Publicado: 23.03.2014 08:49 |Actualizado: 23.03.2014 08:49

La sombra de Piqué

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Veintidós goles en contra no son muchos. Son tan pocos que el Barça es el segundo menos goleado de la Liga tras el Atlético. Ha recibido menos que cualquier club de la Premier y sólo el indestructible Bayern, la Juventus y la Roma han encajado menos entre los grandes de Europa. ¿Cómo, con tales cifras, puede ser tan cuestionada todos los partidos la defensa azulgrana? La respuesta no está únicamente en las cifras, sino en la mala imagen choque tras choque. No se podría calificar la retaguardia culé de coladero si no fuera por la multitud de balones perdidos, las pésimas coberturas, las facilidades que se dan a los contrarios, los múltiples espacios... La lista es larga en la mayoría de los choques del equipo en lo que llevamos de temporada. Y este es uno de los aspectos -junto con la creación y el ataque- que lastran al Barça este año en la Liga.

El rigor defensivo, una de las muchas señas de identidad del mejor Barcelona de la historia -el de Guardiola-, hace tiempo que quedó en el olvido, ya fuera por la autogestión, la complacencia u otras razones. Sólo en la primera de las cuatro temporadas de Pep los azulgranas habían recibido más tantos (24) en la mismas jornadas disputadas hasta ahora (28). En las tres siguientes fueron 18, 14 y 19, números muy similares a los que exhibe ahora en Múnich. Puyol y Piqué eran entonces hormigón armado en la zaga. Hoy el Barça se anda buscando, aún con el debate del estilo entre medias, que todavía no se sabe si se llevará a Martino por delante en verano o será el técnico argentino el que deje al club plantado, harto de discusiones. Debaten en el club sobre la edificación del futuro equipo y la retaguardia debería ser uno de los cimientos clave, toda vez que el ataque culé comienza desde la defensa.

La pareja titular Piqué-Mascherano, establecida desde la serie de lesiones de Puyol, se entendió bien hasta la campaña anterior, cuando inició un serio declive hasta entrar seriamente en barrena en la actual. Si bien, la evolución de ambos ha sido algo diferente. Al argentino, de 29 años, le está costando horrores recuperar el nivel previo a su lesión. El Barcelona, mientras tanto, le echó de menos y tiró de recambios temporales, como el que él mismo fue en su momento. Regresó con una serie de actuaciones desastrosas, como la de San Siro ante el Milan a finales de octubre. "El equipo tiene que sufrir lamentablemente otro error mío, y ya son varios", expresó con una inaudita autocrítica. Entre partido y partido mejora, pero todavía a años luz de El Jefecito que Guardiola descubrió como central.

Con Piqué ocurre todo lo contrario. Sufrió un bajón inexplicable a priori, sin que se tenga constancia de lesiones graves o problemas personales. El equipo, entre dolencias varias, como la de Puyol, y el estado físico de Piqué, acabó con una laguna inmensa en la retaguardia. Algo que no le pasó factura en una Liga ganada en diciembre, pero sí en Champions y en Copa con sendas humillaciones. Esta campaña comenzó como el equipo: mejores resultados que juego. Pero incluso en esos partidos en los que el Barça desplegó un juego vistoso y alegre, el barcelonés fue una sombra de su mejor cara, la de hace sólo un par de años. Su estado de forma parece más propio de pretemporada que de un momento en el que los jugadores suelen estar al máximo físicamente. Los rivales le desbordan con facilidad y suele llegar tarde a la mayoría de jugadas, haciendo que el tándem que forma con Mascherano se resquebraje.

Mientras tanto, Bartra aprieta para ser titular con destacadas actuaciones, a excepción de partidos como el de la Real Sociedad. Ha sabido el tarraconense esperar su oportunidad con mucha paciencia, pese a que Tito y Roura apenas le dieron la ocasión. Insiste este año el Tata en jugar con Piqué y Mascherano pese a la fragilidad evidenciada por ambos y el gran estado de forma de Bartra, que muestra unas grandes dotes de serenidad y seguridad. Esas que hasta hace no mucho también exhibía Piqué. Precisa el Barça, para reponerse, de recuperar al central que con Guardiola se convirtió en uno de los mejores del mundo.