Publicado: 11.12.2013 07:59 |Actualizado: 11.12.2013 07:59

La fecha de caducidad de Puyol

El rendimiento del capitán se ha convertido en uno de los principales debates de un Barça que esta noche necesita un punto ante el Celtic en Liga de Campeones

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Han pasado 14 temporadas desde el debut de Carles Puyol (La Pobla de Segur, Lleida, 1978) en el Barça. En el transcurso figuran más de 30 lesiones en sus piernas, que prácticamente lo han convertido en un especialista en medicina deportiva. Suma diez años de capitán, datos de leyenda para un futbolista de 35 años que no admite fecha de caducidad ("yo no me rindo") ni la más mínima excusa ("prefiero aguantar un año dándolo todo que cuatro dosificando"), lo que no significa que sea ajeno a su edad. "Cada vez pienso más y corro menos", asegura Puyol, un hombre que, desde que ganó la Eurocopa en 2008, promete que vive el fútbol sin la angustia de antes. "Fue como una liberación para mí. Desde entonces, entendí que estábamos en esto para divertirnos".

Puyol tiene esa ventaja en una época como ésta en la que se sospecha de su capacidad para volver a ser el de antes. Al menos, en el Barcelona de hoy, donde se habla con insistencia del fichaje de un central, lo que no se sabe si desafía o menosprecia a Puyol, que esta noche tiene una opción de reivindicares ante el Celtic en Liga de Campeones (20,45 horas). Salió muy herido de Amsterdam, en el último partido de Champions frente al Ajax, en el que su cintura corrió peligro. Desde entonces, se habla demasiado de su sucesor. Incluso Lluis Lainz, el hombre que acaba de publicar la biografía de Puyol y que trabajó en el cuerpo técnico del Barcelona, se ha sumado al debate. "El mejor sustituto para Carles se llama Sergio Ramos, sea o no imposible", ha declarado.

Sin embargo, Puyol no ha hablado desde su reaparición, que, a diferencia de lo que acostumbraba en el pasado cuando volvía de una lesión, no ha sido la más afortunada. La impaciencia del fútbol no perdona ni siquiera a Puyol, un futbolista que hace bien poco renovó su contrato hasta 2016 y que no se despega de la idea de retirarse "a los 40 años con el Barça", como hizo Paolo Maldini, su gran ídolo, en el Milán. De hecho, si Puyol se convirtió en defensa fue gracias al maravilloso impacto que le produjo Maldini en aquel famoso Milan de Arrigo Sacchi. Hasta entonces, él jugaba de delantero en el Colegio de la Sagrada Familia de Barcelona, como Van Basten, Gullit o Virdis en ese Milán. Pero era Maldini, el mítico Paolo Maldini, el que más gustaba a Puyol.

Son cosas que cuenta Lluis Lainz en el libro Puyol: la biografía, en el que, a diferencia de lo que pasa ahora, no salen nombres como los de Balanta (River Plate), David Luiz (Chelsea) o Agger (Liverpoo) para sustituirlo. Pero sí se habla de su edad y se le reconoce como un futbolista muy machacado, aunque Lluis Lainz recuerda un dato: "La mayoría de los contratiempos que ha sufrido Puyol a lo largo de su carrera no han tenido nada que ver con la edad, sino con su forma de ser, con su carácter, con su compromiso, con su forma de pelear cada pelota como si fuese la última. La mayoría de sus lesiones han sido de carácter traumático y en acciones en las que Puyol metió el cuerpo, la pierna o la cabeza como si le fuese la vida en ello".

"Antes iba donde iba el balón; ahora me preocupa más el espacio que la pelota"

El presente, sin embargo, ha perdido la memoria. Excepto en sus primeros años en el Barça (cuando estuvo a punto de ser traspasado al Málaga con 22 años), Puyol nunca se vio en una de estas. Pero si se respeta la forma de ser que se escribe en ese libro, dado que hace tiempo que no se escucha en público al futbolista, se sabe que Puyol es un hombre tranquilo ("siempre prefiero pensar en positivo") que ha encontrado más equilibrio si cabe gracias al Pilates y que no se olvida nunca de la profecía que le hizo Lillian Thuram: "Sólo si eres inteligente jugarás hasta los 40 años". Por eso Puyol cada vez corre menos y piensa más en el césped: "Antes iba donde iba el balón; ahora me preocupa más el espacio que la pelota". Y no se imagina que en un cerebro, a pesar de lo ganado, no exista algún nuevo desafío. "Nunca he dejado de fijarme metas".

Hace casi cuatro años, después de ganar el Mundial de Suráfrica, meditó retirarse de la selección, pero Del Bosque fue uno de los que batalló contra esa idea. Ahora, a siete meses del Mundial de Brasil, no se sabe si Puyol será uno de los convocados, pero como esperanza siempre quedará lo escrito por el propio Del Bosque en el epílogo del libro de Lluis Lainz y que, naturalmente, se niega a participar en el debate sobre la fecha de caducidad del capitán: "Dentro del terreno de juego, Carles tiene un radar ilimitado que le permite ver cuál es el mejor pase para iniciar la salida desde la defensa, dónde y cuando salir al cruce, o si alguno de sus compañeros no hace lo que debe futbolísticamente hablando". ¿Acaso volverá a ser así en Brasil o, aun más, acaso seguirá siendo así en el Barça de Martino? El debate ahora mismo está ahí.