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Artur Mas se rodea de cuatro consellers independientes y el socialista Mascarell

El president toma posesión de su cargo con un discurso identitario y cierra un Ejecutivo con cuatro consellers de Jordi Pujol. El PSC exige al nuevo titular de Cultura que rompa el carnet de partido

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La imagen de Artur Mas con una mano en la espalda de José Montilla junto al coche oficial de este resumía lo ocurrido en la política catalana en el último mes. Mas acababa de tomar posesión como nuevo president de la Generalitat y Montilla, con rictus gélido, entraba en el vehículo y abandonaba, tras cuatro años en el cargo, el Palau de la Generalitat. Se acababa de cerrar una etapa, la del Gobierno de izquierdas. Y empezaba otra, la de Mas y el retorno de CiU.

El ya ex president impuso la medalla que lo acredita como su sucesor en el cargo a quien en su día fue el delfín de Jordi Pujol, y Mas abrió oficialmente su mandato con un discurso centrado en la crisis y en la construcción nacional catalana. 'Soy consciente de que el país está repleto de problemas y dificultades', dijo, para hacer un llamamiento para superar esta situación: 'Cualquier persona que tenga algo que aportar tiene la obligación moral de ponerlo sobre la mesa'.

Más se mostró explícito al hablar de la cuestión nacional catalana. Prometió el cargo, como indica la ley, afirmando su fidelidad al rey, a la Constitución y al Estatut, pero lo hizo añadiendo la frase 'con plena fidelidad al pueblo de Catalunya'. Fue un avance de lo que vendría después. 'La plenitud nacional de Catalunya a la que muchos aspiramos requiere esfuerzo constante', dijo, matizando que 'no es trabajo para impacientes'. Asimismo, tiró de la épica para manifestar, ante la atenta mirada del vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves, que 'la vida de los estados, en el mejor de los casos, es cuestión de siglos, porque no dejan de ser construcciones artificiales, pero la vida de las naciones se puede medir en milenios'.

'Un Govern de los mejores' fue la promesa que Mas reiteró durante la campaña. Las palabras resonaban al hacerse pública cuál será la composición definitiva del nuevo Ejecutivo catalán.

Ferran Mascarell, que llevará Cultura, optaba a sustituir al alcalde Jordi Hereu

En total, 11 consellers más un secretario de Presidència encarnan el regreso de CiU a la Generalitat. Al profesor Francesc Xavier Mena, en Empresa i Ocupació, Boi Ruiz, en Salut, y la abogada Pilar Fernández Bozal, en Justícia, se une como independiente Andreu Mas-Colell, en Economia. También tienen cartera cinco dirigentes de Convergència y dos de Unió. Cuatro de los nuevos consellers Felip Puis, Irene Rigau, Mas-Colell y Josep Maria Pelegrí estuvieron en los gobiernos de Pujol.

Pero más llamativa que la cuota de personas sin carnet fue la aceptación del cargo de conseller de Cultura por parte del socialista Ferran Mascarell. La jugada de Mas, similar a la que empleó Nicolas Sarkozy en Francia, generó un profundo malestar en el PSC a pesar de que el nuevo conseller informó a Montilla antes de tomar su decisión.

Los socialistas ya anunciaron la fulminante salida de Mascarell como militante, a pesar de que dejarán pasar un tiempo a que sea quien ya fue conseller con Pasqual Maragall el que renuncie al carnet. 'No se entiende explicaba un diputado. CiU y PSC representan proyectos opuestos'. Su decisión llega en un momento delicado para los socialistas tras las acusaciones recibidas de bendecir una sociovergencia con su abstención en la investidura. 'De sociovergencia nada, hoy dejamos de considerar socialista a Mascarell', apuntaba otro dirigente, que afirmaba que lo ocurrido es 'muy fuerte' y hablaba de 'deslealtad'.

En ese ambiente, apuntaban que 'durante toda la campaña hablaron del Govern de los mejores y ahora resulta que es más de lo mismo: aparato de CiU, que se ha metido a última hora, y caras conocidas de la era Pujol'. Y lamentaban que 'la novedad es que han ido a cogerla a campo contrario'.

Mas proclama que los estados duran 'siglos' y las naciones, 'milenios'

El nombramiento de Mascarell tiene, además, una lectura en clave electoral de cara a las municipales, donde CiU tiene esperanzas de ganar, por primera vez, la batalla de Barcelona. Mascarell desempeñó varios cargos en el Ajuntament de Barcelona y puede ayudar a CiU a transmitir una imagen centrada. El fichaje también tiene repercusiones en el seno del PSC de Barcelona, ya que Mascarell se había propuesto como futuro alcaldable en caso de que Jordi Hereu abandonara el barco.

Fuentes de la federación del PSC de Barcelona acusaron a Mascarell de 'trabajar más para él que para el partido', insistían en que su candidato ha sido siempre el actual regidor y señalaban que el cambio de planes de Mascarell 'acredita más la figura de Hereu'.

Cuando Mas salió al balcón del Palau de la Generalitat, se abrazó con Xavier Trias, alcaldable de CiU en Barcelona, y señaló el edificio de enfrente, el Ajuntament de Barcelona, próximo objetivo de una CiU que en esta nueva etapa se ve capaz de todo.

El portavoz del PP, Esteban González Pons, pidió a Artur Mas que “no anteponga” sus intereses a los de los españoles y que “no apuntale a Zapatero a cambio de nada”. El dirigente conservador dijo que su partido tenía dos preocupaciones: “Que CiU no quiera acatar” la sentencia del Supremo respecto a la enseñanza en Catalunya y “la práctica desaparición del PSC en el Parlament”. “Hay muchos votantes socialistas que no esperaban que, antes de empezar la partida, ya hubiesen renunciado a su tarea de oposición”, indicó Pons. Además, afirmó que es “inexplicable” el comportamiento de los socialistas catalanes, no sólo por apoyar la investidura de Mas, sino por la inclusión de Ferran Mascarell en el Govern. Pons criticó que el PSC no se aviniese a su nuevo rol: “Le gusta gobernar aunque pierda, a toda costa, le gusta chupar del bote del Gobierno aunque le hayan mandado a la oposición”.

También ICV-EUiA se refirió al fichaje de Mascarell. Jordi Miralles calificó el nombramiento de “OPA hostil de CiU después de la actitud de generosidad que tuvo el PSC durante el debate de investidura” y habló de “Gobierno de restauración”. Dolors Camats, por su parte, aseguró que el Ejecutivo que ha diseñado Mas representa “a la derecha catalana y al mundo de los negocios” y lamentó que varios consellers ya lo fueran con Jordi Pujol.