Público
Público

Okinawa, el otro desembarco

Los combates en la isla japonesa no impidieron las bombas atómicas

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

El desembarco de Normandía, el 6 de junio de 1944, marcó el fin de la fortaleza europea deHitler. El régimen nazi tambaleaba y los cuarteles generales de Estados Unidos y Reino Unido ya lo veían derrumbarse. Sin embargo, no había que olvidar el otro frente bélico a más de 5.000 kilómetros de Berlín: el imperio japonés, gran aliado del III Reich, tenía bajo su control militar desde China hasta Filipinas e Indonesia. El camino hacia Tokio era fundamental para poner fin a la II Guerra Mundial. Y la mejor vía era Okinawa, la primera isla del archipiélago nipón y a unos 400 kilómetros de la capital imperial. Era la última batalla.

El desembarco de Okinawa fue la mayor operación anfibia de toda la guerra: 1.200 navíos con 170.000 marines estadounidenses que asaltaron esta pequeña isla de 1.200 kilómetros cuadrados. Había más de 300 buques aliados, y sólo 280 en Normandía. Los combates se desarrollaron por mar, tierra y aire; el ejército japonés tenía preparados lanchas y aviones suicidas con kamikazes. Los soldados nipones debían morir en nombre del emperador.

De los 700 aviones del ejército nipón, 355 eran pilotados por kamikazes' que morían por el imperio

Tras días de bombardeos, los estadounidenses desembarcaron el 1 de abril de 1945 a las 6.30 de la mañana. No encontraron nada: un paisaje destruido por las bombas, campesinos perdidos o muertos en sus tierras. No se disparó ni una bala contra el enemigo. Porque el general Mitsuru Ushijima sabía que no podía frenar en la playa la fuerza de EEUU y optó por 'hacerse el dormido'. Los 70.000 efectivos del 32 regimiento del ejército japonés llevaban semanas en la isla, cavando trincheras y edificando búnkeres con las manos; más de 20.000 lugareños se alistaron, muchas veces por la fuerza.

Los bombardeos estadounidenses tenían como objetivo desorientar a los japoneses sobre el lugar exacto del desembarco. Washington contaba, además, con la ayuda de Ditlev D. Thaamum, un coleccionista de conchas, que había recorrido en varias ocasiones toda la zona y tenía fotografías y mapas. Mientras los marines avanzaban hacia el norte y el sur de la isla con facilidad, los japoneses los estaban esperando en dos fortificaciones, en Motobu y Naha. La defensa de la línea Shuri, al sur, se convirtió en una de las más sangrientas batallas de la II Guerra Mundial.

Nada pudieron hacer los japoneses frente a la superioridad material de EEUU: buscaban el cuerpo a cuerpo con sus ballonetas, mientras que los marines fusilaban todo lo que veían. Por cada estadounidense muerto, fallecían diez japoneses, machacados por la artillería.

Tras más de dos meses de combates en la isla, al menos 100.000 civiles perdieron la vida

El cuartel militar nipón confiaba en su arma secreta: los 'vientos de temeridad', es decir, los kamikazes. De los 700 aviones, 355 recibieron la orden de estrellarse contra los barcos estadounidenses. Desde la playa, soldados llenaban de explosivos lanchas de madera, hasta que los generales mandaron destruirlas. Y en el silencio de la noche, los soldados atacaban los campos de EEUU, granadas en manos.

Tras más de dos meses de combates, el 22 de junio, los marines controlaban toda la isla. El general Ushijima se suicidó el mismo día. La casi totalidad de los soldados japoneses perdieron la vida, sin olvidar la muerte de unos 100.000 civiles, mientras que 16.000 estadounidenses fallecieron. El control de Okinawa fue decisivo en la caída del imperio japonés, que firmó el acta de rendición el 2 de septiembre de 1945. Tres semanas antes, dos bombas atómicas habían arrasado Hiroshima y Nagasaki.