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El Atlético más grande

El equipo rojiblanco firma el primer doblete continental de su historia. Los de Quique fueron muy superiores al Inter de Benítez. Marcaron Reyes y Kun, y De Gea paró un penalti 

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Este Atlético está diseñado para las finales. Quique parece haber dado con la tecla de la solidez transitoria, una fortaleza puntual que aparece en las grandes ocasiones, le conduce hacia un título y luego, misteriosamente, desaparece durante inexplicables períodos. Sucedió ayer ante un inmenso Inter. El equipo que lo había ganado todo, el conjunto con la etiqueta de máquina invencible y trituradora hincó la rodilla ante un grupo ilusionado, competente y muy superior.

Benítez, por obligación, y Quique, por devoción, coincidieron en una especie de inesperado homenaje a la Supercopa al diseñar dos alineaciones clásicas con las que parecieron honrar a quienes ganaron los respectivos títulos que les llevaron hasta Mónaco: la Liga de Campeones, el Inter, y la Liga Europa, el Atlético. Sólo un fichaje, Godín, entre 22 futbolistas que ya habían vivido en mayo su correspondiente alegría. Una apuesta segura de dos entrenadores poco amigos de revoluciones alegres.

El técnico español del Inter tiene coartada –la plantilla es la misma que lo ganó todo con Mourinho–, pero de Quique se esperaba un gesto ilusionante hacia los nuevos jugadores y, por contagio, hacia la ansiosa afición. No lo hubo. Excepto el mencionado central uruguayo, nada de cambios.

Simao, que parecía defenestrado, no sólo regresó a la banda izquierda en sustitución de Fran Mérida –la joya de la corona llamado a liderar el nuevo proyecto–, sino que lo hizo como capitán. Y también volvió Perea, que mandó a la grada a Filipe Luis, la otra contratación estrella del curso.

Aferrados a sus pizarras, el choque nació enmarañado, enfermo de táctica, paralizados ambos por el miedo inicial al fracaso. Hasta que apareció, cómo no, Agüero. El argentino, un pequeño coloso entre las torres italianas, buscó con la cabeza un centro a media altura desde la izquierda, encontró el atajo para colocarse en el sitio ideal y sólo el empujón de Chivu le desequilibró cuando afinaba la cabeza. El árbitro no señaló penalti, pero el fogonazo fue una inyección de confianza para el Atlético.

El partido nació enmarañado, soporífero y enfermo de táctica

El Inter, paralizado más que colocado, desapareció progresivamente a medida que los rojiblancos adelantaban metros. La propuesta italiana fue tan plana que los de Quique se manejaron con soltura sin necesidad siquiera de encomendarse a Forlán, muy discreto toda la noche. Y poco compañero. Instantes después de ser sustituido, cuando el Kun selló el título con el segundo gol, el uruguayo fue el último del banquillo en levantarse a celebrarlo y, además, cuando lo hizo, estrelló una botella de agua contra el suelo en señal de inequívoca, inexplicable y egoísta rabia. Tardó demasiado en escenificar alegría.

El Atlético, como ya le ocurrió en las mejores actuaciones del pasado curso, creció ayer sobre los sólidos cimientos de una defensa notable, perfecta en casi todos los lances. Quique tiró de Perea con la intención doble de frenar la velocidad letal de Etoo y, de paso, tapar con Domínguez las poderosas subidas de Maicon por la derecha. La jugada le salió perfecta. El descomunal lateral derecho lo intentó, pero tras un par de amagos, se diluyó como el resto.

Quique reservó a Fran Mérida y ni siquiera convocó a Filipe Luis

Ni siquiera el descanso fue un bálsamo para el Inter. Un conjunto que avasallaba táctica y mentalmente a los rivales fue incapaz de encontrar un solo punto débil en el conjunto madrileño. Al contrario, el segundo tiempo fue una inesperada exhibición de superioridad española.

Reyes puso una vez a prueba a Julio César, que respondió con la solvencia habitual, y a la segunda le tumbó. Buscó uno de los ángulos muertos del portero brasileño, lo encontró y encarriló un triunfo que hizo enloquecer a la animosa afición colchonera. Con las espaldas cubiertas –el Inter no creó ni una mísera ocasión de peligro–, el sevillano, Simao y Agüero se asociaron una y otra vez hasta asustar al todopoderoso campeón de Europa.

El Atlético volvió a cimentar un título en una gran defensa

Cuando llegó el segundo y letal zarpazo, obra del Kun, el fiero león de Milán que había devorado al Barça de las seis copas ya se había se encogido hasta desaparecer. El que fue arrogante grupo de Mourinho empequeñeció.

Y pareció aún más minúsculo cuando el imberbe De Gea, sin mover un músculo, aguantó la mirada del veterano y glorioso Milito en el lanzamiento del postrero penalti cometido por Raúl García. El portero engañó al delantero, le llevó por donde quería y rechazó a media altura una pelota que buscaba la red. Fue el mejor símil para firmar una noche memorable. Ganar al Fulham en la Liga Europa fue una liberación. Derrotar ayer a un contrario poderoso y con pedigrí supone una gesta del Atlético más grande.

- Ficha técnica:

0 - Inter de Milán: Julio César; Maicon, Lucio, Samuel, Chivu; Zanetti, Cambiasso; Stankovic (Pandev, m. 66), Sneijder (Coutinho, m. 77), Eto'o; y Milito.

2 - Atlético de Madrid: De Gea; Ujfalusi, Perea, Godín, Domínguez; Reyes (Fran Mérida, m. 67), Assuncao, Raúl García, Simao (Camacho, m. 90); Forlán (Jurado, m. 82) y Kun Agüero.

Goles: 0-1, m. 62: Reyes, tras una pared con Agüero dentro del área. 0-2, m. 83: Agüero culmina un pase de Simao.

Árbitro: Massimo Busacca (Suiza). Amonestó a Simao (m. 85) y Raúl García (m. 89), por parte del Atlético, y a Samuel (m.

90), por el Inter.

Incidencias: partido de la Supercopa de Europa, disputado en el estadio Louis II de Mónaco ante unos 17.000 espectadores.