Publicado: 06.03.2016 08:19 |Actualizado: 06.03.2016 08:19

Mendilibar: "No cambiaría a Borja Bastón por nadie, ni por Luis Suárez"

ENTREVISTA. “Hay que tener las orejas tiesas como los perros”, “la honradez no vende”, “estando Lanzarote, no necesito el Caribe”… una mina. Así se muestra José Luis Mendilibar, el entrenador del Éibar, que hoy se enfrenta al Barcelona (16.00 horas, Ipurúa).

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José Luis Mendilibar da instrucciones a sus jugadores desde la banda en un partido. /AFP

José Luis Mendilibar da instrucciones a sus jugadores desde la banda en un partido. /AFP

MADRID.- Podría hasta hacer la competencia a Antonio Alcántara en ‘Cuéntame’. Su discurso tiene esos pinchazos de nostalgia de los años ochenta. Por eso hoy, como entonces, sus botas de fútbol regresan al taller del zapatero y duran toda la temporada y son de un solo color, el negro. Y en ese mundo, que también existió, existieron futbolistas como José Mendilibar (Zaldibar, 1961) que casi siempre llegaban apretados a fin de mes. “Yo era mileurista en mi época del Sestao”, memoriza hoy, avalado ya por su amplia carrera como entrenador, que recorrió todas las clases sociales, desde el Lanzarote hasta el primer equipo del Athletic.

Siempre lo hizo con ese lenguaje y esa mirada atrevida de los hombres que son sus propios jefes, capaz de tomarse una caña con sus futbolistas. “No tengo ninguna prisa por jubilarme”, insiste en esta conversación, que recorre pasado y presente. “No cambiaría a Borja Bastón por Luis Suárez, de ninguna manera”, avisa antes de enfrentarse hoy al Barcelona (Ipurúa, 16,00 horas).



Pregunta. Le voy a pedir que presuma de los éxitos del Éibar, que haga una exposición

Respuesta. No lo voy a hacer, porque si presumes entonces te van a dar rápido desde el otro lado, y yo no quiero eso. Trato de evitar lo que no quiero. Sé que la vida da muchas vueltas.

No conocí a nadie que le diese miedo vencer. ¿Siempre hay una primera vez?

"No me gusta el elogio. No te sirve casi nunca para corregir errores. Por eso es verdad que me asusta un poco cuando ganamos varios partidos seguidos"

No me gusta el elogio. No te sirve casi nunca para corregir errores. Por eso es verdad que me asusta un poco cuando ganamos varios partidos seguidos. Tarde o temprano, llega el batacazo. Por eso siempre les digo a los futbolistas que debemos tener las orejas tiesas como los perros.

¿En esta vida hay que ser un perro?

No, yo prefiero ser un buen tipo, pero también es verdad que a veces uno se desilusiona. La honradez no vende y al honrado, a veces, se le trata por tonto. Sin embargo, el vivo, el tramposo, el que se tira en el área y se inventa un penalti, ese tipo de gente siempre sale adelante, y no es lo suyo, pero es lo que hay.

¿No queda otra entonces que tirarse en el área? ¿Alguna vez instó a sus futbolistas a hacerlo?

Creo que no, no es mi idea del fútbol, pero a veces, hay que compensar.

Fue usted hijo de carpintero

"Recuerdo que a casa llegó muy tarde la televisión en blanco y negro, pero no pasaba nada"

Sí, y vivíamos bien. No queríamos más de lo que podíamos tener. A diferencia de lo que pasa en la sociedad de ahora, no sentíamos la necesidad de aparentar nada. Recuerdo que a casa llegó muy tarde la televisión en blanco y negro, pero no pasaba nada. Yo mismo me bajaba tan feliz al bar a ver los partidos de Liga que retransmitían…

¿Cuál fue el primero?, ¿cómo fue?

Uff, difícil, pero supongo que sería aquí, en Zaldibar, un sábado a las ocho de la tarde, seguro, que era cuando retransmitían entonces los partidos por televisión, pero más allá de eso, nada, imposible.

¿Qué queda de aquellos años?

Las raíces y los amigos.

¿De qué valen los amigos cuando uno se hace mayor?

