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Nadal estrena el jardín de Wimbledon

El número 1 del mundo goza de un debut apacible en el torneo y derrota en tres sets a Michael Russell

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Rafael Nadal tuvo su momento, el de iniciar el torneo como campeón de la edición anterior. Es algo que no pudo disfrutar en 2009, un año después de la final mágica con Federer. Fue una temporada difícil y dolorosa la de hace dos años. Es el pasado. Por la cara de Nadal, es como si se hubiera producido hace mucho más tiempo.

Por eso, ayer todo eran sonrisas. El tenista mallorquín no deja de repetir que jugar en Wimbledon es una maravilla y un sueño.

Quizá por eso en París no estén muy entusiasmados con él. Hay amores que no se pueden compartir.

Nadal y el norteamericano Michael Russell entraron bajo una gran ovación en la pista central. Eran ellos quien debían estrenar un jardín perfecto. “Nunca había estado en un sitio tan bonito”, contó después Nadal. “Ahora bien, también te digo que cuando (la pista) está más rota, a mí me viene mejor”. Habrá que incluir los elogios en el apartado 'Cosas que Nadal nunca dirá de Roland Garros'.

En esas condiciones, con el cesped inmaculado, enfrentarse a algún gigantón balcánico de dos metros y saque supersónico hubiera sido un auténtico engorro.

El sorteo tuvo piedad y eligió para el campeón a Michael Russell, número 90 del ranking y un trabajador del tenis que aún se gana la vida con esto con 33 años. Russell no es un 'tuerceraquetas' pero con cinco victorias en 20 partidos en Wimbledon no parecía que pudiera inquietar a Nadal.

Cuando en la grada se escuchó el primer “Come on, Michael”, la mayoría del público se echó a reír. ¿Es cierto que Russell tiene gente que le anima? Qué duro es jugar contra los mejores jugadores del mundo.

Con o sin hinchada, el jugador de Detroit sí presionó con inteligencia a Nadal en el primer set. Su lectura del juego le permitía llegar a bolas que a otros con más fuerza en las piernas les resultan inalcanzables ante Nadal.

¿Era eso o que el campeón sufría el inevitable proceso de adaptación a esa hierba tan bonita como difícil de manejar? Si fue lo segundo, que lo parecía, Nadal no tardó en enfriar el termostato con un par de decisiones inteligentes.

“He empezado jugando demasiado rápido, cometiendo algunos errores con el revés y también con la derecha”, explicó tras el final. “Enseguida, he cambiado un pelín el tipo de juego para hacer los puntos más largos, y al resolverlos me ha ido mucho mejor”.

Ser el número 1 no te exime de tener paciencia ante los rivales débiles. Nadal comenzó a cambiar el ritmo, cortar la bola y esperar a que Russell tuviera que levantarla. Lo suficiente como para poder finiquitar el punto con un buen golpe de derechas.

Russell rompió una vez el servicio del español en el primer set y plantó cara cuando el partido se convirtió en un intercambio desde el fondo de la pista, con esporádicas visitas a la red. Una cosa es que esta hierba no sea muy rápida y otra que el juego se parezca tanto al de la tierra batida.

En el noveno juego, a Russell se le acabó la destreza o la buena suerte. Dos dobles faltas y un horrible golpe de aproximación a la red le hundieron. Nadal ganó el primer set por 6-4 en 46 minutos, y el resto del partido ya discurrió por los cauces más previsibles. Por dos minutos, no se llegó a las dos horas de juego: 6-4, 6-2, 6-2.

Nadal también tuvo suerte con la lluvia. Cuando apareció, él ya estaba hasta duchado. Se suspendieron 16 partidos, pero no el que tenía que ofrecer a su rival de segunda ronda.

Pablo Andújar desperdició la oportunidad de jugar ante Nadal en la pista central. Estuvo dos sets arriba, pero al final perdió ante el norteamericano Ryan Sweeting. Andújar echó la culpa a un error del árbitro y al cansancio. Lo primero no se escucha con mucha frecuencia en el tenis.