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Silva engrasa el motor de Emery

El Valencia gana con claridad (3-1) a un Atlético de Madrid de lo más gris. El canario reactiva el juego de los levantinos

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El Valencia tiene un estilo, un método. Aplica un plan que no es infalible, pero que es el camino que considera más idóneo para sacar adelante los partidos. Al otro lado del campo, el Atlético de Madrid es pura incertidumbre. Es un equipo del que resulta difícil adivinar un sistema por el que intenta gobernar sus partidos. Sus cuatro matones de la delantera untan una capa de maquillaje a un conjunto de lo más pálido. Pero a veces, ni ellos son capaces de hidratar un rostro tan gris.

Emery no ha esperado más para hacerle sitio a Silva. El canario es un futbolista de los que sólo hay que dejar en la grada por fuerza mayor. Su presencia en el campo lubrica al Valencia. Le da más toque, más profundidad, hace agradable la noche de los dos jugadores de banda y da una alternativa para cuando no funciona el veneno de Villa. Todo lo mejora. Está hermanado con el césped. No parece notar la inactividad, parece el mismo que se lució en los campos de Austria con la selección en verano.

La novedad le dio bríos nuevos a los levantinos. Salió con los cinco sentidos puestos en el partido. El Atlético de Madrid entró en Mestalla sordo, mudo y ciego. A los diez minutos, el Valencia ya había incrustado la pelota por dos veces en la portería de Leo Franco. El extraño criterio del árbitro Rodríguez Santiago dejó el partido sin goles durante media hora.

Los colchoneros eran incapaces de engarzar una jugada colectiva. Simao fue el único que se atrevió por exclusiva iniciativa personal a llegar hasta el área contraria. Los locales crearon peligro en casi todas las ocasiones en las que se aproximaron a la portería rojiblanca. La pareja Ujfalusi-Heitinga no termina de darle seguridad y contundencia a la zaga. Assunçao y Raúl García debían recular para tapar las fugas.

El colegiado fantaseó con una caída de Baraja dentro del área y le dio ventaja al Valencia desde el punto del penalti. Ni el gol despertó al Atlético. Pernía, sonado, le regaló un balón a Miguel que le regaló a Silva un tanto en su vuelta a la liga. Fue un baño en toda regla. Ni Forlán ni Agüero escribieron una rima. Ninguno de sus compañeros fue capaz de concederle un balón en condiciones. Así las cosas, un penalti en el último suspiro de la primera parte le dio vida al Atlético.

Los rojiblancos adelantaron líneas en el segundo tiempo, pero nunca se sintió cómodo. Siempre le vino el viento de cara. Cuando menos soplaba la brisa, Silva mostró otra de sus habilidades. Con un soberbio golpeo de balón marcó uno de los goles de la jornada. Emery ya tiene sus Reyes: un jugador espectacular.