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"Cuando seamos viejos nos cuidará un robot, eso no es ciencia-ficción"

Jake Schreier debuta con 'Un amigo para Frank', Gran Premio del Público en Sitges, donde reflexiona sobre la forma en que afecta la tecnología a nuestras vidas

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Un androide desarrollado específicamente para 'mejorar la salud física y mental' de una persona mayor podría ser una buena ayuda para solucionar el problema del cuidado a la tercera edad. Japón, donde hay más viejos que adolescentes, investiga esta posibilidad desde hace años. Robots o casas inteligentes, muchos científicos nipones dedican hoy sus conocimientos a ello. Jake Schreier se documentó sobre estos avances en robótica aplicada y de ahí sacó el elemento que faltaba a la historia de su debut en la dirección.

Un amigo para Frank (Frank & Robot es el título original), Gran Premio del Público en el Festival de Sitges y Premio Alfred P. Sloan en Sundance, es una película que reflexiona no solo sobre los cuidados a las personas mayores, sino también sobre la forma en que nos relacionamos con la tecnología y cómo ésta afecta a nuestras vidas.

'Los robots están entre nosotros, forman parte de nuestra realidad, nada de esto es ciencia-ficción', dice el director, que ha contado para su ópera prima con un reparto de lujo, con Frank Langella (El desafío: Frost contra Nixon) y Susan Sarandon a la cabeza. 'Cuando seamos viejos nos cuidará un robot, eso no es ciencia-ficción, es una posibilidad real. Christopher Ford (el guionista) y yo estuvimos investigando sobre los avances en este campo realizados en Japón. Y aunque no han llegado aún al punto de la película, siguen trabajando en ello'.

Ambientada en un futuro próximo, la película cuenta la historia de Frank, un viejo huraño y solitario, que, debido a su amor por los libros, se relaciona casi exclusivamente con Jennifer, la bibliotecaria del pueblo donde vive. Él está perdiendo la memoria y sus hijos viven y trabajan lejos, así que uno de ellos decide regalarle un robot desarrollado especialmente para cuidar a personas mayores. Lo que parece la peor idea del mundo se convierte en un golpe de suerte para Frank, que encuentra en el robot a un colega a quien, además, puede enseñar sus antiguas habilidades como ladrón de guante blanco.

Frank y el robot son la versión que crea Schreier de Quijote y Sancho, personajes protagonistas de un libro-joya con mucha importancia en esta historia, donde los libros en papel se están sustituyendo por sus copias digitalizadas. 'Un loco que busca la aventura y un escudero que le protege -dice el director-. Éste le cuida aunque sabe que tal vez lo mejor sería hacer otra cosa por él, pero le va a acompañar hasta el final. Es la historia de Frank y el robot'.

Poco a poco, uno y otro se van acercando y creando una peculiar relación, aunque hay un punto de desencuentro entre ambos. Frank está perdiendo la memoria y eso es algo a lo que él concede mucha importancia, mientras que el robot no se cansa de decirle que la memoria para él no significa nada. 'La memoria es parte de nuestra identidad, es fundamental. Ahí está la gran laguna entre el hombre y la máquina'.

Con la voz del actor Peter Sarsgaard (Linterna verde), quien habla en un tono absolutamente neutro, el robot se creó sobre prototipos reales -algunos aparecen en los créditos finales de la película-, sin rostro y sin posibilidad de mostrar emoción alguna. La intención era que el espectador decidiera su relación con el androide. 'Creo que la gente que ve la película coge afecto al robot, igual que el personaje', dice Jake Schreier, partidario absolutamente de los avances tecnológicos, con los que cree que 'nuestra vida está mejorando'.

'La tecnología mejora muchísimas cosas de nuestro día a día', asegura el director, que con 31 años reconoce que es de una generación, 'como Frank, el guionista, en la que leemos libros digitales. Eso no quiere decir que no amemos los libros, simplemente, no sentimos nostalgia de las ediciones en papel, de si van a desaparecer o no. No creo que ningún escritor, no creo que Ernest Hemingway tenga menos calidad en un e-book'.

Jake Schreier, que insiste en que lo importante es 'no tener miedo al futuro y, respecto de la tecnología, no estar a la defensiva', prepara ya un nuevo proyecto, una historia de amor con la adicción a internet de fondo.