Publicado: 11.02.2014 07:02 |Actualizado: 11.02.2014 07:02

Un 'heavy metal' en el Bernabéu

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Hay un hombre en el mundo que defiende que Luka Modric (Zadar, 1985) es tan buen futbolista como el mejor del mundo. Hay un hombre llamado Slaven Bilic (Split, 1968) que, como seleccionador de Croacia, convenció totalmente a Modric para que no perdiese jamás su afición a regatear, a conducir el balón con la cabeza levantada, como si fuese Johan Cruyff treinta años después, "porque será la mejor forma de que la gente nunca se olvide de ti". A los 28 años, Modric ha encontrado el guión perfecto en Madrid, en esa ciudad que Bilic no descarta ocupar algún día como entrenador. Rechazó la carrera judicial como abogado, la de guitarrista de una apreciable banda de rock para ser entrenador con la obligación de "aspirar siempre, siempre, a lo mejor".

Modric tenía 22 años y se quedó tan loco escuchando a Slaven Bilic, a ese entrenador cargado de adrenalina  que anulaba los silencios del vestuario con música de Iron Maiden, Arctic Monkeys o la de Red Hot Chili Peppers, algo más suave. Porque Bilic le decía a Modric que "el fútbol se parece demasiado al rock, porque ambas son disciplinas muy emocionales" y, por lo tanto, los futbolistas como él, autorizados a conducir la pelota, no pueden desprenderse de ello. Por eso no se cansaba de repetir a Modric frases que ahora él repite y ejecuta en el césped, "tenemos que atacar como una banda de rock" o "cada ataque debe ser como una descarga". Algo que ahora hace Modric con ese pelo largo, liso y a la vez revuelto, a pocos pasos de la imagen de un verdadero 'heavy metal'. "Bilic nos convenció de que una banda de rock es muy similar a un equipo de fútbol. Es una música emocional y honesta", ha explicado Modric, encantado con su deber de marcar diferencias. "Para componer una canción, como para marcar un gol, hay que hacer algo especial".

Con esa manera de jugar tan heavy,  Luka Modric ha llegado a la cúspide del Bernabéu y a entusiasmar a una hinchada que, viéndole a él, descubre que los regateadores todavía están vivos en el fútbol moderno.  Un matrimonio perfecto y que hace un año, hasta que Modric revolucionó el partido de Old Trafford frente al Manchester United, parecía difícil. La hinchada dudada de él y de los 40 millones de euros que había costado. Pero eso no hizo dudar a Modric ni cinco minutos. "Ante las dificultades", dijo, "no puedo esconderme". Quizá porque el signo de su vida es ése o tan solo porque su infancia, marcada por el precio de la Guerra de los Balcanes, no fue la de un niño más en Zadar, entre escombros y paredes rotas, a menudo sin una habitación en la que colgar las fotografías de sus ídolos.

Modric vio como su padre, empleado del aeropuerto, tuvo que alistarse al ejército; y vivir la perdida de su abuelo o aquellos días en los que la familia, perdido el domicilio, se alojaba en hoteles rotos. Por eso el año pasado, cuando pasó más tiempo en el banquillo que en el césped, no hubo manera de triturar a Modric. "Antes de dudar, debo confiar en mí", justifica desde sus inicios en 2008  en el Tottenham de Londres (precisamente, con un entrenador español, Juande Ramos) al que Modric tampoco se adaptó fácilmente. Sin embargo, todo eso ya es pasado en la vida de un futbolista que, a los 28 años, se siente "en la edad perfecta", la misma, por ejemplo, con la que Slaven Bilic llegó a las semifinales del Mundial de Francia 98 con la selección de Croacia. Modric era entonces un chico de 14 años que, curiosamente, no había pasado la prueba para jugar en el Hadjuk Split. Pero aún siendo un adolescente se convenció de que el optimismo es más importante. "Mis padres me acostumbraron a vivir con ese carácter".

El futuro le dio la razón. A los 22 años, Bilic le entregó la jefatura de la selección croata en la Eurocopa 2008 y le convenció de que el fútbol empieza y termina en gente como él. "Sé que cuando tú tienes el balón está en buenas manos", le explicó   Slaven Bilic, el hombre que, después de retirarse del fútbol, debatió su vida entre dedicarse a la carrera judicial como abogado, al rock como guitarrista de la banda Rawbau o a entrenador de futbolistas. Eligió esta última posibilidad, donde ya lleva nueve años, ahora como entrenador del Besiktas turco, y promete que en todo este tiempo, en estos nueve años, nunca coincidió con nadie con un talento como el del señor Luka Modric (Zadar, 1985), ídolo en una ciudad exigente como Madrid en la que "los pájaros visitan al psiquiatra", según la letra de la canción de Sabina.