Para tomarse a gusto una cerveza, por ejemplo. No es poca cosa en estos tiempos.

También existen las amistades interesadas

Hace tiempo que no pido favores, pero los he pedido, sí, claro. Cuando empecé a jugar al fútbol, no fui tan privilegiado. No tenía apenas nombre. Tuve que buscarme la vida y con lo que se pagaba en aquellos años, en aquel Sestao en el que yo jugaba y que llegó a luchar por ascender a Primera División, ganaba a lo máximo para vivir al día. Yo también fui mileurista.

¿Tiene hábitos de mileurista?

"Yo vengo de otra época, de otro fútbol en el que los futbolistas teníamos un par de botas o, a lo sumo, dos para jugar toda la temporada, y yo me acuerdo de llevarlas a arreglar al zapatero"

Entonces sí, claro. No quedaba otra. Había que apañarse, en casa se heredaban la ropa, los uniformes, los libros de texto, algo que en esta época, en la que todo parece de usar y tirar, parece inconcebible. Pero yo vengo de otra época, de otro fútbol en el que los futbolistas teníamos un par de botas o, a lo sumo, dos para jugar toda la temporada, y yo me acuerdo de llevarlas a arreglar al zapatero… Ahora, lo cuentas y te tratan por loco, los futbolistas tienen ocho o diez pares, qué sé yo…

¿Es usted tacaño?

No lo creo, pero sé lo que cuesta ganar el dinero y eso no se olvida nunca, porque es así. Tiene que ser así. Mire, ahora lo están viendo mis hijos, que han empezado a trabajar y son eso, mileuristas; afortunadamente, ellos no tienen problema, porque me tienen a mí, pero si no me tuvieran, o yo no pudiera, todo sería más difícil, más realista acaso.

¿Por qué sigue trabajando usted, por necesidad o por vocación?

"Todavía me queda algo que enseñar y no tengo prisa porque llegue el último día, al contrario"

Sobre todo, porque me gusta y porque esto es lo que más se parece al futbolista que fui. No puedo prescindir de esto, no quiero. Me gusta este día a día. Todavía me queda algo que enseñar y no tengo prisa porque llegue el último día, al contrario.

¿Su mujer, que es profesora de inglés, también es tan reacia a la jubilación?

A ella también le gusta lo que hace, eso es importante. Tenemos esa ventaja y por eso sigue, porque lleva tantos años que podría haberlo dejado, quedarse en casa o salir con las amigas, pero es ella la que lo prefiere así. No quita que haya días en los que vuelva cansada, alterada, porque no todos los días pueden ser buenos, pero sabe mirar adelante. Luego, siempre llegan las vacaciones de verano para recuperar.

¿No valen entonces ustedes para darse a la buena vida en el Caribe?

Nada, nos basta con una temporada de tranquilidad en Lanzarote… Luego, siempre tenemos que volver a casa, yo me crié donde vivo, esto no se cambia por nada, no puedo cambiarlo… Aquí empezó mi vida.

¿Tanto echa de menos lo de ayer, el fútbol de ayer, incluso?

"Aquí, en Éibar, conservamos ese aroma del fútbol antiguo, con un estadio tan pequeño, tan lluvioso, pero es verdad que el fútbol cambió tanto que el único que no lo hizo fue el balón"

Bueno, aquí, en Éibar, conservamos ese aroma del fútbol antiguo, un estadio tan pequeño, tan lluvioso, hoy está lloviendo, pero es verdad que el fútbol cambió tanto que el único que no lo hizo fue el balón, que sigue siendo redondo. Pero el resto no se parece nada. Yo recuerdo que en mi época ver a más de un periodista me parecía excepcional; hoy, sin embargo, ni sé los que hay, 400, 500… Pero esto es así, los tiempos cambian.

Siempre nos quedarán los goles de Borja Bastón. ¿Lo cambiaría por Luis Suarez?

No es necesario. Me vale con lo que tengo y en el caso de Borja Bastón no le debemos pedir más. Comenzó de suplente y mire donde está ahora. Me hace muy feliz su evolución. No podría cambiarlo por nadie. No lo imaginaría.