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La pirueta imposible de Natalie Portman

La actriz presenta 'Black Swan' junto a Darren Aronofsky, la dura historia de una bailarina que aspira a reina del ballet

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A estas alturas de la jugada todos sabemos ya de sobra que la fama cuesta. Y que a esta clase de baile hemos venido a sufrir. Lo que pasa es que hemos visto ya tantos programas de telerrealidad de academias de baile, canto y lloro, tantos profesores con turbio acento francés y modales vociferantes y tantos alumnos histéricos a los que parece faltarles un hervor, que se nos había olvidado. Era oír la palabra academia y darte ganas de invadir Polonia.

Hasta que llegaron Darren Aronofsky y Natalie Portman al rescate con Black Swan (Cisne negro), que abrió la competición en Venecia. Y volvimos a darnos cuenta de que la fama cuesta, que para ser la reina del ballet hay que sudar tinta china y que competencia y horror pueden llegar a ser la misma cosa.

Aronofsky: 'El mundo del ballet y el de la lucha libre están relacionados'

El cineasta estadounidense, ganador del León de Oro hace dos años con El luchador, cuenta en esta ocasión la historia de una joven bailarina que aspira a ser la elegida de su compañía para encabezar el reparto de El lago de los cisnes, del compositor ruso Pyotr Ilyich Tchaikovsky. 'El mundo del ballet y el de la lucha libre están muy relacionados. Se trata de actores que trabajan sus cuerpos de un modo obsesivo, aunque cada historia tiene, desde luego, su propio estilo', afirmó el cineasta.

Portman, que estudió ballet seis horas al día durante medio año antes de rodar, contó que es posible que su 'herencia rusa' le ayudara 'a preparar un personaje dramático tan disciplinado y obsesivo'. Y resumió así los problemas a los que se enfrenta su rol, obligado a representar sobre las tablas del teatro (y de la vida) dos caras antagónicas de su personalidad: 'El cisne blanco representa a la bailarina que actúa para dar a los demás lo que esperan de ella. Mientras que el negro sólo piensa en satisfacerse a sí misma. Es una exploración del ego artístico. Ese narcisismo que crea atracción y rechazo por uno mismo'.

Portman: 'La película es una exploración del ego artístico'

Del egocentrismo, saltamos a la competición por hacerse con el puesto y de ahí al conflicto, la neurosis y el terror puro y duro. Con Barbara Hersey como madre castradora, Winona Ryder como bailarina en decadencia y Vincent Cassel como magnético director de la compañía de danza, Aronofsky forma las piezas de un puzzle opresivo y angustioso en el que sólo hay una meta: la absoluta perfección del espectáculo. La película muta al final en una especie de agobiante thriller polanskiano con problemas de verosimilitud, a pesar de que el coreógrafo de la cinta, Benjamin Millepied, aseguró que 'todo lo que se ve en la película sucede de verdad en el mundo del ballet'. ¿Se le va un poco de las manos? Sí. ¿Importa? No mucho. La clase de ballet anterior había sido tan apabullante que se puede perdonar. Grande Aronofsky. Estratosférica Portman.