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El Villarreal ni se inmuta ante la paliza

Los castellonenses caen eliminados estrepitosamente ante el Wolfsburgo (4-1)

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Hubo asedio, nunca pelea. A los defensas del Villarreal no les pregunten por Dzeko, Gentner, Misimovic, Grafite, todos les parecieron imparables. Así que les concedieron máxima libertad y estos tipos, que jugaron con una velocidad descomunal, arrasaron con todo. A los 15 minutos, el Wolfsburgo ya tenía dos goles y la sensación de que cada llegada al área era una ocasión manifiesta de gol. Pero el Villarreal, en vez de reivindicar su importancia, aceptó la tortura. Sólo Diego López sacó el orgullo y, al menos, él sí demostró a Dzeko o Misimovic que el Villarreal no tendrá defensa, pero sí portero. Algo es algo.

La esperanza amenazó a la media hora cuando Capdevila marcó a pase de Senna. Fue un gol de hombría, de la gente que no se rinde. Pero ese gol no tuvo verdad. Antes de que los sueños pidieran permiso, el Villarreal demostró que se sentía tan a gusto en el infierno que no había manera de sacarlo de allí. Sobre todo, a Ángel, el lateral, que fue un auténtico juguete para Dzeko. En la jugada del tercer gol, el que destrozó todo el misterio, le pasó con la facilidad que un descapotable atraviesa a un tractor. Pero, no se crean, Ángel se quedó tan pancho. Antes, ya había enviado a su propia portería el segundo gol.

La reanudación fue innecesaria. Salió Llorente para acompañar a Nilmar, que sigue de vacaciones en la playa. En un mano a mano con el portero Hitz, fue más inocente que una cerilla apagada. Pero no sólo él. En general, lo fueron todos los jugadores del Villarreal si se exceptúa a Senna, orgulloso hasta el día de su funeral, o Jefferson, que en poco tiempo demostró que en el Villarreal puede haber algo de futuro. Presente, por ahora, poco.