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Mourinho ya tiene su guerra

El entrenador portugués ha diseñado su paisaje preferido en el momento clave del curso

LADISLAO JAVIER MOÑINO

En la cabeza de Mourinho, las batallas se ganan yendo a la guerra. Así se ha manejado antes de aterrizar en Madrid y no ha cambiado. Con esos juegos psicológicos se ha encumbrado como un entrenador ganador. Es fiel a esa metodología incendiaria porque con ella ha engordado su palmarés allí donde ha entrenado. Es una apuesta a todo o nada que hasta ahora siempre ha ganado.

A dos días de la final de la Copa y a algo más de una semana para disputar las semifinales de la Liga de Campeones, el entrenador portugués ha situado al Madrid donde quería: en medio de la batalla mas ruidosa posible por las características intrínsecas de los medios. En el momento crucial de la temporada, Mourinho ha elegido desviar la atención hacia los enemigos y no hacia sus jugadores o hacia el fútbol. Ni siquiera hacia sí mismo, como parece. Se trata de enfrentar al Madrid contra el resto de la humanidad. En la rueda de prensa posterior al choque del sábado no se habló de planteamiento defensivo, sólo del arbitraje y de su cruzada protectora del honor al negarse a responder a los medios que el viernes abandonaron la sala de prensa de Valdebebas por su enésima negativa a hablar.

Ha creado el clima bélico que buscaba: él y los suyos contra el mundo

En las próximas horas, el foco estará en si mantendrá su postura de hablar sólo con los máximos responsables de los medios y en el victimismo. A punto de jugarse los dos títulos a los que aspiraba con más certeza, Mourinho se ha posicionado en su plano preferido. Ha creado un clima bélico en el que todo lo que hay más allá del vestuario es el enemigo y así se lo dice a sus jugadores.

Ha diseñado el paisaje ideal para convertir a su plantel en un ejército fiel, en un puñado de futbolistas que ya le siguen a ojos cerrados y sin preguntar. Ha conseguido que, para sus jugadores, el plante de la prensa sea visto como un agravio contra Karanka en vez de una protesta por sus silencios. Y la afición, al menos la mayoría, también se ha creído la película y se ha incorporado encendida a su ejército. Hay que salir en defensa de un Madrid maltratado, dice el demagógico y populista señuelo.

Una triquiñuela habitual en su carrera que describe muy bien Sandro Modeo en su libro Mourinho, el entrenador alienígena. El autor italiano relaciona al técnico con el escapista Houdini. Modeo cuenta cómo, cuando más se le espera en las salas de prensa, más rebaja su discurso o simplemente decide callar. Es otra forma de llamar la atención, aunque sea sin abrir la boca. Eso es exactamente lo que hizo el pasado viernes antes del primero de los cuatro duelos con el Barcelona. Se le esperaba y se escapó, aunque luego escoltara a Karanka. La mecha ya estaba preparada.

El vestuario ya es como un ejército fiel que le sigue con los ojos cerrados

La contienda que ha iniciado con la prensa es el último capítulo de la búsqueda de un enemigo exterior que encienda a sus jugadores y el público ante las citas más trascendentales del curso. Mou necesita siempre un enemigo que agreda, aunque sea sólo en su mente maquiavélica, sus intereses y los de los de los suyos: los árbitros, los operadores de televisión, la UEFA y ahora la prensa. Ya tiene su guerra.

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