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El entrenador que viene de la calle

Manolo Preciado, técnico del Sporting, no reniega de sus orígenes

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Soy un entrenador que vive en la calle. Mi discurso viene de la calle, esas salidas de tono o esos chascarrillos que a veces se notan tanto'. Es el retrato de Manolo Preciado, el hombre que conduce al Sporting. Nunca fue un entrenador al uso. Tampoco lo fue de jugador. Era un impetuoso lateral izquierdo que trabajó en un montón de sitios 'en una época en la que los futbolistas no teníamos ni Seguridad Social'.

Se desarrolló en la España de la transición cuando los futbolistas llevaban melena, el bigote poblado y los pantalones de campana. Era a finales de los setenta. 'Yo me retiré a los 35 años y en las dos últimas temporadas no vi un gimnasio ni en pintura. Sólo saltaba vallas como una cabra'. Así le pasa cuando ve sus fotografías de futbolista y las de otros de su generación como Maradona, Simonsen o Satrústegui. 'Teníamos las piernas que parecían troncos. Pero era lo único que trabajábamos. El tren superior ni lo tocábamos. Ahora los futbolistas están más delgados y estilizados, tienen cuerpos casi de modelos. Todo está controlado, desde el índice de grasa corporal hasta las horas de sueño'. Eso ha provocado que se juegue más rápido y que cada vez queden menos regateadores. 'Aún los hay como Messi o Diego Castro en el Sporting, pero es distinto. Antes el fútbol se limitaba al uno contra uno, el lateral frente al extremo. Pero ahora con las defensas zonales el arte del regate es más fácil de atajar'.

Preciado no cree que los entrenadores perjudiquen el talento. 'Sobre todo, somos motivadores. Debemos intentar que el futbolista salga cada día del entrenamiento con la sensación de haber aprendido algo nuevo. Valdano tenía su parte de razón cuando dijo que el discurso de un entrenador en un mismo equipo se agota en dos años. Sí, porque empiezan las malas caras y las cosas raras... Pero quizá en el Sporting yo tenga un plus que ha permitido alargarlo. Es gente muy joven y de la tierra, con un hambre descomunal'.

En Asturias es un tipo feliz, 'porque hay un sentimiento noble'. Se siente libre. Vive a cinco minutos andando de la playa de San Lorenzo y participa del lenguaje de la calle, de las partidas de mus y de las riquezas de la gastronomía. Pero también presume de la amplia bibliografía futbolística y a menudo se deja caer por las salas de cine para enriquecerse. La otra tarde fue a ver Quemar después de leer, la última película de los hermanos Coen, de la que salió revitalizado. 'Una película con unos diálogos fantásticos', asegura.

A principio de temporada, cuando los goles diluviaban en contra del Sporting, Preciado tal vez durmió alguna hora menos. Pero jamás dudó de las victorias que ya han llegado. 'Yo no he nacido para perder la confianza'. Quizá la fiereza de su palabra, o su verbo extremista, sea lo que transmite la ilusión del día de mañana. 'Cuando Sergio Sánchez recibió 21 goles en cinco partidos me reuní con él y con Cuéllar y les dije: Yo nunca voy a quitar a un portero porque le metas seis goles. Pero a Sergio entonces había que cambiarlo. Estaba muy bajo de ánimo. Y lo cambié igual que puedo hacerlo con un lateral derecho'.

A Preciado no parece fatigarle tanto su profesión como a otros entrenadores. 'No vivo las 24 horas del día pendiente del fútbol, porque hay otras cosas en mi vida'. Apenas escapa a ninguna conversación y promete que de sus técnicos del pasado nadie le marcó tanto como Nando Yosu. 'Fuimos juntos a muchos sitios, en los que no cobramos, en los que estuvimos de huelga... En fin, era la época'. Hoy se enorgullece de aquel pasado que arrancó en la primera parte de su infancia en El Astillero, un pueblo obrero a doce kilómetros de Santander. 'Soy hijo de un funcionario que supo educarme bien'. Y ahí radica la naturaleza del mensaje de este hombre que más de una vez canta en la ducha el Asturias patria querida. 'Pero aquí no voy a cantarlo', subraya en la despedida.