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Bernanke no anuncia las medidas de estímulo esperadas

Reconoce la ralentización de la economía, pero retrasa hasta septiembre una intervención

BEATRIZ JUEZ

El presidente de la Reserva Federal (Fed), Ben Bernanke, aseguró en Jackson Hole (Wyoming) que la entidad aún tiene herramientas para estimular la economía, pero evitó anunciar cuando podría utilizarlas ni cómo. En un mensaje de una dureza inusual, el jefe del banco central de EEUU apuntó al bloqueo político en Washington y la crisis de la deuda soberana europea como los principales impedimentos para el crecimiento de la economía de Estados Unidos.

En la reunión informal de banqueros centrales de Jackson Hole, Bernanke se declaró confiado en que la economía estadounidense se recupere sin tener que inyectar de momento más dinero. La Reserva Federal “está preparada para utilizar las herramientas necesarias para promover la recuperación”, dijo Bernanke. Pero aplazó cualquier decisión al respecto hasta, por lo menos, septiembre, con la próxima reunión de la Fed.

A diferencia del discurso del año pasado en esta misma localidad, donde Bernanke anunció un plan de compra masiva de bonos, el presidente de la Fed eludió mencionar una nueva ronda de compra de deuda pública, como deseaban los mercados. Entre otras cosas, porque la medida no parece convencer a todos los miembros de la entidad. El presidente del banco de Filadelfia de la Reserva Federal, Charles Plosser, se opuso precisamente a una tercera ronda de compra de bonos, ante el temor de que se dispare la inflación.

Con los tipos de interés cerca del 0%, los instrumentos de los que dispone la Fed son limitados. “A la Fed desafortunadamente no le quedan conejos en la chistera que de forma mágica reactiven el crecimiento económico”, dijo el analista Nigel Gault, economista jefe en EEUU de IHS Global Insight. “Está haciendo lo que puede (y probablemente eso significará más compra de bonos en algún punto) pero ya ha utilizado su principal munición”, añadió Gault.

Bernanke criticó a los políticos estadounidenses, por el espectáculo que dieron este verano, cuando la intransigencia del Tea Party en las negociaciones para elevar el techo de la deuda estuvo a punto de abocar a EEUU a la suspensión de pagos. “La calidad de la elaboración de las políticas económicas influirá mucho en las perspectivas a largo plazo de la nación”, aseguró Bernanke.

El acuerdo in extremis que lograron demócratas y republicanos no dejó satisfecho a nadie, pues dio la sensación que los políticos estaban más preocupados por obtener beneficios electorales que en sacar a la economía del bache en el que se encuentra. Días después del acuerdo, la agencia Standard & Poors (S&P) rebajó, por primera vez en la historia, la máxima nota crediticia que la famosa triple A.

El discurso de Bernanke coincidió con la revisión a la baja del Producto Interior Bruto (PIB) de EEUU. El Departamento de Comercio anunció que la economía creció a un ritmo anual del 1 % en el segundo trimestre del año, por debajo del 1,3% que había previsto en su primer cálculo entre los meses de abril y junio de 2011. Este dato anual equivaldría a una tasa trimestral del 0,25 %, una cifra parecida a la que ha registrado España (un 0,2 %).

Esta revisión a la baja del PIB incrementa los temores a que se produzca una nueva recesión, alentados también por un índice de desempleo del 9,1%, inusualmente alto para este país.

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