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Todos quieren a José Saramago

Las autoridades lusas esquivan las polémicas con el autor

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Ante su muerte, José Saramago fue perdonado por todos sus detractores. Primó el orgullo nacional ante el único premio Nobel de Literatura de lengua portuguesa. Todas sus polémicas con el poder y la Iglesia fueron ignoradas. La reacción generalizada fue ceñirse al viejo dictado portugués: 'De los muertos, o se habla bien o no se habla'.

'Escritor de proyección mundial, justamente galardonado, será siempre una figura de referencia de nuestra cultura', señala en su condolencia el presidente luso, Aníbal Cavaco Silva, jefe del Gobierno que en 1993 retiró la candidatura para el Premio Europeo de El Evangelio según Jesucristo, que presentaba una figura más humana de Jesús, como un joven rebelde, e insinuaba una relación íntima con María Magdalena. La censura literaria no tenía antecedentes en el Portugal democrático y la reacción de Saramago no se hizo esperar, exiliándose voluntariamente a Lanzarote.

En octubre, durante el lanzamiento de Caín, volvió a la carga, describiendo la Biblia como 'un manual de malas costumbres, un catálogo de crueldad y de lo peor de la naturaleza humana'.

El primer ministro, José Sócrates, quitó hierro a la polémica sobre esas declaraciones que aún persiste, resaltando en cambio 'la gran pérdida' para la literatura y calificando el escritor como 'uno de los grandes rostros de la cultura portuguesa'. Este es 'un momento para prestar homenaje a la memoria de Saramago, un momento en el que mi espíritu no guarda recuerdo amargo'.

José Manuel Mendes, presidente de la Asociación Portuguesa de Escritores, sostuvo que la muerte de Saramago significa que 'perdemos no sólo al más grande escritor portugués, sino a una referencia luminosa de dignidad y grandeza a escala universal', al tiempo que el escritor Mário Cláudio afirmó que 'Saramago va a durar lo que dure la literatura portuguesa'.

En varias oportunidades dijo que no escribe contra Dios, sino que su postura es crítica hacia todas las religiones. Como matizó, según la Biblia, Dios 'ordenó a Abraham que sacrificase a su propio hijo. Lo lógico, lo natural o lo simplemente humano sería que Abraham hubiese mandado al Señor a la mierda'.