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Centella, el diputado que devolvió a Aznar 1.373 pesetas

El nuevo líder del PCE luce experiencia y ganas de trabajo colectivo, pero flaquea en emoción y oratoria

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José Luis Centella (Córdoba, 1958) no va de doble de Cayo Lara, de una especie de Cayo Lara, versión 2009, por mucho que sean los dos del PCE. Ni echa mano de la emoción, ni derrocha simpatía. A veces hasta se lía y habla a trompicones. A cambio, cuenta con más galones en la alta política, esa que los finolis que identifican con las instituciones del Estado. Maestro de profesión, arribó al Congreso en 1995 y renovó escaño en Madrid en 1996 y en 2000. En los ochenta había probado la otra política, la local, en sus años de edil en Benalmádena (Málaga).

Pero, como recordaba ayer la agencia Efe, fue en sus años en la Cámara baja cuando devolvió dinero a José María Aznar. Fue el 14 de octubre de 1996. Él, otro diputado de IU, Antonio Romero, y otros cargos malagueños de la federación enviaron al entonces presidente del Ejecutivo 1.373 pesetas por cabeza, en protesta por el maltrato que el Gobierno del PP había dispensado a Málaga. Era la cifra per cápita que había presupuestado Hacienda en inversiones en la provincia.

En 2002, Centella ascendió a jefe del PCE andaluz. Y lo ha dirigido, le reprochan sus críticos, con algún que otro ramalazo “sectario”. Pero puntúa su “capacidad de gestión y espíritu colectivo”, le alaban otros. Con poco carisma –'está claro, no levanta pasiones', comenta un dirigente–, con timidez rampante. No le importa. Le luce más “la lucha, dejarse la piel para hacer del PCE un gran PCE”, como él mismo dijo ayer en su intervención ante el plenario del congreso. Quizá no anda del todo desencaminado.

Es, en todo caso, un perfil muy opuesto al de su antecesor en el cargo. Ambos son fríos, pero su carácter les separa. Si Paco Frutos se calienta, puede resultar áspero, agrio incluso. A Centella le cuesta más encenderse. Le vendrá mejor para consolidar la cohesión del PCE, limar aún más asperezas con IU –trabajo más que sencillo por su sintonía con Lara–, para devolverle el esplendor del que gozó en la época de Pepe Díaz –el hombre que hizo posible la convergencia con las izquierdas en los años treinta y el que apostó por la resistencia en la Guerra Civil hasta el final–, de Pasionaria y hasta de Santiago Carrillo, al que por cierto el partido se empeña en olvidar. 

A Centella le salvará, por ahora, la paz interna y el fuerte aval que recibió ayer de sus compañeros, de hasta un 85,29%. La historia, al menos en su primer día en el cargo, se pone de su parte. Habrá que ver si le deja seguir escribiendo los renglones del derecho. 

Toda la información sobre la clausura del XVIII Congreso del PCE aquí.