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"Es ridículo ir por la vida sin mancharte los zapatos"

Mario Camus. Director y guionista. Observador perspicaz, crítico y poco dado al oropel mediático, recibe el Goya de Honor a toda su carrera

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Tras medio siglo detrás de la cámara, la Academia de Cine concede este año el Goya de Honor al director y guionista Mario Camus (Santander, 1935). El realizador de Los santos inocentes (1984) vive en un pueblo de Cantabria lejos del mundanal ruido (también el del mundo del cine) y no pierde la actitud crítica que le llevó a filmar películas como Adosados o no querer formar parte de la Academia que ahora lo premia.

¿Cómo le ha sentado el Goya honorífico?

Por una parte, estoy encantado. Por la otra, no. Me gusta porque me permite reencontrarme con algunos viejos amigos y porque hay gente que ha decidido que era mi hora. Te mandan muchos telegramas, te reconocen Eso está bien. Ahora bien: que tenga que estar hablando continuamente, dando mi opinión sobre esto y sobre lo otro, sobre los inmigrantes, sobre el cine, es un peso que no sé cómo llevar. Odio la autocomplacencia y hablando tanto es inevitable caer en esos tics. Te escuchas y te sientes el tipo más ridículo del mundo. No tengo tiempo de hacer una síntesis de las cosas, sino que las voy soltando y a veces suenan a una mezcla entre el dogmatismo y el autobombo. Ese es un defecto de los viejos.

Su carrera empezó a principios de los años sesenta, de la mano de lo que entonces se llamó Nuevo Cine Español. ¿Cuál fue el principal legado de ese movimiento?

'Aquello del Nuevo Cine Español tuvo más de continuidad que de ruptura'

Sí, Saura, Picazo, Martín Patino, Regueiro, Mercero Somos todos de la misma época. Aún es materia de discusión, pero creo que tuvo más de continuidad que de ruptura. Pesaba mucho entonces el cine de la posguerra, el neorrealismo. En España todo empezó con Surcos (José Antonio Nieves Conde, 1951). Y continuó con Bardem y Berlanga, que tenían estilos muy diferentes. Más la irrupción de Buñuel, que deja a todo el mundo descolocado. Nosotros fuimos la continuación. Las temáticas eran más o menos las mismas. Lo que nos unió a todos fue el neorrealismo. Una visión más bien ácida y crítica de la sociedad contada a través de un realismo a ultranza. O siguiendo los principios establecidos entonces por Cesare Zavattini: conmover al público con las historias que ocurrían en nuestro entorno. ¿Por qué el cine italiano se ha ido a la mierda?', le preguntaron una vez a Zabattini. Porque los cineastas ya no viajan en tranvía', contestó. Siempre he creído que el cine estadounidense, además de perturbarnos, hacernos la vida imposible y aportar títulos fundamentales, diluyó todo lo que se estaba haciendo en Europa. El neorrealismo hubiera tenido más continuidad sin su intervención.

La literatura europea también remaba en esa dirección.

En efecto, toda esa necesidad de hablar de las luchas y las injusticias de la sociedad, se puede encontrar también en la literatura de esa época. En Inglaterra, con Alan Sillitoe y compañía, en Italia, en España... Todo iba junto. Nuestra generación tuvo mucho que ver con la generación literaria de los cincuenta. No importaba que algunos de los directores no adaptaran novelas porque la influencia iba más allá. Marsé, Aldecoa, Hortelano, Matute, Ferlosio, Fernández Santos. Fuimos una especie de epígono de esa generación, que cubrió muchos años de creación en este país. Incluso se pueden encontrar rastros de nuestro cine en los pintores de esa época. Hay un magma creativo que arrancó en los años cincuenta y nos agrupó a todos.

Usted adaptó a Aldecoa tres veces: Young Sánchez' (1964), Con el viento solano' (1967) y Los pájaros de Baden-Baden' (1975).

Su compromiso con la literatura tenía algo de místico. No era un portento de salud, pero se metió varios meses en la marea para escribir Gran Sol. No escribía sobre nada que no conociera de primera mano. Y tenía un oído bárbaro, algo que compartía con el resto de compañeros de generación. ¿Ha leído el último libro de Matute?

No.

Paraíso inhabitado. Arranca con una frase muy suya. Nací cuando mis padres ya no se querían'. ¡Qué barbaridad! ¡Qué buena es la tía! La novela es impresionante. Soy un gran admirador de esta generación. El año pasado me llamaron de la Seminci para participar en un homenaje a Delibes y les dije que Miguel estaría más que conforme si el homenaje se hiciera a la generación de los cincuenta al completo.

'Por un lado estoy encantado con el Goya, Por otro, no. Me hacen hablar demasiado'

Algunos son incombustibles. Ferlosio sigue teniendo un enorme peso intelectual

Ya lo creo. Se ha dedicado a otra vertiente, la de ser una especie de guía, de filósofo, de intérprete de la actualidad desde su refugio. Es un guardián de las formas. Cada vez que este tío habla ¡caramba!

Tiemblan los cimientos

Ja, ja, ja. Sí, sí.

En los noventa hizo películas como Después del sueño' y Adosados' que reflejaban cierto malestar político

¡Cómo vas a pasar por la vida intentando ser aséptico! Es muy complicado. Imagínate que vas a un pueblo y te hacen visitar las cuadras y los caminos. Y te propones cruzar el pueblo sin mancharte los zapatos. ¡Es ridículo!