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Blanco abre expediente disciplinario a 442 controladores

Blanco: "Ahora toca hacer justicia". Los aeropuertos vuelven poco a poco a la normalidad

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Los controladores afrontan una cascada de responsabilidades penales y administrativas por el caos aéreo que el Gobierno atajó decretando un inédito estado de alarma de 15 días (poniéndolos bajo el mando del Ministerio de Defensa), y ayer empezaron a darse realmente cuenta. El ministro de Fomento, José Blanco, dejó claro que el paro que organizaron, disfrazado con bajas masivas por estrés y ansiedad que generó cierres del espacio aéreo el viernes y parte del sábado, 'no puede quedar impune'. 'Ahora toca hacer justicia', dijo. Y les advirtió de que sobre ellos 'puede recaer el peso de la ley'. No lo aclaró, pero el posible delito podría ser de sedición o de coacciones, con penas de cárcel de entre seis meses y ocho años. Además, corren el riesgo de ser despedidos.

Fomento ya ha abierto a 442 de ellos un expediente disciplinario, a través de la empresa pública de aeropuertos, Aena. Si ve responsabilidad en el paro salvaje puede sancionarlos con suspensión temporal de empleo y sueldo o, en último caso, despedirlos. Esta decisión ya la tomó el presidente estadounidense Ronald Reagan, en 1981, cuando dejó en la calle a más de 7.000 controladores y los sustituyó por militares. Eso en el terreno laboral, pero en el penal, las fiscalías de Madrid, Balears y Valencia citarán en los próximos días a más de cien controladores para investigar si incurrieron en delitos.

Las denuncias sólo acaban de empezar. Un bufete madrileño está agrupando las de miles de afectados. Y el Gobierno de Canarias ya presentó anteayer una denuncia ante el fiscal general canario contra los controladores por entender que están cometiendo 'delitos que están atentando contra el interés general de Canarias de forma muy sensible', según el consejero de Obras Públicas y Transportes del Gobierno de Canarias, Juan Ramón Hernández, informa Ep.

Varias fiscalías citarán a más
de un centenar de profesionales

Las aerolíneas, que han tenido que dar otro vuelo, además de alojamiento y comida, a los afectados por el cierre del espacio aéreo, tampoco se quedarán paradas. De momento, la Asociación de Compañías Españolas de Transporte Aéreo (Aceta), entre las que figuran Iberia y Air Europa, estudia las pérdidas provocadas por los controladores antes de tomar una decisión.

Los pasajeros a los que los controladores han aguado el puente poco a poco iban saliendo hacia sus destinos. A falta de un cómputo final, se estiman unos 640.000 afectados por el cierre total del espacio aéreo, que se limitó a 18 horas desde la madrugada del sábado, la mayor parte de noche, como puntualizó Blanco. El viernes estuvieron cerrados el espacio de Madrid y Balears.

Blanco confirmó la vuelta 'paulatina' a la normalidad y recordó que a las 12.30 horas ya se habían operado 1.558 vuelos y 162.000 pasajeros habían podido realizar su viaje planificado para este puente. El ministro reiteró que el decreto aprobado el viernes para aclarar a los controladores que dentro de sus 1.670 horas anuales no entran los permisos médicos ni horas sindicales 'ha sido la solución', no 'el detonante' de las bajas masivas. Ese decreto 'evitó que los controladores pudieran seguir haciendo daño tal y como tenían planificado', dijo el ministro. No quiso entrar en valoraciones oficiales. Pero sobre el sindicato Usca recaen sospechas de que pudo orquestar el paro, algo que tendrán que investigar los jueces.

Blanco agradeció reiteradamente a los ciudadanos, en nombre del Gobierno, su 'civismo' y 'comportamiento ejemplar', e insistió en que el daño ha sido menor que el provocado por las cenizas del volcán islandés o la huelga de controladores franceses.

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Pasadas las diez de la noche, eran ya 3.362 los vuelos operados (1.593 de llegada y 1.769 de salida), un 83% de los programados, según Aena. En Madrid operaron 867, el 81% de las conexiones, y se cancelaron 73 vuelos. En Barcelona, despegaron 602, el 87% de los programados.

La normalidad volvía lentamente a los aeropuertos, ya que primero las aerolíneas tenían que recolocar a los pasajeros que no pudieron salir el viernes y luego el resto. Pero no fue así en todos los casos. Algunos pasajeros se quejaban en Barajas de que ayer aún no les habían asignado vuelo, cuando tenían que salir el viernes. La operativa habitual es difícil que se recupere antes del lunes o el martes. Y siguen llegando cascadas de reclamaciones a Aena y a las aerolíneas por el caos y las cancelaciones o recolocaciones, además de por el coste añadido que les genera a los viajeros no poder llegar a sus destinos.

Mientras, los controladores evitaron ayer salir en los medios de comunicación. Ayer se demostró una vez más la belicosidad del sindicato mayoritario de los 2.400 controladores, Usca. Como ya publicó este diario, Usca se presentó en el Ministerio de Fomento en pleno caos aéreo para ofrecer su propuesta de convenio colectivo, el motivo del largo conflicto. Obviamente, fue rechazada y se les dijo que la prioridad era la vuelta de los controladores a su trabajo. Ayer, Blanco desveló la propuesta que llevaron a esa reunión de las siete de la tarde varios miembros de Usca. Con el texto, exigían recuperar sus antiguos privilegios tanto de sueldo (350.000 euros al año en vez de los 200.000 actuales) como de horas (1.420 horas, en vez de 1.670). Además, reclamaban que fuera válida una baja firmada por cualquier médico para evitar inspecciones como las del verano pasado.

Por si quedaban dudas, sobre todo entre los controladores, el estado de alarma decretado por el Gobierno el sábado durará el plazo de los 15 días estipulado. Fuentes de Fomento lo confirmaron ayer. En todo caso, hay probabilidades de que el Ejecutivo prorrogue esta situación (que tendría que ser autorizada por el Congreso) para evitar que los controladores tengan la tentación de nuevas movilizaciones en plena Navidad. El plazo de 15 días expira el día 19. El sindicato de los controladores, Usca, guardó ayer silencio mediático por consejo de su abogado. Su portavoz, César Cabo, dijo en Facebook que es “una situación totalmente anómala, consecuencia de un caos que se podía haber evitado y que tiene más que un solo culpable”.