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Nada de inglés, algo de francés y quizá portugués

Rajoy estudia inglés en casa tres horas semanales con un profesor particular. Culpa a la política educativa de su desconocimiento de lenguas extranjeras

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Hay dos momentos en que un político español suele decidirse a aprender inglés: cuando cree que puede llegar a presidente y piensa que le será útil para entender directamente las instrucciones económicas dictadas por el Banco Central Europeo o la Cancillería de Berlín; o cuando ya ha sido presidente y piensa que le será útil para hacerse de oro contratándose como asesor de grandes entramados internacionales o simplemente para poder hablar mal de su país en cualquier parte del mundo sin necesidad de traductores. Para alivio de todos, Rajoy pertenece al primer grupo, de manera que nunca recalará en el segundo.

Como en el viejo chiste del búho, Mariano Rajoy no habla inglés pero se fija. El candidato se lamenta desde hace años por no haber aprendido inglés en su momento, pero hace algún tiempo decidió ponerle remedio tomando clases del idioma que cree dominar José María Aznar. La brillante trayectoria de estudiante de Rajoy, su tenacidad y su buena memoria parecen augurar el éxito de su empeño. Un profesor le da clases en casa tres horas a la semana. Hace seis meses admitía que 'hoy todavía no podría hablar con Obama en inglés', pero en una entrevista reciente a Telva, firmada por Cristina Larraondo, dice sobre sus clases: 'Van bien. Me cuestan, pero me gustan mucho. Estudio varias horas a la semana'.

Rajoy estudia inglés en casa tres horas semanales con un profesor particular

Y acaba justificándose como suelen hacer todos los que habiendo tenido tiempo, recursos y capacidad para dedicarlos al engorro de aprender idiomas prefirieron dedicarlos a ver el Tour, leer novelas de Ken Follett o darse comilonas con los amigotes: 'El desinterés educativo por los idiomas extranjeros ha sido un lastre para varias generaciones de políticos, y yo no dejo de ser hijo de mi tiempo'. Cristina Larraondo lo escucharía con mucha deferencia, pero pensaría para sí misma: 'Ya, eso se lo dirás a todas'.

Sea como fuere, a Rajoy le honra ese esfuerzo para dominar un idioma cuyo desconocimiento amenaza con ser una deshonra, como en el pasado lo era tener un abuelo republicano o en el presente tener un primo promotor inmobiliario. En cuanto a otras lenguas, debe saber gallego, pero nunca se le oye hablarlo, se especula sólo se especula con que sabe portugués y se cuenta que se maneja en francés, aunque la expresión 'manejarse' referida a un idioma suele ser sospechosa.

Lo que no tiene Rajoy es experiencia profesional en el extranjero. Como se hizo registrador tan jovencito, con sólo 23 años, y para ese cuerpo todos los destinos son nacionales y los clientes lo mismo, Rajoy nunca tuvo necesidad de actualizar fuera del país sus conocimientos. Como además entró muy pronto en la política profesional, con sólo 26 años, en un tiempo en que parecía que el PSOE de Felipe González iba a gobernar toda la vida y lo de liderar el PP ni se le pasaba por la cabeza, pues tampoco tuvo nunca la urgencia de aplicarse con las lenguas por si un día llegaba a presidente. En definitiva, que la fatalidad lleva 30 años confabulándose para que el pobre Rajoy no aprenda idiomas.