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Los defectos blancos salen a la superficie

El Bilbao, aunque sufrió, fue mejor

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Un sólo partido puede valer para mostrar las sombras y las luces de un equipo. El único plan del Madrid, la velocidad, funciona muy bien cuando la defensa aprieta y Rudy Fernández, un excepcional jugador de baloncesto, domina los tiempos. Y muy mal cuando todo eso no pasa. El Madrid en el ataque estático fue espantoso, en el primer cuarto empezó perdiendo por 14 puntos y, hasta el tercero -en el que el Madrid llegó a perder por 19-, no se supo lamer esas heridas. Cuando lo hizo mostró potencial e incluso cierto brillo, pero no fue suficiente para ganar al Bilbao. Los de Katsikaris son equipo muy bien conformado con grandes trabajadores que, además, son buenos jugadores. Mumbrú, Banic, Fischer o Raúl López son miembros de ese perfil.

En el Madrid el trabajo en ocasiones brilla por su ausencia. La velocidad, ese dogma, se convierte en caos, la defensa sólo mira y todo se resquebraja. Llull terminó ayudando al equipo en los buenos momentos, pero no es un jugador para la posición de base. Le falta visión de juego, no sabe ver qué compañero tiene una situación de ventaja con respecto a su marcador y el equipo, cuando no corre, se muestra espeso y desgarbado. Peor aún es lo de Sergio Rodríguez, que no tuvo espacio para la redención y sólo fue un lastre para el equipo de Laso. El técnico volvió a olvidarse de Mirotic, que no empezó bien y no gozó de más oportunidades. La perla en el banquillo.

Laso tiene que trabajar mucho más al equipo, incapaz de enfrentar retos que por plantilla debería vencer. Por si no fuese poco el problema del ataque en parado también tiene que poner a sus pupilos a practicar el tiro libre durante horas. Los blancos erraron 18 veces desde la línea, una carga excesiva cuando enfrente tienes un equipo con las ideas claras y talento para hacerte sufrir.