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Empieza la ocasión de su vida

La selección española debuta en el Mundial contra Suiza con el cartel de favorita colgado de forma unánime  

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El viejo temor al primer partido ha dado paso a una expectación ilusionante. Y no sólo local, sino universal. España es el equipo a mirar, esa selección fascinante que en todas las grandes competiciones acapara las miradas por su juego, no por el color de su camiseta. Es la Brasil del 70 y del 82, la Francia de Platini, la Holanda de Van Basten No hay esta vez dedos cruzados alrededor de la roja por la trascendencia del estreno.

No se escucha el viejo tópico de lo importante es no empezar perdiendo. Ni siquiera el matiz mejorado de hay que comenzar ganando. La victoria en el debut se da ahora por segura. Hay ilusión, no vértigo. Se trata de arrancar disfrutando.

Da la sensación de que hasta el rival acepta la derrota. Se lee en sus bajas, más voluntarias que obligadas. Porque Frei tiene mala suerte con las fases finales. En la Eurocopa 2008, la que organizaba su país junto con Austria, la que ganó España, se rompió la rodilla en el partido inaugural y ya se perdió el resto del campeonato. Pero las molestias actuales del goleador no son terminales. Su baja, como la Behrami, centrocampista de cierto prestigio en la Premier, es un mecanismo de reserva. Hitzfield los ha sacado de la cita porque su Liga' es Chile. Asume a España un escalón muy por encima. Es ante los suramericanos cuando quiere tener a su mejor personal para darlo todo.

Iniesta es la única incertidumbre no resuelta por Del Bosque

España es temida. Muchos la dan por imposible. Inalcanzable. Su estadística es demoledora, desde luego: once partidos consecutivos ganando, 26 triunfos de los últimos 27 posibles, una sola derrota en 48 encuentros. España fascina y gana, una mezcla explosiva que ha calado dentro y fuera. No se la discute.

Contra esa sensación de certeza en la victoria, de darla por descontada, luchan Del Bosque y los propios jugadores, centrados siempre en que a esta selección no se le alejen los pies del suelo. No es que caminen incómodos con su luminosa aureola, ni siquiera distraídos. Porque presumen de ese nuevo rol, pero saben que hay que renovarlo sobre el césped cada día. Y hasta ahora se han movido siempre así, indemnes al halago y comprometidos con el estilo y con su oportunidad ante la historia. Ésta desde luego lo es. Nunca antes se había visto, por dentro y por fuera, cerca y lejos, a España tan favorita. Suráfrica es la ocasión de su vida. Y Suiza, su primer escalón.

Suiza llega con piel de cordero y, como tal, reserva a los mejores

Del Bosque duda si salir de saque con los mejores. No lo hará con Fernando Torres, a quien, aunque ya recuperado, se le espera en plenitud para la segunda fase. Y posiblemente tampoco con Iniesta, aunque no resolverá el dilema hasta última hora. Quiere consultar con los médicos, con el jugador y con la almohada. 'Hay que pensar en hoy, pero también en más adelante', afirma el técnico inclinándose hacia la prudencia. Son muchos los percances musculares que suma el azulgrana, muchos los avisos de riesgo. Pero el futbolista prefiere jugar, salir ya en la primera foto. Mata aguarda acontecimientos.

Tampoco es un asunto trascendental. España pisa con seguridad con independencia de quién juegue. No le preocupa ni el balón, ni el césped, ni las trompetas, ni el frío, que ya empieza a confirmar el invierno. No lo había sentido ahora, pero desde ayer aprieta. También se espera viento, algo más incómodo de soportar. No son suficientes las inclemencias para tumbar la ilusión. España empieza desde hoy a soñar.