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Que dios nos pille convocados

  

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Que esta legislatura estaba vista para sentencia ni siquiera era ya un secreto a voces. La salida de Rubalcaba del Gobierno lo ratificó por si alguien tenía alguna duda. Y no es casual que, precisamente al anunciar en rueda de prensa el cambio de ministros, Zapatero evitara decir, el pasado 11 de julio, como había sostenido hasta pocas fechas antes, que seguía determinado a agotar la legislatura o, lo que es lo mismo, a mantener el calendario electoral de marzo de 2012.

He aquí, pues, que, a mediados de julio, el presidente expresa mediante la citada elusión lo que íntimamente él, Rubalcaba y Pepe Blanco ya sabían: las elecciones serán en otoño. En aquellas fechas, la presión de los mercados financieros se intensifica. Y también las sugerencias a Zapatero desde distintos ámbitos (Bruselas, Banco de España, organizaciones empresariales y otros contactos más personales) de que para calmar a las fieras (los mercados) quizá haya que cambiar el discurso: lo que ahora daría más seguridad no es agotar la legislatura, sino anunciar con bastante antelación el calendario.

Zapatero vuelve ahora a ponerse al frente de la manifestación

Como en mayo de 2010, al lanzar su plan de ajuste, o un año más tarde, en relación con el anuncio de que no será candidato, Zapatero vuelve a ponerse al frente de la manifestación. Ya no sólo se trata de anticipar las elecciones, que eso estaba hecho, sino de informar de que disolverá las Cortes el 27 de septiembre.

Lo que Rubalcaba daba por finiquitado por razones de sentido común político, Zapatero lo ha llegado a explicar desde los mercados. A saber: que la situación financiera es tan difícil de predecir, y mucho menos controlar, que es mejor abandonar el secretismo sobre la fecha electoral y utilizar el discurso de la anticipación. Por dos razones: como un intento de evitar lo peor (el rescate) y, en el caso de que lo peor tenga lugar, quién sabe, haber dado ya el paso de la convocatoria, lo que equivale a repartir el peso de la responsabilidad política. Pues eso: que dios nos pille convocados.

Aunque la decisión de hacer el anuncio es anterior, el comunicado de la agencia Moody's difundido ayer es una clave para saber que lo peor no ha pasado todavía. La agencia subraya 'las continuas presiones de financiación que enfrenta el Gobierno español, que el precedente establecido por el paquete oficial para Grecia tenderá probablemente a acentuar para futuros acuerdos de rescate, y el resultante incremento de riesgo para los tenedores de bonos'. Ergo: cualquier avance en el caso de Grecia ya es malo para países como España.

Ha hecho su última travesura adolescente: convocar el 20-N

La fecha del 20-N tiene también su morbo. Zapatero podía haber resuelto disolver en agosto para convocar el 30 de octubre. Problema: el presidente hará aprobar un decreto ley el 19 de agosto con medidas sociales que necesitará convalidar en las Cortes en las dos sesiones ya previstas para septiembre. La otra posibilidad, el 27 de noviembre, no era viable porque debía disolver el 5 de octubre. Problema: que el 30 de septiembre tenía que presentar el proyecto de Presupuesto o la prórroga del actual. Y ya se había decidido que ni proyecto ni prórroga. Otras fechas como el 13-N, por los días festivos, no daban los 15 días de campaña. Esto permitió a Zapatero, con el respaldo de Rubalcaba, hacer su última travesura adolescente: convocar el 20-N. Es una llamada simbólica al voto antifranquista y, al tiempo, calificar de antemano la victoria de Rajoy.