Publicado: 22.08.2014 00:00 |Actualizado: 22.08.2014 00:00

Una rubia de bote, el ser humano más inteligente del planeta

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Luc Besson firma con Lucy un blockbuster absolutamente revolucionario, casi subversivo. Si los personajes femeninos en las grandes superproducciones del cine son habitualmente herramientas al servicio de los masculinos, seres débiles, mujeres-madres-novias de, víctimas..., aquí el modelo ha recibido una coz descomunal del cineasta francés. Su protagonista, Lucy, es una mujer —circunstancia que ya se sale de la norma—, una joven capaz de utilizar al mismo tiempo todos los millones de neuronas que hay en su cerebro. Es decir, Lucy es el ser humano más inteligente y capaz de la historia de la humanidad y de todo el planeta. Y Besson, en su empeño por desmontar esquemas preestablecidos, prejuicios absurdos y generalmente dañinos, le ha dado el papel a Scarlett Johansson, mito sexual ya de varias generaciones de espectadores, a la que, además, ha convertido en una rubia de bote. Nada de refinamientos estéticos para el único ser humano que aprovecha absolutamente todas las capacidades de su cerebro. Morgan Freeman, un actor con el don de la veracidad, y el coreano Choi Min-sik, uno de los intérpretes más prestigiosos del cine asiático, la acompañan en el reparto.

"En los 80 y en los 90 no me hacían nada feliz esas grandes producciones de tipos musculosos con mentes minúsculas, donde la chica siempre estaba detrás, llorando y esperando que volviera el héroe. Esa no es la energía que a mí me transmiten las mujeres", dijo el cineasta en una entrevista poco antes del estreno en EEUU, donde la película recaudó el primer fin de semana más dinero del que costó producirla."La ignorancia es fatal", escribió el genial Ray Bradbury. Ahora Besson se hace eco de aquellas palabras y añade: "La ignorancia, no el conocimiento, es la que trae el caos". Y lo hace a través de la historia de una joven estudiante a la que una mafia coreana coloca una bolsa de una droga nueva dentro del cuerpo para que la pase a EEUU. Pero la mercancía revienta y ella, en vez de morir, sufre una sorprendente transformación. Su organismo absorbe la sustancia y comienza a aprovechar más y más las capacidades de su cerebro.

La droga de esta ficción es una creación sintética llamada CPH4 —nombre inventado por Luc Besson— que imita a una molécula real que producen las mujeres embarazadas en su sexta semana y que "tiene un poder para los fetos casi como el de una bomba atómica", tal y como explicó el cineasta en una entrevista que recogieron varias publicaciones especializadas. Esta es la parte con mayor fundamento real de la película, que ha recibido críticas muy ácidas justamente por su planteamiento científico."Es absolutamente incorrecto. ¿Alguien piensa que no lo sé? He trabajado en esta historia durante nueve años y ¿aún hay quien cree que no sé que no es verdad? Por supuesto, que lo sé", dijo entonces contestando a esas acusaciones Luc Besson, que construye toda su historia sobre el mito falso de que la inmensa mayoría de los seres humanos solamente empleamos el 10 % de nuestro cerebro. Así, su personaje Lucy es una mujer que, después de que el CPH4 invada su cuerpo, comienza a aprovechar más y más, hasta emplear el 100 % de su cerebro.

"Si alguien usara el 100 % de su cerebro..." es, de hecho, el reclamo de la historia, que, para ser más correcta y molestar menos a los puristas hubiera debido preguntar qué pasaría si los 86.000 millones de neuronas que componen el cerebro funcionaran a la vez? Por si acaso, el cineasta ha echado mano de su relación con el científico Yves Agis, fundador junto a él del Institut du Cerveau et de la Moëlle Épinière (ICM) (Instituto del Cerebro y la Médula Espinal)."Desde luego, cuanto más avanza la película, se hace más ficción, y así debe ser. Pero es perfectamente creíble porque, en parte, está basada en la realidad", ha dicho el experto, que ha añadido: "Lucy contribuye a los conocimientos que tenemos del cerebro. Es curioso, pero si se habla con cualquier persona en la calle, sabrá lo que es el intestino, sabrá lo que es el corazón. Algunos incluso dirán que las emociones proceden del corazón. Pero casi nadie sabe lo que es el cerebro, es increíble. Espero que la película anime a los espectadores a interesarse por el cerebro".

"Esta es una película sobre la inteligencia y el conocimiento", ha insistido Luc Besson, al que las campañas de marketing han traicionado vendiendo su trabajo como el thriller de una mujer "convertida en una guerrera, en un arma de matar". Una imagen que no tiene mucho que ver con la de esa joven viajando en el tiempo para tocar con el dedo, como en La creación de Adán de la Sixtina, a Lucy, la primera mujer de la historia (recreación animada del famoso esqueleto encontrado en Etiopía). Es verdad que la película tiene mucha acción —con una fantástica persecución— y que todo ocurre por culpa de la codicia de una mafia de narcotraficantes, unos tíos que dan muchísimo miedo, pero el recorrido que hace Lucy en este relato es el viaje de Taipéi a la Sorbona de París para intentar comprender qué le está ocurriendo. Y eso después de una llamada crucial, la que la chica hace a su madre para contarle qué le está pasando y cuánto la quiere. Un gesto muy poco apropiado de cualquier arma letal.