Publicado: 28.10.2015 13:34 |Actualizado: 28.10.2015 16:54

La Bolsa Social, un Ibex con valores... éticos

La primera plataforma de financiación participativa autorizada en España por la CNMV conecta a inversores interesados en las llamadas finanzas éticas con empresas que generen un impacto positivo en la sociedad y el medio ambiente.

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Paneles informativo de la Bolsa de Madrid. EFE

Paneles informativo de la Bolsa de Madrid. EFE

MADRID.— "La Bolsa Social nace con el objetivo de convertirse en el mercado financiero de referencia para inversores y empresas con valores positivos. Seleccionamos las empresas con el rigor del capital riesgo, las financiamos mediante la fuerza colaborativa de la financiación participativa y aportamos la dimensión ética de la inversión". 

Así explica José Moncada, director de la Bolsa Social, el funcionamiento de esta nueva plataforma de financiación participativa de empresas, la primera que la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) autoriza en España al amparo de la nueva ley del crowfunding aprobada el pasado mes de abril por el Congreso de los Diputados . Por resumir, podría decirse que la Bolsa Social es un Ibex-35 con carácter ético, un mercado financiero "dirigido a inversores y empresas con valores". Y no precisamente financieros. 



Cualquiera puede invertir en el capital de una empresa o de un proyecto. Los responsables de la Bolsa Social seleccionan —y lo publican en un índice— a empresas "con un buen modelo de negocio y potencial de crecimiento" para garantizar, así, una buena inversión. Sólo hay una condición, explican los responsables de la Bolsa Social, en su nota de prensa: esta empresas "deben producir un impacto positivo y constatable en la sociedad y el medio ambiente". 

El funcionamiento de esta plataforma es principio muy simple: la inversión se realiza a través de Internet. Cómo explican desde la Bolsa Social, "durante campañas de dos a tres meses los inversores depositan su dinero en una cuenta especial en Triodos Bank. Si se alcanza el objetivo de financiación, la Bolsa Social formaliza la ampliación de capital. Si no se logra ese objetivo, entonces se devuelven las aportaciones sin coste alguno para los inversores". 

Hay una tercera pata de la mesa: el seguimiento de la inversión. Los responsables de la Bolsa Social establecen "indicadores de impacto social y medioambiental" para medir si las empresas en las que se invierte cumplen o no. Además, hay un canal de información permanente abierto entre inversores y emprendedores a través de la cuenta personal de los inversores. Por último, habrá un reporte periódico de resultados económicos e impacto social de  los proyectos.

Lo cierto es que cada vez son más los que los economistas, intelectuales y organizaciones sociales que reclaman apostar decididamente por una economía ética que no mida únicamente el beneficio empresarial, sino también el impacto positivo de la actividad de una empresa en la sociedad y en el medio ambiente. 

En ese sentido, la Bolsa social, señalan sus impulsores, es un claro ejemplo de las llamadas finanzas éticas. Este sector ha experimentado, junto a la economía colaborativa, un notable crecimiento en los últimos años. Según un reciente estudio, la financiación participativa alcanzó en 2014 la cifra de 82 millones de euros y desde 2012 ha crecido un 116%. 

Para cumplir su objetivo, la Bolsa Social cuenta con el apoyo de Triodos Bank, banca ética y sostenible de referencia en Europa, o la firma de análisis financiero Analistas Financieros Internacionales (AFI). Además se ha aliado con actores relevantes del ecosistema del emprendimiento social en España como Ashoka, UnLtd Spain, Ueia o Impact Hub Madrid, entre otros.