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Alta traición en pleno barrio de Salamanca

Llegó a plantearse dejar la política tras una serie de tragedias familiares

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A Alfredo Pérez Rubalcaba y a Pilar Goya Laza les unió la química con minúscula y la Química con mayúscula. Es fácil conjeturar que ese previsible juego de palabras se lo habrán hecho cientos de veces sus amigos y conocidos, pero es que ante ciertas simetrías mucha gente no es capaz de mantener a raya su ingenio. Se casaron a finales de los setenta, pero se conocieron a principios de la década cuando ambos coincidieron en la Facultad de Químicas de la Complutense.

Pilar Goya es una reputada científica y su último trabajo, publicado este mismo año, junto a María Isabel Martín, se titula El dolor. En la presentación, en enero de este año, la autora dijo que 'la química nos ayuda a entender el mundo a nuestro alrededor y puede proporcionar las soluciones a muchos de los problemas a los que nos enfrentamos hoy'.

Hablaba de la química, pero parecía hablar de Rubalcaba. Menos mal que entonces aún no era candidato, que si no los de siempre ya habrían logrado demostrar sin ningún género de dudas que el taimado líder socialista estaba utilizando a su mismísima esposa para convencer a los cándidos científicos allí presentes de que votaran al PSOE.

A Pilar no le gustan los focos. La gente suele decir que los miembros de una pareja se parecen, pero tal vez ocurra lo contrario: todos los políticos tienen una debilidad por los focos que casi ningún cónyuge comparte. Por fortuna para la gente como Pilar Goya, este país no es cotilla en materia de maridos o esposas de gente dedicada a la política.

La familia de Pilar también era acomodada como la de Rubalcaba y, aunque originaria de Euskadi, vivía igualmente en el selecto barrio de Salamanca. Pese a ser vecinos de un barrio tan de derechas, ambos se hicieron pronto de izquierdas, lo cual debía ser hacia 1970 un hecho tan insólito, extravagante y mal visto como lo sigue siendo 40 años después.

Pilar Goya, la mujer de Rubalcaba, es una reputada científica

No eran tiempos fáciles, pero ambos eran jóvenes y brillantes y amaban la vida. Los tiempos malos de verdad llegarían muchos años después, en la primera década del nuevo siglo, cuando tres de los cuatro hermanos de Pilar murieron por distintas causas en apenas unos meses. El matrimonio, que no tiene hijos, acogió a dos sobrinos tras aquella sucesión de tragedias. Rubalcaba pensó en dejar la política para estar cerca de su mujer. Conocer la mecánica secreta del dolor, como ella la conoce, no debió servirle de mucho consuelo. Si sirviera, ya se habría corrido la voz y todo el mundo estudiaría química. Para tales casos suele ser más efectivo ser valiente que saber química. Y quienes la conocen cuentan que Pilar lo es.

De la vida familiar de la pareja no se sabe mucho. Sus amigos son muy discretos, pero ello no ha impedido que se hayan publicado varios libros sobre Rubalcaba cuyos autores deslizan sórdidas insinuaciones sobre oscuros negocios urdidos por el diabólico candidato. Se llaman también libros como los que escribe Pilar Goya, pero en realidad son actos de guerra y ya se sabe que en la guerra vale todo. Sobre todo cuando se combate a gente tan desaprensiva como para traicionar a un barrio tan fino como el de Salamanca.