Publicado: 17.12.2015 21:28 |Actualizado: 18.12.2015 07:00

“La sociedad española está preparada para la despenalización de las drogas”

Chus Gutiérrez se atreve con el tabú de las drogas en su película ‘Droga Oral’, único título de la cartelera calificado para mayores de 18 años. Lejos del reportaje televisivo, el filme es un experimento emocional, antropológico e involuntariamente provocador

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Chus Gutiérrez en 'Droga oral'

Chus Gutiérrez en 'Droga oral'

MADRID.- Chus Gutiérrez demuestra el gran tabú que es todavía la droga en nuestro país con su nuevo trabajo, Droga oral, una de las producciones de cine documental más interesantes, atrevidas y personales del año. Con idénticos cimientos que su segunda película, Sexo oral (1994), la cineasta reúne a un grupo de personas ante la cámara (con imágenes del tríptico El jardín de las delicias del Bosco de fondo) para que cuenten sus experiencias con las drogas.

Muy lejos del reportaje televisivo, Chus Gutiérrez no se plantea el tema en términos de bueno o malo. Su película es mucho más un experimento emocional, también antropológico y, de una manera involuntaria, provocador y necesario. Con su estreno en Cineteca, los días 18,19 y 20, Droga oral abre un debate evitado durante decenios en España y que, sin embargo, está muy presente en otros países.



Los músicos Nacho Mastretta y Andy Changó, el fotógrafo Alberto García Alix, el Premio Príncipe de Asturias Francisco Nieva, los actores Jorge Calvo y Alain Kortazar, la micropoetisa Ajo… son algunas de las personas —hay otras que no pertenecen al ámbito público o no se las reconoce— que cuentan su experiencia en esta película, en la que la propia cineasta abrió el fuego.

“Muchos me dijeron que no por sus padres, porque habían firmado un contrato… He intentado transmitir también eso, la incomodidad. Es verdad que Paco Nieva no estaba nada nervioso, pero en los demás hay mucho pudor, autocensura. Yo misma terminé mi entrevista sudando. Las drogas son un tabú”.

¿Es más tabú el tema de las drogas que el del sexo?

En este momento, sí. Aquí se cerró hace años el debate sobre las drogas, aunque a nivel internacional sí está abierto. Jimmy Carter, el ex presidente de Brasil… hablan sobre ello. Muchos piensan que la lucha de los gobiernos contra la droga está siendo perjudicial, y cada vez hay más mafias y más dinero negro. En España es un debate que parece imposible, nadie quiere sentarse a pensar si hay más opciones, si existe otra forma de relacionarte con esto.

Con el PP ¿habría posibilidad de abrir el debate sobre la despenalización de las drogas?

No creo que ningún gobierno del PP tenga ningún interés en abrir temas sobre la despenalización de las drogas. Podemos y Ciudadanos han hablado en sus campañas sobre la despenalización de la marihuana. En general, los gobiernos siempre van por detrás de la sociedad. Creo que la sociedad española está preparada y tiene suficiente experiencia para la regulación y la despenalización. Sería un gran avance para todos y una manera más sana de enfrentarnos a tanto oscurantismo.

Hablando del gobierno ¿qué espera del próximo para la cultura y el cine?

La cultura no entra en campaña, somos un país que rechaza su cultura y a sus artistas. Me pregunto qué pasaría si la cultura en bloque decidiera parar su actividad. Teatros varios, cines sin películas nuestras, literatura congelada… Quizá, entonces, alguien pensaría que es necesaria, que la cultura es el alimento del espíritu, el precursor de nuestros sueños y la posibilidad de reconocernos, de entendernos.

Han calificado la película para mayores de 18, ¿eso no es casi como decir que hace apología?

Pero no hago apología de las drogas, lo que pasa es que tengo que respetar lo que la gente dice ante la cámara. Tenemos una relación con las drogas muy manipulada. Hay información excesiva de incautación de alijos, de muertes... Por otro lado, nos están acostumbrando a que todo tiene que ser bueno o malo, y claro, sin matices. Y no, no vamos en línea recta. En realidad, me parece que he hecho una película muy didáctica y si yo estuviese en el Ministerio de Sanidad querría los derechos de explotación.

Pues está pasando lo contrario, ¿siente que hay cierta censura sobre la película?

Una forma de silenciar una película es también ignorarla, el sistema es muy inteligente y si no se quiere que se hable de una cosa, se silencia.

En su película hay testimonios sobre todo de gente del arte y de la cultura…

Tuvimos otros. Tuvimos un banquero que nos explicó lo de la cocaína en la sala de tesorería, donde operan los bróker. A los 30 están acabados profesionalmente. Pero no está en la película porque lo contó mal. Pero hay mucha droga en la banca.

¿Y hay mucha relación entre corrupción y drogas?

Después de ver El lobo de Wall Street ¡está todo tan claro!

Presentó la película en la Seminci, allí la gente iba pensando que encontraría una película a favor o en contra de las drogas.

Sí, pero no es eso. Yo quería que quedara claro que no es igual tener un problema que tener una relación con las drogas. Las drogas no son inocuas, pero con ellas también es posible una relación medida. No quería decir que las drogas son terribles sin más, porque son oscuridad, pero también pueden ser luz, vivir experiencias, compartir… Me he dado cuenta de que entienden mejor la película los que han tenido algún contacto con las drogas. Por otro lado, ¿en este país, quién no se ha emborrachado en una comunión o en un bautizo?

El alcohol está muy presente en ‘Droga oral’, ¿está al nivel de las otras drogas?

He tenido que quitar mucho sobre el alcohol, porque parecía que la película iba sobre él. Es la puerta de entrada a todo, pero es algo que aquí está asumido.

Lo que no está asumido es la ‘otra’ parte de las drogas, ¿de ella ha sacado el humor que hay en la película?

Sí, porque creo que las drogas tienen una parte lúdica. Un vaso de vino te alegra. Cada uno, con su sustancia… Y eso tiene que ver con la parte social de las drogas.

‘Droga oral’ es casi un viaje personal, ¿depende de la experiencia de cada espectador?

Me di cuenta en seguida que la gente iba a tener una relación emocional con la película, porque unos habrán tenido una relación chunga con las drogas, otros, buena, otros tendrán hijos adolescentes…

¿Eso ayuda a provocar el debate inexistente?

Sí y me encanta. Mandé la película a un festival y el director me dijo que las drogas no eran tabú, que estaba anticuada, pero al mismo tiempo me hablaba del problema que tenía su hijo con la marihuana y estaba ya debatiendo conmigo. Es fácil decir que las drogas no son un tabú, es una forma de decir que el debate no es necesario.

Un elemento diferente de su película es la mirada de las distintas generaciones…

Me gusta mucho eso de la película, que tiene una parte antropológica. Ahí está Francisco Nieva, con 94 años, hablando de las drogas en París en los cincuenta, y está García Alix que explica el tráfico y la venta en Madrid, y los más jóvenes que explican el nuevo mercado de ahora, globalizado.

¿Por qué ofrece su propio testimonio?

Pensé ¡qué morro! No sería honesto si yo misma no hablara. Y lo hice el primer día para no estar contaminada con la información de los demás.