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Phoebe Gloeckner, una niña en la era hippy

La autora norteamericana refleja en sus viñetas el desenfreno de los setenta

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Como dijo Juan Marsé, 'una cosa es el cómic y otra el mundo del cómic'. Palabras que Phoebe Gloeckner, autora de Vida de una niña (La Cúpula), jamás estaría dispuesta a aceptar. Silenciosa y radiante, esta artista nacida en Filadelfia posee una intensa mirada azul que 'parece que está a punto de estallar', asegura en el prólogo Robert Crumb, amigo y mentor de esta autora que ha hecho de la autobiografía un extraordinario y osado ejercicio de estilo.

'Soy objetivista. Nada de lo que hago puede decirse que sea pornográfico', aclara a Público durante su visita por la pasada Semana Negra de Gijón. 'Y no, no, no, no hago cómic underground', replicó tajante a un conocido aficionado cuando quiso insinuarlo.

Vida de una niña revienta el pacto autobiográfico que habitualmente se establece entre el autor y el lector, ya que pronto se asume que la autora y Minnie son un mismo ente narrativo. 'A veces me siento como si tuviera dieciséis años', reconoce cuando habla de Diario de una adolescente (La Cúpula), obra que rebasa los márgenes de la viñeta y en la que muestra sus escabrosos diarios de la época.

Explícita sin caer en un egocéntrico exhibicionismo, Phoebe Gloeckner tuvo problemas en el año 2000 cuando las autoridades británicas quisieron confiscar los ejemplares de Vida de una niña bajo la acusación de pornografía. 'Lo que hago no es obsceno', afirma sin defenderse. El caso fue, finalmente, sobreseído, aunque tuvo problemas similares en Francia.
Gloeckner reconoce que no empezó a dibujar como terapia. 'Todos los niños lo hacen'. De hecho, se reconoce en los tebeos de setenta y cinco centavos que leían las niñas a mediados de los setenta. Una época que Gloeckner vivió en San Francisco con su sometida madre y el vesánico novio que abusó de ella. Afortunadamente, 'encontré una familia', confiesa, cuando habla de los personajes que pueblan sus historias: putas, travestis, yonquis y 'todas las almas perdidas de la calle Polk'.

Paradójicamente, Gloeckner parece asumir lo vivido con alegre estoicismo, sin fatalismo, como si lo peor de su vida ya hubiera pasado.

Aunque autoras como Julie Doucet (Diario de Nueva York) y Fabrice Neaud se aproximan también a la autobiografía en sus aspectos más cotidianos, Gloeckner abarca años de confesión desgarrada, desde que es apenas una niña hasta su adolescencia y juventud.

'Puedes escuchar todo, pero no puedes recordarlo todo', apostilla, para explicar que la memoria 'es selectiva' y 'todo el arte es autobiográfico'. En cualquier caso, no tiene reparos en afirmar que su obra 'es completamente ficcional', pudorosa reticencia que no desmiente del todo su fama de provocadora.

Titulada en ilustración médica, compleja disciplina que domina -como demuestra en las últimas páginas de Vida de una niña-, Gloeckner hace de su vida un apasionante y emotivo universal. Sí, hay drogas y sexo, 'pero la memoria cambia. Vas construyendo tu propia mitología'.

La suya, compuesta por las divinidades más salvajes de los años setenta, no renuncia a la rebeldía, pero encuentra sus momentos más interesantes cuando apela directamente a la verdad, profunda e inquietante, de una niña, Minnie, que 'sabe que no puede estar segura de nada'.

‘Vida de una niña’

Publicada por primera vez en 1998, fue traducida al castellano en 2005 por La Cúpula. Narra la infancia de Minnie, una niña cuya madre es alcohólica y el padre pederasta. El sexo y las drogas marcan, además, una primera juventud, que no puede evitar el desencanto generado por el abuso del consumo. Desde su aparición, esta historia tuvo problemas para su publicación en Inglaterra y Francia al ser tachado de ‘obsceno’ y con escenas demasiado ‘explícitas’.

‘Diario de una adolescente’

Apareció en el mercado editorial en 2002, pero no llegó a España hasta 2007 de la mano, de nuevo, de la editorial La Cúpula. En esta novela gráfica estructurada a modo de calendario, Minnie tiene 15 años, se acuesta con el novio de su madre y, sin embargo, le da vergüenza hablar con los chicos de su clase.   Su sexualidad está llena de dudas y camina hacia al mundo adulto sin frenos, sin pausas y sin ninguna guía.