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Primer día: vivir ahorrando

Diario personal del director Manuel Martín Cuenca en el 35º Festival de Toronto.

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Siete de la mañana, suena el despertador. Me caigo de la cama. Apenas he dormido 4 horas y no he hecho la maleta. Siempre me pasa igual. Ducha rápida. Uff!! Me despierto. Saco las maletas y empiezo a meter cosas: ropa interior, camisas, pantalones, una chaqueta... La ropa es lo fácil. Lo malo es equivocarse con lo demás: que si el pasaporte, que si el dinero, el billete, la agenda... Sería un milagro que no me olvidara algo, pero me propongo que esta vez no me voy equivocar. Café rápido y una tostada de aceite y tomate. Fundamental.

'Adiós, adiós, Mucha suerte!', se despiden de mí. La voy a necesitar, seguro!! Voy cargado con dos maletas, la mayoría del peso son los dosieres, los carteles y las copias en vídeo de la película.... Todo eso podríamos haberlo enviado por mensajero, pero aquí llega la primera clave del cine independiente: ahorrar en todo. Si podemos cargar como mulos para qué gastar doscientos euros en un mensajero. He quedado a las nueve en Callao con la jefa de prensa y la directora de producción, que me acompañan al festival y que también van cargadas con su respectiva ración de peso. Alejandro, el guionista de la película, nos recoge y nos lleva al aeropuerto. Otra clave: ¿Para qué gastar en el taxi si el guionista puede llevarnos? Vivir ahorrando. Cuando llego a Callao me flagelo. Me he olvidado unas tarjetas, así que llamo a mi novia y me hace el favor de traérmelas corriendo. Los amigos y la familia siempre ayudando, otra clave más de la 'independencia'. Cuando, por fin lo cargamos todo en el coche nos damos cuenta que, entre los tres, llevamos más de diez bultos.

Odio los aviones. Sólo me puedo montar en ellos si tomo pastillas, así que me trago la primera antes subir al vuelo. Empiezo a quedarme dormido en la cola de facturación. Si se retrasa el avión me voy a desmayar. Por suerte, despegamos sin muchas incidencias. Me siento ridículo, la verdad. Un cobarde. Hace unos años había conseguido superar el miedo a los aviones hasta que me tocó un vuelo en el que el aeroplano salió disparado hacia arriba y luego hacia abajo. Desde entonces el miedo me volvió y más fuerte. Esta vez, por suerte, el avión no se mueve mucho, aunque lo cierto es que yo me paso la mayoría del vuelo desmayado. La pastilla que tomé es un tranquilizante de caballo.

Llegamos al aeropuerto de Toronto, recogemos las maletas y cuando nos damos cuenta a la jefa de prensa le falta el bolso donde lleva el ordenador. Nos ponemos a buscarlo rehaciendo el camino desde el avión, pero nada. Los policías son unos bordes. Al final la única conclusión es que, en un despiste, alguien ha debido robarnos ¿¡Pero no decían que Canadá es un lugar seguro!? Empezamos bien. 'Vente pa Toronto, Pepe', se debería llamar esta película. Se nos queda cara de pringaos.

''Vente pa Toronto, Pepe', se debería llamar esta película'

Llegamos casi dos horas tarde al apartamento. Corremos a por las acreditaciones y llegamos in extremis. Qué majos los chicos del festival. Se han apiadado de nosotros. Uff, a ver si se nos quita la cara de paco Martínez Soria. La ciudad es una sucesión de avenidas y grandes edificios modernos. Podríamos estar en veinte lugares del mundo que son iguales que éste, pero nos sentimos felices. El festival parece lleno de energía. Una torre de babel.

Nuestra primera cita es con los agentes de ventas que van a llevar la película. Aún no los conocemos en persona, porque hemos hablado con ellos por mail y por skype. Les pasamos todo el material y firmamos el contrato que hemos acordado de palabra. Parecen simpáticos y les encanta la película. Son mucho más jóvenes de lo que yo esperaba. Hablando con ellos me siento como en casa. Él es brasileño y vive en Los Angeles, ella de Texas y está ubicada entre México y Los Angeles; y, sin embargo, siento que podrían vivir en la esquina de mi calle. Hablamos el mismo idioma: cine independiente. Vivir ahorrando. Y sentir que eres un afortunado porque amas tu trabajo. Qué más se puede pedir.

Mañana, el primer pase de la peli. Uff, qué miedo!! Siempre el miedo.