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García-López, el triunfo de la fe

A sus 27 años, se acerca a su potencial y busca el 'top-20' tras ganar el torneo de Bangkok

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'Cuando cumples una edad la gente del tenis te ve fuera, pero eso no tiene por qué ser así'. Tati Rascón no necesitaba que Guillermo García-López ganase a Nadal para saber que su evolución tardía tiene 27 años es un hecho. Le conoce desde que hace cuatro veranos llegase al Club de Tenis Chamartín buscando orientación para poder dar un salto más en su juego. Poco tiempo después entró en su vida Juan Manuel Esparcia, un entrenador que ha sido clave para que cambiase la suerte de un jornalero del tenis nacido en La Roda.

Desde entonces se han dado muchos pasos para convertir el potencial en realidad. 'Su revés es el golpe más natural y, a partir de ahí, ha ido mejorando todo', comenta Rascón. El golpe a contramano del albaceteño es de una estética peculiar, en un circuito en el que los pegadores a dos manos son una constante él juega con una en todos los perfiles.

Con ese registro como base, García-López fue mejorando el resto de su juego, primero la derecha y luego, el servicio. 'No dominaba desde el principio, ahora consigue muchos puntos gratis gracias a su saque', recuerda Rascón. Para mejorar esa faceta del juego, Esparcia echó mano de un amigo suyo sueco que le ayudó a hacer cambios biomecánicos en la rutina de saque de García-López a principios del año 2009.

Con todo, lo que más ha cambiado ha sido la mentalidad. 'Siempre ha tenido potencial para estar entre los 20 primeros del mundo, pero antes no creía, ahora tiene fe en sí mismo', asegura Rascón, que elogia a Esparcia: 'Su entrenador le ha hecho ver que tiene talento para eso'. El proceso no está terminado, la victoria puede ser para él un punto de inflexión como lo fue la final de la Davis para Verdasco, con el que comparte generación y equipo en el club madrileño.

Esta semana, en Bangkok, todas las mejoras han salido a relucir. No pasaba su mejor momento, había caído hasta el número 53 del mundo después de una grave lesión de tobillo que tuvo que tratarse con Gabriel Marías y que le impidió jugar con normalidad durante el verano. Pero a veces los malos momentos valen para tener una perspectiva nueva de las cosas y dar un salto. Vencer a Nadal le convirtió en el primer jugador en ganar al número uno desde más allá del puesto 50 de la ATP en los últimos tres años. La confianza era máxima y la euforia sirvió para poder con la final y con Nieminen (6-3, 4-6 y 6-4) para lograr su segundo torneo de ATP. Como en las semifinales, García-López también sobrevivió a los ataques. 'Me siento muy feliz, todo ha sido perfecto', afirmó.

En la pista, el manchego no se alteró. Los que lo conocen le definen como alguien educado hasta el límite, casi frío. Uno de esos jugadores que al terminar un punto baja la cabeza, arrastra las punteras de los pies y barrunta el siguiente movimiento. El trabajo sigue, el cielo no es ganar a Nadal, sino el top-20.