Publicado: 07.02.2014 07:57 |Actualizado: 07.02.2014 07:57

Rusia estrena unos Juegos cargados de amenazas, despilfarros y homofobia

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Putin ya tiene listo su juguete. Sochi, la ciudad balneario del sur de Rusia, inaugura este viernes los Juegos Olímpicos de Invierno 2014, una cita en la que el deporte ha terminado pasando a un segundo plano y que se presenta como una de las más polémicas de toda la historia del olimpismo. Las amenazas a atentados terroristas por parte de las guerrillas del Cáucaso, los sobrecostes de unas instalaciones faraónicas, la corrupción, los abusos laborales, las leyes rusas restrictivas con derechos fundamentales y los retrasos en el acondicionamiento de los atletas se acumulan como condicionantes del mayor espectáculo de deportes de invierno que se puede contemplar.

El presidente de Rusia se empeñó personalmente en volver a atraer hacia su país unos Juegos Olímpicos. Los ramplones Juegos de Moscú de 1980 quedan ya muy lejos. Las ansias de ofrecer una visión moderna, occidental y progresista de Rusia a través de los Juegos han llevado a Putin a emprender una tarea titánica en estos siete años. Y para conseguirlo, ha ido dejando en la cuneta miles de millones de euros, derechos humanos y relaciones con multitud de países. 

Sochi se encuentra situada 1.360 kilómetros al sur de Moscú, junto a la frontera con Georgia y a orillas del Mar Negro. Famosa por sus aguas termales se ha ganado la fama de ser la capital veraniega de Rusia desde que los zares comenzaran a pasar sus vacaciones estivales entre barros y chorros en este oasis de clima subtropical. La tradición fue continuada tras la Revolución Rusa. Ni Lenin ni Stalin pudieron resistirse a sus encantos. Como tampoco ha podido ahora Putin, que lo ha reconvertido tirando de talonario en una ciudad invernal puntera.  

Pese a que Sochi pone nombre a los Juegos, el epicentro de la actividad se encuentra en la localidad de Adler, prácticamente pegada a la anterior, que es donde se disputarán todas las disciplinas de hielo: el patinaje artístico, el de velocidad -en pista larga y corta-, el hockey y el curling. Y las de nieve se encuentran en las montañas del Cáucaso, en Krásnaya Poliana, donde se destacarán las pruebas del deporte rey invernal: el esquí alpino.

Las autoridades rusas tienen una tremenda prueba de fuego en los Juegos, que se han convertido en unos de los más amenazados de la historia. Por eso han blindado hasta los dientes Sochi y alrededores. Los dos atentados consecutivos los días 29 y 30 de diciembre sembraron el pánico entre la población rusa y la organización olímpica. El 29, una viuda negra detonó los explosivos que portaba en la ciudad de Volgogrado, a unos 600 kilómetros de la ciudad costera, en una estación de tren provocando 17 muertos y más de medio centenar de heridos. Al día siguiente, en un trolebús en la misma ciudad, un suicida se inmoló causando 14 muertos y unos cuarenta heridos

La principal amenaza que las autoridades rusas temen proviene del terrorismo yihadista proveniente del Cáucaso, muy cerca de Sochi. Estos grupos terroristas pueden actuar en grupo o utilizar a individuos que actúan en solitario, como las llamadas "viudas negras". Los conflictos territoriales en Chechenia, Daguestán, Osetia del Sur y Abjasia ponen de relieve la tremenda inestabilidad de la zona.

Por eso, Putin no ha escatimado esfuerzos en seguridad y durante las últimas semanas se ha dedicado a garantizar al COI y a la comunidad internacional que en Sochi está todo bajo control y que no hay nada que temer.  "Quiero asegurar que haremos todo lo posible para que Sochi sea un lugar hospitalario para todos los participantes y todos los invitados", ha asegurado. Más de 52.000 agentes de la policía y efectivos del Ministerio de Interior ruso, así como 23.000 miembros del Ministerio para Situaciones de Emergencia, se encargarán de la seguridad de los Juegos, para lo cual se utilizará la vigilancia electrónica a un nivel sin precedentes, con cámaras y satélites.

Los controles en todos los accesos al complejo olímpico serán desmesurados. Y, por supuesto, para acceder a los estadios y demás instalaciones hará falta la debida acreditación. Las calles se encuentran vigiladas por miles de cámaras de seguridad. El Ejército controlará las montañas de Krasnaya Polyana. Pero también se pondrá especial énfasis en los transportes tanto aéreos como ferroviarios. EEUU ha elevado su nivel de alerta en los viajes desde sus aeropuertos a los de Rusia ante posibles atentados.

