Publicado: 11.01.2016 21:16 |Actualizado: 11.01.2016 22:29

La historia tras la chilena
que dejó a Messi sin premio

Wendell Lira, jugador de la segunda división brasileña, consigue el premio Puskas al mejor gol de 2015 por delante del astro argentino y del jugador del Roma Alessandro Florenzi.

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Wendell Lira recibe emocionado el trofeo del Premio Puskas al mejor gol de 2015. - REUTERS

Wendell Lira recibe emocionado el trofeo del Premio Puskas al mejor gol de 2015. - REUTERS

MADRID.- Wendell Lira, jugador del Vila Nova, equipo de segunda división de la ciudad brasileña de Goiania, ha recibido el Premio Puskas al mejor gol de 2015 por su remate de chilena ante el Atlético Goianiense, después de una gran combinación en la frontal del área, y se ha impuesto al barcelonista Leo Messi.

El delantero brasileño se mostró agradecido tanto por el premio como por poder encontrarse junto a los mejores jugadores del mundo. Su tanto se impuso en las votaciones con un 46'7% al conseguido por el barcelonista Leo Messi en la final de la Copa del Rey ante el Athletic Club (33'3%) y al del jugador del Roma Alessandro Florenzi en Liga de Campeones contra el propio FC Barcelona (7'1%).



El galardón y la notoriedad que la FIFA da a sus premios, ha servido a Lira para conseguir dar un impulso a su carrera. El jugador, de 26 años, pasó dificultades en 2015, transitó por clubes de tercera y cuarta división, en los que cobraba salarios inferiores a 4.000 reales (unos 1.000 dólares), según él mismo ha admitido, y se quedó desempleado en julio pasado hasta que su nombre apareció en la lista de finalistas del Puskas. "Es difícil vivir del fútbol", llegó a afirmar en una entrevista concedida al diario Folha de Sao Paulo el pasado noviembre, antes de que le fichara el Vila Nova.

Lira se quedó sin trabajo en julio pasado hasta que en noviembre su nombre apareció en la lista de finalistas del Puskas 

Wendell se formó en las filas del Goiás, ganó un premio al jugador revelación en un torneo juvenil en 2006, pero una serie de lesiones le llevó a pensar en acabar con su carrera deportiva de forma prematura. Llegó a dejar el fútbol y se dedicó a ayudar a su madre en la cafetería donde trabaja, pero se dio una segunda oportunidad y se enroló en el Goianesia, el club de cuarta división con el que, el pasado marzo, marcó el gol antológico que le valió el premio Puskas.

Justo después de anotar ese gol, marcado en un partido de la liga regional del estado de Goiás, el delantero fue contratado por el Tombense, de tercera división. Su trayectoria en ese equipo fue corta. Le despidieron cuatro partidos después de haber sido contratado porque no le gustó al entrenador y se quedó desempleado hasta noviembre pasado, cuando se conoció su nominación al galardón de la FIFA.

La notoriedad que adquirió al ser incluido en la lista de finalistas del Puskas le abrió las puertas del Vila Nova, equipo de segunda división de la ciudad de Goiania, con el que firmó un contrato de un año. El club rechazó informar del valor del contrato del jugador, pero él ha admitido públicamente que no gana mucho más que en su época en el Goianesia, mucho menos de las cifras que manejan los otros finalistas del Puskas.