD completa).

La propuesta de esta serie y lo que la hace tan interesante es la oferta que hace al espectador de infiltrarse como si fuese un agente externo en la cocina de las misiones. Conocer cómo se urden, qué hay en juego. En Francia se la ha aplaudido por su realismo, envuelto en un ambiente tenso, grisáceo y de desconfianza generalizada con una fotografía igual de gris y una música acorde. Porque un infiltrado debe saber jugar con todo esto. Interpretar un papel y estar siempre alerta para no ser descubierto. “Su misión es acercase a la gente sin hacerse notar”, le dice en un momento del piloto Malotru a la nueva agente a la que debe formar.

Ya se vio en la reciente y aclamada El infiltrado, pero aquí se va un poco más allá. Eric Rochant se adentra en el núcleo de operaciones donde se prepara a los infiltrados y da suma importancia al después. A ese complicado momento en el que el agente regresa a su vida real después de años viviendo como otra persona y debe romper con un ‘yo’ falso para volver a ser la persona de antes. No es sencillo de hacer. Porque por mucho que los manuales remarquen que no hay que establecer relaciones con fuertes raíces o que hay que pasar desapercibido, teoría y práctica no siempre van de la mano. Al menos no para ese falso escritor y académico incapaz de romper con los lazos que le atan a Siria. El romance, que también hay de eso en Oficina de infiltrados, suele comprometer tapaderas.

Rochant, creador de la serie y ganador de dos premios Cesar, se aferra en todo momento a la actualidad como marco para su historia. Oficina de infiltrados es una serie de personajes, es ficción, pero se rodea de un proceso de investigación y documentación para parecer lo más realista posible y no deja de lado la actualidad política y social. La clave de su éxito reside ahí y en la elección como protagonista de un Kassovitz muy alejado del papel en Amelie que le dio a conocer en España que construye un personaje tan enigmático como empático.