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Las elecciones aceleran la "nueva etapa" del PSOE

La fecha del Congreso para elegir al nuevo secretario general dependerá de los resultados de Rubalcaba y de cuándo se hagan los comicios en Andalucía

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'Nueva etapa' es la expresión acuñada por el equipo de Alfredo Pérez Rubalcaba para resumir el periodo que se abre en el PSOE tras el anuncio oficial de que las elecciones generales se celebrarán el 20 de noviembre, un adelanto que constituye el penúltimo paso atrás de José Luis Rodríguez Zapatero en el proceso de sucesión que abrió el 2 de abril, cuando comunicó al Comité Federal su decisión de no repetir como candidato.

Una 'nueva etapa' que no se quiere limitar al PSOE, sino proyectarla desde él hacia España con un resultado electoral que permita mantener el Gobierno. Para lograrlo, se trata de identificarla con una 'nueva forma de hacer política', que sintonice con las principales demandas hasta ahora canalizadas por el Movimiento 15-M y que permita recuperar la confianza de los millones de votantes que abandonaron al PSOE el 22-M. Los que se fueron a la derecha se consideran irrecuperables y los que buscaron refugio en otros partidos de la izquierda se juzgan de difícil reconquista a corto plazo, de modo que el esfuerzo se concentrará en los abstencionistas.

El candidato limitará a 'tres o cuatro días' su descanso veraniego

Es a estos a los que va dirigido el recordatorio de que los jóvenes británicos no se estarían lamentando ahora por la fuerte subida de las tasas universitarias aplicada por el Gobierno conservador de David Cameron si 'aquel domingo' hubieran acudido a votar en lugar de quedarse en casa.

Con lo peor del 'trabajo sucio' para frenar la crisis hecho ya por Zapatero, el candidato del PSOE quiere protagonizar también una nueva etapa de 'modernización' de España que, inevitablemente, tiene la creación de empleo como reto principal. Sería la 'segunda gran modernización económica' que Zapatero ha querido protagonizar y no ha podido, aunque su equipo reivindica para él el mérito de haber sentado los fundamentos.

Modernización económica y política, ejes del nuevo proyecto

Una modernización que Rubalcaba quiere llevar igualmente a la política, con medidas como la reforma del sistema electoral, pero también con gestos que lleven su impronta personal.

Aquí se enmarca su renuncia a seguir la tradición de los mítines en plazas de toros, decisión en la que confluyen dos factores: no se trata del escenario que mejor se adapta a sus cualidades y muchos expertos electorales consideran que los grandes mítines, salvo en momentos puntuales, son un formato periclitado frente a las posibilidades abiertas por las nuevas tecnologías. Por eso, aunque el móvil del candidato sea antediluviano sus funciones se limitan a las de telefonía, ya se pasea con su tableta y se ha dado de alta en Twitter.

Un proyecto de alcance

El Comité Electoral resalta la 'generosidad' de Zapatero

Pero Rubalcaba no quiere limitarse a los gestos. Buena parte de sus expectativas están depositadas en configurar un programa electoral de calado suficiente como para que sea percibido como un proyecto político para 'la España de 2016'.

Acabar de perfilarlo será su principal dedicación durante el mes de agosto, ya que en la primera quincena de septiembre deberá estar en poder del millar de participantes la ponencia marco para la Conferencia Política que aprobará su propuesta electoral en el primer fin de semana de octubre.

Además del debate global al que dará pie la ponencia-marco, se preparan varias mesas paralelas de discusión en torno a 'cuatro o cinco' asuntos a los que el candidato quiere dar especial relevancia, como el empleo o la reforma del sistema electoral, que pasa por acabar con el tabú que pesa sobre una reforma de la Constitución.

La necesidad que Rubalcaba tiene de calafatear su figura como último portavoz de Felipe González y de José Luis Rodríguez Zapatero, del que ha sido también vicepresidente, pasa por un programa con ideas innovadoras, aplicando la máxima de que lo viejo no tiene por qué ser antiguo.

Esta necesidad coincide con la apuesta estratégica de explotar al máximo el contraste entre los candidatos, donde el último barómetro del CIS confirmó que radica la principal ventaja del socialista.

Por la confluencia de ambos factores, mientras que Mariano Rajoy se despidió el viernes de los periodistas deseándoles 'buenas vacaciones', Alfredo Pérez Rubalcaba no piensa dar descanso. Sus vacaciones se reducirán este año a 'tres o cuatro días', según aseguran fuentes de su equipo, que le ha diseñado una intensa agenda de trabajo para agosto, tanto de actividades públicas como internas.

Se trata no sólo de aprovechar el tiempo, sino también de contraponer la imagen de un abnegado servidor público con la de que quien, según los relatores de su trayectoria política, actúa siempre con la técnica de esperar a que los problemas se resuelvan por sí solos.

Los socialistas también se preparan para utilizar el clásico debate sobre los debates cara a cara en televisión como prueba de contraste entre un político 'valiente' y otro que rehúye los terrenos que no le son propicios. Rajoy se negó en 2004, cuando también partía como favorito, a medirse en televisión con Zapatero. Y aunque Zapatero no le correspondió con la misma moneda en 2008, los socialistas dudan de que Rajoy quiera repetir, si bien el presidente del PP ya ha aceptado públicamente el reto, que será uno de los alicientes de la campaña.

Mientras, los cuadros dirigentes del PSOE se han ido de vacaciones con el revulsivo anímico del barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y una conclusión motivadora: 'Hay partido'. Esta tesis la sostienen hasta los últimos y escasos leales a Zapatero, que acogieron el anuncio del adelanto electoral con sentimientos encontrados, dolidos por la saña con la que el presidente está siendo juzgado en su adiós y convencidos, al mismo tiempo, de que ha hecho lo mejor que podía hacer: acortar la agonía y convocar elecciones en el momento que más podía favorecer al candidato socialista sin perjudicar los intereses del país.

El PSOE planificó su Conferencia Política con la idea de que fuera la gran plataforma de lanzamiento de Rubalcaba. Cuando se clausure, el 2 de octubre, faltarán ya sólo 41 días para las elecciones, una distancia que se adapta mucho mejor a las condiciones de velocista del candidato que la carrera de varios meses que hubiera supuesto apurar la legislatura hasta marzo, como era la pretensión original del presidente del Gobierno. Por eso, pero no sólo por eso, desde el Comité Electoral se ensal-zaba ayer 'la generosidad' con que ha actuado Zapatero.

Aún habrá más ocasiones de comprobar esa generosidad porque el mandato de Zapatero como secretario general del PSOE seguirá vigente cuando deje de ser presidente del Gobierno. Si decidiera apurarlo, duraría hasta julio.

Lo habitual es que el cónclave socialista, del que habrá de surgir un nuevo secretario general, se celebre a continuación de las elecciones generales. El momento dependerá de los resultados que obtenga Alfredo Pérez Rubalcabauna victoria o una derrota por la mínima lo ungirían de manera automática, pero una derrota contundente reabriría la lucha por el poder aplazada por la renuncia de la ministra Carme Chacón a disputar la candidatura en unas elecciones primarias.

Y también dependerá de si José Antonio Griñán mantiene hasta el final su compromiso de que las elecciones en Andalucía se celebren en marzo. En este caso, el cónclave tendría que esperar a que pasara esta convocatoria porque nadie se imagina al PSOE celebrando un congreso con su federación más importante metida de lleno en campaña electoral.

En todo caso, la 'nueva etapa' no será una realidad completa hasta entonces, cuando se sepa si Griñán es el penúltimo barón del PSOE o Andalucía se convierte en El Álamo socialista.