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El campeón ya no lo será

  

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La campeona del mundo no revalidará el título. Se quedó fuera con una clasificación sonrojante, como última de grupo y por debajo incluso de Nueva Zelanda. Acostumbrada a navegar por el alambre, a reponerse de los comienzos desastrosos, a coronar con lo justo, Italia no se angustió de afrontar la última jornada sometida a un riesgo máximo. Y Eslovaquia se lo hizo pagar.

Sólo al final de su entierro, después de tirar el primer tiempo a la basura, cuando sentía ya la eliminación en el cogote, la escuadra de Lippi decidió morir de pie. Ofreció un final apasionante, de ida y vuelta, determinación y fe, que contribuyó a agrandar un Mundial que está empezando a disfrutar de buenas emociones. No se perdió el respeto como Francia, la otra poderosa que ya ha dado con los pies en el suelo, pero no encontrará justificación ni consuelo a su eliminación.

Suráfrica está siendo tomada por las selecciones pequeñas, al menos las del segundo escalón. Algo está pasando. Paraguay, Uruguay y Estados Unidos han mandado en su grupo. América domina, con Argentina y México también dentro. Ghana se ha colado por delante de Serbia. Corea del Sur y Japón sobreviven enteras. Europa sufre. Va a ser verdad que el fútbol reduce sus distancias, un tópico recurrente que se hace real. Un peligro del que no se escapa España, que, por una vez que se sentía racionalmente favorita, puede quedarse de repente fuera.

La competición le deja otra lectura interesante. El cuadro se le está vaciando de rivales. Pero le toca rebelarse. Volver a creer en sí misma, recuperar su idilio con la pelota e imponer de nuevo su gobierno sobre el fútbol actual. El mundo la estará mirando esta noche. Quiere saber si debe volver a admirarla o a desconfiar para siempre. Del Bosque se pregona tranquilo y seguro. Y habrá que creerle. Quizás su malestar y sus dudas fueron sólo una impresión.

Los jugadores también se proclaman serenos y convencidos de la clasificación, comprometidos con lo que son y con lo que deben hacer y respetuosos con el rival. Y habrá que creerles. Pero Chile también se declara confiada y valiente, dispuesta a jugar para ganar porque se le da mejor que jugar para empatar. No basta. Es la hora de demostrar que España es verdaderamente la mejor.