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"Esta película ha sido como diez años de psicoanálisis"

El director italiano Paolo Virzì, director de películas como 'Napoleón y Yo' o 'Caterina va a Roma', estrena el viernes 'La prima cosa bella'. El filme, que representó a Italia en los Oscar, ganó

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¿Cómo ve el panorama actual del cine italiano?

Estamos viviendo en momento de crisis política, social, económica e incluso moral en Italia; y sin embargo, el cine está muy vivo. La cuota del cine italiano es de un 45 %, por encima incluso del cine francés en Francia. Pero se echa de menos ver más cine europeo. Se necesitan más distribuidoras que nos hagan llegar películas de otros sitios. Creo firmemente en el rasgo común europeo, cada país tiene que poder narrar su propia identidad; necesitamos contar historias reales que reflejen nuestros tiempo, nuestro recorrido humano.

Se ven muchas reminiscencias del cine italiano clásico...

Hay que rendir homenaje a esa mezcla de comedia y tragedia tan característica de ese cine. Me encanta tener una mirada seria sobre la sociedad y a la vez desdramatizar la situación. Los cineastas de ahora somos como enanos subidos a los hombros de gigantes.

Su anterior película era más política, no tan familiar o light como esta. ¿Qué le ha hecho cambiar de registro?

Toda la vida por delante (no estrenada en España) fue un autentico éxito. Es un grito de los jóvenes precarios; quería hacer una película íntima, no un panfleto político.

De algún modo vaticinó un movimiento como el 15-M...

El 15-M me interesa muchísimo. Me toca muy de cerca. La película tiene muchos puntos de conexión con ese movimiento. Es el tema de nuestro tiempo, la renovación generacional, el futuro, la generación que se lanza ahora al trabajo. Y que nunca conocerá ni los derechos ni la protección social de la generación anterior. En Italia se está pagando un precio muy caro por una dramática inmovilidad social y generacional. Nuestra sociedad está muy envejecida. Pero me alegra observar cómo están cambiando los tiempos.

‘La prima cosa bella' muestra la niñez y la adolescencia de un modo bastante doloroso.

En efecto no tengo sentimiento de nostalgia, porque no echo de menos esos tiempos. Es una época tenebrosa, de dolor, de conflicto y de dramas familiares.

¿No cree que los personajes son demasiado inmaduros?

Bruno es una persona totalmente inmadura, sin ganas de vivir, que rechaza cualquier tipo de sentimiento; es como un cachorro herido. Por eso es tan importante la vuelta a casa del personaje; le obliga a convertirse en otra cosa. Se convierte en el padre de su madre, adopta la figura paterna responsable. Le hace volverse adulto.

¿Ha querido criticar a la generación, algo 'alocada', de finales de los 60?

No es una crítica. Es cierto que esa generación, la de Mayo del 68, tenía algo de irresponsabilidad y locura. Pero el pasado no se puede arreglar. Sentimos hacia esa generación de padres perdidos una mezcla de pena, compasión y patetismo. Parece que son todos culpables y a la vez inocentes.

¿Ha sido una terapia para usted?

Desde luego que ha sido muy terapéutica. Como diez años de psicoanálisis. Esta película me ha cambiado mucho. Antes era mucho más sarcástico y amargo; y ahora soy mucho más accesible y alegre.