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'Ruby Sparks' convierte a Pigmalión en escritor

Los directores de 'Pequeña Miss Sunshine' vuelven con la historia de un escritor que hace cobrar vida a uno de sus personajes

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Los responsables de Pequeña Miss Sunshine han alumbrado a su nueva criatura. Ruby Sparks, que así se llama la sucesora de aquella joya del cine independiente que logró colarse en las nominaciones a los Oscar de 2007, recupera el espíritu y la magia del debut cinematográfico del matrimonio compuesto por Jonathan Dyaton y Valerie Faris.

Ellos han sido los encargados de dirigir una historia salida de la pluma de Zoe Kazan, una actriz curtida en las tablas de Broadway que una noche volviendo de un rodaje tuvo una idea al ver un maniquí sobre un montón de basura. De aquella inusual imagen surgió Ruby Sparks, una historia que mezcla ficción y realidad contando la historia de un escritor que un día al despertar se encuentra con uno de sus personajes en la cocina.

El escritor es Calvin Weir-Fields (Paul Dano), un treintañero que triunfó muy joven. Diez años después sigue viviendo de los réditos de su primera novela. Sufre el típico bloqueo del escritor. Pero de escribir no es de lo único que es incapaz Calvin. Su vida profesional está tan estancada como la personal. Su novia lo dejó, no tiene más amigos que un perro y su hermano y acude cada semana a un especialista en busca de respuestas. Un día comienza a soñar con su chica ideal. La inspiración parece haber vuelto. Se sienta a escribir y no puede parar. Del bloqueo ha pasado a la incontinencia verbal. Hasta ahí, todo normal.

Lo anormal comienza cuando una mañana la chica imaginada y creada sobre el papel cobra vida convirtiendo a Calvin en un émulo de Pigmalión. Esta Galatea moderna va un paso más allá que la del mito clásico. Ruby Sparks tiene una biografía con todo lujo de detalles y una personalidad creada ex profeso para enamorar y enamorarse de Calvin. Con lo que no cuenta su creador es con que su chica ideal desarrolle su individualidad en el mundo real. Entonces es cuando se genera el conflicto.

Una vez fuera de las páginas, Calvin conserva el poder de seguir modelándola a su antojo. Basta con que se siente a escribir. ¿Qué hacer cuándo la relación deja de ser idílica? ¿Respetar la individualidad de Ruby o reconducirla para que sigua siendo lo que él entiende por perfecta? Ruby Sparks es una película sencilla en apariencia pero compleja por la cantidad de temas que aborda.

La complejidad de las relaciones personales, sean estas de tipo amoroso o familiar -el protagonista no termina de comprender la relación de su madre (Annette Benning) con su bohemio amante (Antonio Banderas). El miedo al fracaso. El éxito prematuro. La soberbia de creer que tener un poder da derecho a usarlo sin importar que se anule la voluntad individual. Todos estos elementos, dispersos en los distintos estratos de la película, hacen que un hecho ficticio como que un personaje de tinta y papel respire se convierta en un elemento más de una realidad fácilmente reconocible.

La culpa de que la película funcione y conecte pese a partir de una premisa imposible la tiene el guión de Kazan. La actriz entreteje una historia cotidiana dotándole de una sensibilidad y realidad que impregnaban también el guión de Michael Arndt (Pequeña Miss Sunshine). Además, Kazan cuenta con una doble ventaja. Ella es quien interpreta a la protagonista, a la que tan bien conoce. Tanto como al protagonista masculino, su pareja en la vida real y para el que casi sin darse cuenta escribió el papel. Una pareja protagonizando una historia sobre relaciones dirigida por un matrimonio. Quizá sea esa parte de la receta. Los principales implicados hablan de algo que conocen de primera mano.

Ruby Sparks, como la anterior película dirigida por Dyaton y Faris, es una película de bajo presupuesto. De esas enmarcadas dentro del cine independiente en la que los personajes lo son todo. Evolucionan con cada escena y el espectador entra a formar parte de sus vidas ficticias. Con actores que no son grandes estrellas y que, quizá, pueda ser la sorpresa de esta semana, mes, año.