Los Juegos rusos costarán 37.000 millones de euros, la cifra más elevada de la historiaSochi también batirá récord de gasto. Ya es, por méritos propios, en la cita olímpica más ostentosa y cara de la historia. Los 37.000 millones de euros que finalmente han costado quedan muy lejos de los 8.700 millones que había prometido Putin en el proyecto inicial. Sochi deja atrás los 30.000 que costaron los Juegos de Pekín y se dispara a años luz de la cita de Vancouver de hace cuatro años -6.100 millones-. Obviamente, estos sobrecostes se deben a la corrupción que se ha impuesto, el desvío de dinero y los favores gubernamentales a empresas privadas. Por ejemplo, la Fundación contra la Corrupción que preside el líder de la oposición rusa, Alexei Navalny, constataba que en al menos 10 de los proyectos relacionados con los Juegos el gasto se infló entre un 150% y un 250%.

Y también traslucen las pésimas condiciones que han sufrido los trabajadores que han levantado las instalaciones faraónicas de Sochi. Un informe de Human Rights Watch denuncia que Rusia ha necesitado a 70.000 trabajadores, su mayoría de naciones cercanas como Armenia, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán y Ucrania, a los que se explotaba con jornadas de 12 horas y meses con un solo día de descanso. A muchos, incluso, se les negó un salario y se les confiscaron los pasaportes para impedir su salida de Rusia.

Pero en lo que se refiere a vulnerar derechos humanos, Rusia se está convirtiendo en un experto. La mayor polvareda la ha levantado su reciente ley antihomosexual, por la que se multa hasta con 3.000 euros a todo aquel que haga propaganda de los homosexuales. Por ello, multitud de ONG's y deportistas han llamado al boicot de los Juegos y han emprendido manifestaciones de protesta.

Algunos deportistas occidentales homosexuales han expresado su temor a la discriminación durante su estancia en territorio ruso, y otros se han mostrado dispuestos a escenificar su apoyo a las minorías sexuales. Insignias, uñas, pulseras y pañuelos con banderas arcoíris, símbolo del movimiento homosexual, y el logo P6, en referencia al artículo 6 de la Carta Olímpica que dice que la discriminación es incompatible con el movimiento olímpico, son algunas de las propuestas más populares entre los deportistas.

Putin ha intentado mitigar las protestas al asegurar que "no tenemos una prohibición sobre las relaciones sexuales no tradicionales. La prohibición es sobre la propaganda de la homosexualidad y la pedofilia". Sin embargo, el alcalde de Sochi ha avivado el fuego al asegurar que los homosexuales serían bienvenidos a la ciudad mientras no intentasen "imponer sus costumbres" y se jactó de no contar con gays entre sus habitantes.

Más allá de esta ley, Rusia también oprime a otras minorías y organizaciones. Por ejemplo, las ONG que reciben ayuda económica del exterior se deben denominar Agentes Extranjeros, lo que supone casi una marca incriminatoria y casi son vistas como espías al servicio de occidente.  También se castiga duramente, hasta tres años de cárcel, las ofensas a los sentimientos religiosos. Ley que aprobó la Duma como respuesta directa a la actuación del grupo punk Pussy Riot en la principal iglesia ortodoxa rusa de Moscú.

Y por si fuera poco, en los últimos días las críticas a los Juegos han llegado a través de los deportistas y periodistas que han ido aterrizando en la ciudad y que han comprobado los desperfectos y trabajos sin finalizar en hoteles, instalaciones de competición, etc. Problemas con suelos, grifos, agua y servicios básicos han sido epicentro de las burlas en las redes sociales. Lo que muchos catalogan en Rusia de "cruzada informativa" contra los Juegos empezó con la publicación en Internet de una foto de dos tazas de retrete una al lado de otra en el baño de una de las instalaciones olímpicas. Pero a esa foto le siguieron otras en Twitter, sacadas por reporteros de CNN y otros medios, en las que se pueden apreciar cortinas y plafones caídos en las habitaciones, agua del grifo de color amarillo y distintos defectos en paredes y suelos.

Esta tarde, desde las 17 horas, Rusia y Sochi confían en que todo esté preparado para una ceremonia de inauguración a la que no acudirán ni el presidente de EEUU, Barack Obama, ni el de Francia, François Hollande, ni el primer ministro del Reino Unido, David Cameron, ni la canciller alemana, Angela Merkel. Sí estarán otros como los presidentes de China, Xi Jinping, y Ucrania, Víktor Yanukóvich, y el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Además, del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el presidente del COI, Thomas Bach.

Desde este mismo jueves y hasta el día 23, casi 6.000 deportistas de 88 países competirán por hacerse con las 98 medallas en juego en modalidades como esquí alpino, hockey sobre hielo, bobsleigh, biatlón o snowboard. Veremos si en estas dos semanas el deporte ha recuperado el protagonismo que se merece o nuevos acontecimientos ajenos convierten a estos Juegos definitivamente en los más nefastos de la historia.