Publicado: 01.01.2014 09:47 |Actualizado: 01.01.2014 09:47

Y entonces llegó Dylan

Los hermanos Coen dibujan la escena de la música folk en el Village neoyorquino en los sesenta, justo antes de la aparición de Bob Dylan, en 'A propósito de Llewyn Davis', una comedia protagonizada por un cautivador Osca

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"Si nunca fue nueva y nunca muere, es una canción folk". Es el mantra de Llewyn Davis, el nuevo personaje de los hermanos Coen, un músico de los sesenta con el que los cineastas rinden tributo al folk y al panorama musical del Village neoyorquino de aquellos años, los de antes de la aparición del gran Dylan. Inspirada vagamente en la vida de Dave Van Ronk y muy especialmente en su autobiografía The Mayor of MacDougal Street, que terminó de escribir el periodista y músico Elijah Wald tras la muerte del primero, la película es, en realidad, la aventura de un tipo, un artista íntegro, que busca la autenticidad.

Gran Premio del Jurado en Cannes, A propósito de Llewyn Davis, se alzó recientemente con el Premio Gotham (galardones del cine independiente), es candidata a tres Globos de Oro (Película, Canción y Actor) y a los Film Independent Spirits Awards (Película, Actor y Fotografía). Además, la National Board of Review la ha incluido en su selección de las mejores películas del año y le ha concedido el Premio al Mejor Guion. Reconocimientos -hay unos cuantos más- para una de las mejores películas de Ethan y Joel Coen, que vuelven a la comedia tras el western -también homenaje- Valor de ley.

Oscar Isaac, absolutamente cautivador en este trabajo, es el protagonista de una historia que podría contarse en una buena canción folk. Siguiendo al gato de unos amigos que se le ha escapado, con la guitarra a cuestas y durmiendo en los sofás de los colegas, Llewyn Davis, un joven músico, busca su oportunidad en bares y clubes del Village. A lo largo de una semana se narra su historia, para la que los Coen despliegan el mejor sentido del humor, el más apropiado para arropar la profunda tristeza que acompaña al personaje. Un músico que en su afán por encontrar su hueco, llega a Chicago, al legendario Gate of Horn, y consigue cantar para Bud Grossman (en realidad Al Grossman, manager de Dylan y Janis Joplin, entre otros). "No veo una gran cantidad de dinero aquí", le suelta el tío, después de haber asistido a una emocionante interpretación de una preciosa canción.

Y Llewyn vuelve entonces a Nueva York, y ahí los Coen regresan al principio, a la paliza que un bluesman propina a un músico de folk en un callejón, detrás de Gerde's Folk City. "Un día, Joel me dijo: ‘¿Qué te parece esto? Es el principio de una película... Dan una paliza a un cantante folk en un callejón detrás de Gerde's Folk City'. Reflexionamos y la siguiente pregunta fue: ‘¿Por qué pegarían a un cantante de folk?' Solo nos quedaba inventar un guion para que la película explicara esta escena".

Y en ese guion hacían falta algunos personajes que ayudaran a completar el retrato de la escena musical de entonces. Una notable interpretación de Justin Timberlake permite dibujar al contrario del personaje de Llewyn, al músico comercial, al del negocio y el éxito fácil. Carey Mulligan, por su parte, interpreta a la pareja sentimental y artística de éste. Ella pone, desgraciadamente, la nota negativa de esta película. La actriz se carga, literalmente, uno de los diálogos que debía ser más cómicos de toda la historia y lo convierte en insatisfacción y amargura. John Goodman, como siempre, está enorme en el papel de un viejo músico de jazz enganchado a la heroína.

"Es la escena folk tenebrosa antes de la llegada de los temas de éxito y del dinero, cuando un pequeño grupo de auténticos creyentes intercambiaban viejas canciones como si se tratara de un código secreto", dice Elijah Wald en un artículo que ha titulado El mundo de Llewyn Davis y donde el periodista y músico explica muchas claves de aquella época, de la música folk y de la película de los Coen.

En esas líneas, Wald subraya también la búsqueda de autenticidad del personaje del filme, así como de su modelo real, Van Ronk. "Llewyn comparte el amor y el respeto que Van Ronk sentía por la auténtica música folclórica, las canciones creadas por obreros y campesinos que pasaban de cantante en cantante, pulidas por las mareas de la tradición oral. Para la generación de Van Ronk, esta trillada autenticidad contrastaba profundamente con las confecciones efímeras del mundo pop, y la decisión de tocar música folk era comparable a entrar en una orden religiosa, voto de pobreza incluido, ya que no había ninguna salida en Nueva York para alguien que sonara como un artista folclórico tradicional".

Con el equipo técnico habitual en otras de sus películas - el productor Scott Rudin y el director de fotografía Bruno Delbonnel- y con la participación en la parte musical del productor T-Bone Burnet y de Marcus Mumford (líder de Mumford and Sons), Ethan y Joel Coen han rendido un maravilloso homenaje a los músicos que abrieron el camino primero e inspiraron después a a Bob Dylan, Cohen, Paul Simon, Joan Baez, Joni Mitchell, The Mamas and the Papas, Crosby, Stills, Nash and Young...  Pero para cuando aparecieron estas estrellas, "en cuestión de pocos años", tal y como dice Wald,  "el pequeño Greenwich Village donde todos se conocían, tocaban y cantaban juntos, aquel en el que en ocasiones se acostaban y se rompían el corazón, quedó atrás, perdido en el tiempo".