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Contra Nadal no basta el servicio

El balear bate a Roddick en un duro partido tras superar un primer set en contra

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'Me ha costado muchísimo'. Nadal arrancó sin fe, como agarrotado. Los primeros servicios de Roddick le estallaban al español igual que reciben los boxeadores en la mandíbula los primeros golpes de un combate, duros, en frío. Se estrenó en la Copa Masters, un territorio poco explorado por él, con el brazo encogido, sin encontrar su primer saque y contemplando como un niño asustado cómo el americano le ametrallaba con el servicio. Saques tremendos, quizá previsibles, pero de una potencia letal.

Roddick saca como un resorte. Se arquea mucho y de pronto su brazo restalla como un látigo. Nadal fallaba mucho: le costó entrar en el partido. Porque el de Nebraska subía y voleaba cómodo hasta con segundos saques.

El 3-0 inicial fue una losa pesada, de la que no se pudo zafar Nadal. Dispuso de dos bolas de rotura (con el marcador en 3-1) que hubieran podido cambiar el signo del primer set. Pero las desperdició.

Aparte de su servicio (supera los 200 kilómetros por hora como si no costara), el estadounidense exhibió ayer otra arma letal: los reflejos. Hubo tres golpes en los que efectuó el bote pronto en la red en cuestión de centésimas. A Nadal le salió un primer set tan feo como su indumentaria: fucsia, gris, naranja y negra. Perdió 6-3 pero luego puso en marcha la máquina.

El segundo set, con rotura y contrarrotura, se fue al tie-break. Nadal iba dando la vuelta al marcador a base de su superioridad en el peloteo. El manacorí comenzó a funcionar en los puntos largos. Jugando al fondo cansaba a Roddick, lo desgastaba y rompía su confianza. El número ocho del mundo sólo pensaba en una cosa: acortar los puntos. Pero Nadal ganó la segunda manga (7-6) y entonces los aficionados sabían que el cuento comenzaba a cambiar.

La tercera manga ya tuvo color español. Desde el principio. Nadal sacaba mucho mejor, ganó muchos golpes a base de derechas cruzadas, de banana shots. Enfrente, Roddick comenzaba a pensar que ya había visto esa película. Cuando él comienza a remontar, el partido es suyo.

Nadal rompió el servicio de Roddick y se fue a 4-2. Caminó ya siempre por delante del español pero el americano se defendió hasta el final. Con el marcador en 5-4 los puntos fueron larguísimos, agónicos, preciosos. La cancha azul, la grada oscurecida, los gritos de los jugadores. Todo lo que necesitaba Nadal para su épica. Y ganó con un revés de potencia.

Novak Djokovik enganchó una victoria muy bien trabajada ante el checo Berdych, un hombre aún bisoño, recién llegado a este show de maestros. El serbio le barrió con un control total del partido, con inteligencia y mucho oficio. 6-3 y 6-3 en menos de hora y media.

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