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Phelps destroza otra barrera

El estadounidense logra su tercer oro con una ventaja descomunal y un nuevo récord mundial en los 200 libre Phelps deja en ridículo a la línea verde, por José Migu&eacute

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Phelps volvió a desplegar una exhibición histórica en el Cubo de Agua. El de Baltimore demostró que su conservadora actuación en las semifinales de los 200 libre había sido simplemente un riesgo calculado, un ahorro de energía para el relevo 4x100 libre, esa inolvidable prueba que ya ha pasado a la historia del olimpismo.

En realidad, los 200 libre se presentaban como una de las pruebas más difíciles para Michael. Partía por la calle seis por haber logrado solamente el cuarto tiempo en semifinales.En el sexto carril, al contrario que en el cuarto o en el quinto ya se perciben los efectos negativos del rebote en la pared de la ola que generan los nadadores. En la calle cuatro estaba su compatriota Peter Vandekaay y en la cinco el coreano Park, ganador de los 400 libre el primer día.

El hombre-pez se lanzó a la piscina como una bala, con decisión y con el deseo de demostrar que nadie debía tener duda alguna acerca de su estado de forma en esta prueba, una distancia que, en los pasados Juegos Olímpicos de Atenas, cuando el holandés van den Hoogenband y el inolvidable australiano Ian Thorpe aún estaban en activo, fue la prueba reina. En aquella ocasión triunfó el australiano, con un crono de 1:44.71 que Phelps ha hecho puré en Pekín.

Una vez más, la devastadora eficacia del nado subacuático del de Baltimore marcó diferencias. Los movimientos ondulatorios de Phelps bajo el agua, en los primeros tres segundos, le dieron una ventaja sobre la que fue construyendo su monumental exhibición en el doble hectómetro. Cuando tocó la primera pared (50 metros) ya contaba con una ventaja de 16 centésimas sobre el récord de España.

Su viraje fue otra vez extraordinario, quizá uno de los más profundos de todos los Juegos. Phelps acostumbra a irse mucho más hacia abajo que sus rivales, algo que los expertos en biomecánica no acaban de entender (porque le obliga a recorrer más espacio) pero que en él es de una eficacia indudable. El hectómetro lo cruzó con un margen a su favor de 71 centésimas sobre el la plusmarca mundial.

El estadounidense fue a más en el tercer largo y ya sintió la fatiga en el cuarto y último, pero su diferencia era ya astronómica. Su récord mundial de 1:42.96 rompió el récord por 89 centésimas y le pefrmitió colgarse su tercer oro. El coreano Park fue segundo con 1:44.85 y el estadounidense Vanderkaay, bronce con 1:45.14. A Phelps aún le quedaba trabajo. Entrega de medallas primero, y después otra prueba más.

Phelps se lanzó al agua en las semifinales de los 200 mariposa esta vez con el modelo de bañador que sólo le cubre las piernas. Aunque ambos son de la tecnología de Speedo, el hombre que ya acumula nueve oros olímpicos, está alternando el de cuerpo entero con el de torso desnudo. El resultado fue el mismo. En estas semifinales de 200 mariposa Phelps detuvo el crono en 1:53.70, récord olímpico igualado y mejor crono de las dos series por delante del japonés Matsuda (1:54.02).

El segundo récord de la mañana llegó en los 100 metros espalda, prueba en la que participaba el español Aschwin Wildeboer en la calle seis. El gran favorito, el estadounidense Aaron Peirsol, partís por la dos. Lo hizo con prudencia, por detrás del británico Tancock, que señaló un parcial 49 centésimas mejor que el récord del mundo al tocar la primera pared. Entonces surgió la velocidad final de Peirsol, un hombre que lleva casi una década dominando la especialidad del nado de espalda. Su nuevo récord del mundo (52.54) dejó muy lejos los 53.11 de Grevers, segundo clasificado. Wildeboer fue séptimo con 53.51, y logró un sensacional diploma olímpico para España.

En la misma especialidad, pero en categoría femenina, su compatriota Natalie Coughlin señaló un crono de 58.96, a 0.19 del récord del mundo. A una distancia similar se quedó Leisel Jones en la final de 100 braza que ganó con 1:05.17 muy por delante de Rebecca Soni.

En las semifinales de los 200 estilos femeninos decepcionó Mireia Belmonte. Nunca estuvo en carrera y se clasificó séptima con 2:13.45. Debía haber estado en la final o al menos más cerca de ella. Pero su crono fue el decimocuarto de todos. La nadadora de Zimbabwe, Kirsty Coventry, fue muy superior y amenaza con un nuevo oro en la final.