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"Visto desde arriba es casi inevitable destruir el mundo"

Entrevista con Santiago Alba Rico

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Unos amigos juegan a simular que pilotan un bombardero de Florida a Irak. Santiago Alba Rico (Madrid, 1960), creador de Los electroduendes y de ensayos como Leer con niños, mezcla a Brecht con el espíritu de la Bruja Avería en B-52, su debut teatral, que se representa hoy y mañana en el Círculo de Bellas Artes.

¿Qué idea vertebra B-52'?

'Es necesario hacer explícito lo que está claro; degradar el arte a panfleto'

Se trata, en efecto, de una idea que llevo explorando en distintos formatos desde hace años: la de la desigualdad, no de las clases, los sexos o las generaciones, sino de las miradas, que cubre y expresa todas las demás. Hay miradas que matan, se dice. Es verdad. Y son precisamente las más tranquilas, las más amables, las más inocentes. Visto desde arriba, resulta apetecible, y casi inevitable, destruir el mundo. En mis ensayos lo llamo 'nihilismo espontáneo de la percepción'. Puede que esto cambie con la crisis, pero ahora, en los centros urbanos capi-talistas, lo normal es ser bueno; y es la normal bondad, y no la maldad excepcional, la que destruye, física o simbólicamente, a los otros.

Ha hablado de arenga y panfleto, dos géneros estigmatizados.

Chesterton escribía excelentes panfletos; también Marx. En este caso, el panfleto final cumple un papel más bien de anticlímax, de coitus interruptus premeditado. Todos viajamos en un B-52. Un supermercado es un B-52. Un teatro es también un B-52. Y no me apetecía que los espectadores se levantaran de los asientos sintiéndose superiores a los tripulantes de ficción, habiendo sencillamente 'comprendido' placenteramente el mensaje. Era necesario hacer explícito lo que está claro; degra-dar el arte a panfleto para interpelar al público, que responderá sin duda con un: 'Ese final era innecesario'. Reivindico el coitus interruptus.

'El mito de La bola de cristal' ilumina las angosturas del presente'

¿Por qué volver al registro satírico de la Bruja Avería?

Se debe sobre todo a David Acera, director de la compañía Perro Flaco responsable del montaje. La tentación del teatro me cosquilleaba a menudo, pero siempre pensaba en una pieza más solemne y filosófica. David, que se educó con la Bruja Avería, me sugirió ese camino y enseguida me encontré cómodo en él. Al mismo tiempo, la tentativa es la de salir del limitado círculo de mis lectores habituales para tratar de incomodar a más gente. La Bruja Avería siempre fue bastante urticante.

Vive en Túnez desde 1998. ¿Qué aprendió de su rebelión y su contagio?

Que es fácil saber cómo se construyen las condiciones objetivas de una revolución, pero no los sujetos que las ponen en marcha. Ningún sujeto es sólo un lugar de repro-ducción de las condiciones que lo constituyen: lleva en sí siempre una sorpresa. Eso es aplicable a la Primavera Árabe y al 15-M por igual: cuando todos creíamos que la subjetividad occidental esta-ba completamente formateada por los gadgets electrónicos y las mercancías baratas, resulta que, como en los sombreros de los prestidigitadores, ocultaba un doble fondo del que salen palomas y pañuelos de colores que no estaban allí.

¿Cómo se lucha contra la creencia de que 'los recortes son necesarios'?

Esa creencia está asentada en otra mucho más terrible: la de que no hay alternativa. La de que, en general, en conjunto, no hay alternativa. Ese es, sobre todo, un síntoma depresivo. ¿Cómo se manifiesta una depresión? Comiendo y durmiendo. ¿Cómo se combate? Ponien-do los dolores en común. Las creencias colectivas sólo pueden ser combatidas colectivamente.

Escribe usted contra el capitalismo. ¿Cuáles son sus puntos débiles?

Somos nosotros. Es nuestra propia debilidad tan manipulable y vulnerable la que constituye la debilidad del capi-talismo, que necesita que todos sus medios de producción y reproducción sean renovables y contables y se dejen destruir, por tanto, ilimitadamente. El capitalismo puede cargar con todo menos con los límites de la antropología.

¿Por qué son un clásico Los electroduendes'?

Yo me preguntaría más bien qué tiene nuestra época para que recuerde con tanta nostalgia un programa tan impro-visado y chapucero. Y creo que es justamente eso lo que recuerda con nostalgia: un embrión de libertad abortado inmediatamente por el modelo de los canales comer-ciales privados y por el realismo de una democracia aguada y desteñida. El mito de La bola de cristal, como todos los mitos, ilumina las angosturas del presente.

¿Qué aprendió al escribir Leer con niños'?

Como realmente he aprendido ha sido leyendo con niños. Leyendo a mis niños las grandes obras de la literatura clásica, cuerpo a cuerpo en el sillón, me hice consciente de la necesidad de defender el tiempo narrativo, el de las plazas, los cuidados y la dignidad kantiana, frente a la amenaza cada vez mayor del tiempo digestivo, el tiempo del ello freudiano que discurre a toda velocidad por los pasillos transportando mercancías e imágenes de mercancías que alimentan sólo las ganas de seguir comiendo y no las de salvar, acariciar, conservar o mirar. El capitalismo es antinarrativo, infanticida y cosmocida.