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El primer hombre que creyó en Mourinho

Pinto da Costa lleva de presidente del Oporto 30 años y lo ha convertido en el club que mejor vende del mundo

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Si hay un equipo que siempre está en renovación en el fútbol europeo, ése es el Oporto. Aún más, si todos los clubes se comportasen como el Oporto el fútbol no conocería la crisis y no existirían los concursos de acreedores. Pero este deporte sólo admite un Peter Pan y ese es el Oporto que preside Pinto da Costa, el hombre al que, pese nacer el día de los Santos Inocentes de 1937, no hay manera de gastar una inocentada. Al menos, si se habla de ganar dinero en los traspasos de jugadores. Entonces el Rey Midas del fútbol mundial es él. Ni Florentino ni Ibrahimovich ni Berlusconi ni todos los jeques árabes del mundo: el rey es Pinto da Costa, el eterno presidente de los 'dragones azules'.

 

Durante los últimos treinta años, el Oporto se ha colgado enormes méritos. Ha sido, por ejemplo, el primer gran club que ofreció su oportunidad a Mourinho cuando el técnico todavía no era 'The Special One'. Pero, sobre todo, ha sido el club que mejor vende del mundo, capaz de fichar a Falcao por cuatro millones de River Plate y venderlo por 47 al Atlético; a Pepe por dos y traspasarlo por 30 al Real Madrid o de encontrar a Hulk en un equipo de la Segunda división japonesa y colocarlo el pasado verano en el Zénit por 42 millones de euros. Y nada de esto se puede decir que sea casualidad, porque, desde 1987, cuando traspasó a Paulo Futre al Atlético por 415 millones de pesetas de entonces, la lista de ganancias ha sido enorme. Se puede hablar de Lisandro, que vino por 2,3 millones de Racing de Avellaneda y marchó al Lyon por 24; de Anderson, que llegó del Gremio de Porto Alegre por nueve y marchó al Manchester United por 34 o del mismo Carvalho, el central del Madrid, por el que un día el Chelsea le pagó 32 millones de euros.

La lista de nombres podría rellenar una enciclopedia (Quaresma, Deco, Bonsingwa, Bruno Alves...). Podría, incluso, llegar hasta un caso como el de Vilas Boas, el sucesor de Mourinho, por el que el Chelsea pagó su cláusula de rescisión (lo nunca visto en un entrenador) de 15 millones de euros en 2011. Pero en la crónica del Oporto no sorprende. Sus fichajes nunca aparecen en la lista de los más influyentes que se publica en la revista 'Forbes'. Pero el que sí lo hace es Jorge Pinto da Costa, el mismo hombre que llegó a la presidencia en 1982. Ahora, ya supera los 1.000 partidos, los sesenta títulos (entre ellos, dos Copas de Europa) con los que terminó con el gobierno del Benfica en el país. Quizá por eso, 31 años después, en Portugal se le conoce como 'El Papa' y la crítica le otorga un valor parecido al de Mourinho. 'Son de ese tipo de hombres que nacen una vez cada cincuenta años', se ha escrito de ellos en A Bola, uno de los diarios más prestigiosos del país.

Pinto da Costa ha convertido al Oporto en un club en permanente reforma en el que es tan importante lo que se gasta como lo que se compra. La diferencia es que las adquisiciones tienen un límite clarísimo. Arrancan en un ejército de 250 ojeadores, entre internos y externos, que el club tiene distribuidos, sobre todo, en Sudamérica, donde el mercado es mucho más barato. No hay casi ningún futbolista que llegue al Oporto para cerrar un ciclo o marcar una época. Sus estancias son breves y sobre ellos se impone la idea de venta a medio e, incluso, a corto plazo. Por eso el Oporto no sólo es un fin para los futbolistas. También es un medio en el que expresarse y en el que existe la seguridad de que las jerarquías en el vestuario no se prolongan mucho en el tiempo. La prueba fue el año 2004 en el que el Oporto salió campeón de Europa. Un mes después de levantar la Champions, jugadores básicos de aquel equipo como Deco, Carvalho, Ferreira, Derlei o Carlos Alberto fueron vendidos por 104 millones.

Si se habla de traspasos, en realidad, el Oporto es capaz de todo. Ha sido capaz de sacar 88 millones por tres centrales (Carvalho, Pepe y Bruino Alves), ninguno de los cuales es, precisamente, Beckenbauer como para invertir tantísimo dinero. Pero desde 1982, cuando Pînto da Costa sólo era un joven empresario, con toda la vida por delante, el Oporto aprendió a ser así y a no detenerse en el tiempo. Han sido cientos los futbolistas. Si nos vamos más atrás en el tiempo no sólo se recuerda a Futre. También a Madjer, Rui Barros o Jardel, que fueron traspasados a precio de marqueses. Pero si volvemos a los últimos tiempos, la realidad es que cada verano hace una caja colosal. El saldo entre fichajes y traspasos aporta unos ingresos de 290 millones de euros desde que ganó la Champions de 2004. Y, por ejemplo, la diferencia es que el Madrid lleva dos años más sin ganar esta competición (la última fue en Glasgow en 2002) y el presidente Florentinbo Pérez ha gastado un dineral.