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Jordi Pujol: "Ya no tengo fuerza moral para criticar el independentismo"

El que fuera president de la Generalitat durante 23 años repasa la evolución de un Estado autonómico que, según él, no ha sido justo con su principal motor, Catalunya

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Con 80 años recién cumplidos, Pujol sigue en forma. Echa la vista atrás y reivindica lo hecho, con visión catalana y española, por él y por CiU. Ahora no esconde cierta frustración y se ve solo: en una España con una crisis en muchos frentes se imponen los que quieren disolver la personalidad nacional catalana y en Catalunya crecen los partidarios de un Estado propio. Esta entrevista fue realizada antes de conocer la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut.

President, la Transición fue un pacto de convivencia Catalunya-España que gestionó durante 23 años

Y en el que yo creí, eh.

Y el Estatut, una puesta al día aunque algunos catalanes lo vieran de mínimos. Estamos esperando al Tribunal Constitucional (TC), hay incomprensión. ¿Qué ha pasado?

Hay hostilidad con Catalunya. Esto hay que analizarlo con perspectiva, cuando en los cincuenta se configura la España actual. En 1960 arranca el cambio, no en lo político pero sí en lo económico con López Rodó. Con los jóvenes de la posguerra se abre y europeíza pese a la dictadura, que consiguió un trato preferencial con la CEE, y el PCE cambia de estrategia y apuesta por la reconciliación nacional. Fuera están Kennedy, el Concilio Vaticano II o la evolución del comunismo. En Catalunya, el catalanismo resistente supera el resistencialismo. Reprende el hilo del primer tercio de siglo: la defensa de la lengua, las instituciones y la personalidad del país. Asume que debe ser posible en una España nueva y democrática. Piensa en desarrollarse plenamente en la España de La pell de brau, el libro de Espriu que cumple 50 años. Sobre esto pivota el catalanismo moderno que ha inspirado mi carrera. Pues bien: esto ha fracasado.

Y si la vía ha fracasado, ¿a dónde ir ahora?

No sé. Yo veo preocupado que la oferta es que tiremos la toalla, que olvidemos el proyecto nacional. En España hay quien piensa que así la lengua y la conciencia nacional se elimina en 40 o 50 años. Yo he visto y oído en gentes del PSOE y del PP cosas de estas. Lo que pareció que iba por otra línea, que era la oferta de Zapatero con el Estatut, ha fracasado a nivel político y ético. Ahora saldrá lo que saldrá del TC, pero sería una gran sorpresa que fuera positivo no sólo sobre el papel sino sobre todo en mentalidad y actitud, en espíritu. No será aceptable y este es el fracaso.

¿La culpa la tienen la agresividad de la derecha y la incomparecencia de la izquierda?

Todos hemos cometido errores, yo también me corresponsabilizo, pero mientras fui president, la izquierda y el PP decían que sin CiU la relación Catalunya-España sería excelente. Eso y que CiU se disolvería. Y la relación ha empeorado mucho. Hay que decir, eso sí, que yo en mis últimos años, desde 2001, noté dificultades. Al principio de la mayoría absoluta, Aznar fue algo receptivo, después me envió una carta —él no engaña— en que decía que a partir de ese momento nada y que simplemente había que reforzar el poder central del Estado. Fue en enero de 2002. Eran truenos de la tempestad que ha venido. Por el PSOE también. José Bono me dijo que 'la solidaridad sólo se plantea con los bienes ajenos'. A partir de aquí el espíritu cooperativo se arruina. Y esto no es una crisis política del modelo de estado, es de valores. Esto se ha estropeado.

'El catalanismo que buscó su plenitud en la España nueva ha fracasado'

¿Por qué se ha estropeado? ¿Los frutos de la Transición fueron consecuencia de la mala conciencia de España con Catalunya?

Es secular. Ya en la edad media los castellanos intentaron tener todo el poder. De nuevo, Castilla entona el 'hasta aquí hemos llegado'. En la Transición lo resolvimos mal, el café para todos fue un error fruto del electoralismo; al principio ni el PSOE ni la UCD lo contemplaban. Y la restitución de la Generalitat con Josep Tarradellas era lo contrario. Incluso Alfonso Guerra ha dicho que las autonomías debían ser las tres históricas y resolver el resto de otra manera. Tirar de un Estado con 17 comunidades tiene inconvenientes. Los vascos lo tienen mejor, con su privilegio fiscal. Nosotros, para defender lo nuestro y hacerlo compatible con modernizar España, asumimos más responsabilidades. Obligan a que intervengamos y eso irrita. Los vascos se inhiben y, pese al problema de ETA, causan menos malestar en España. Cuando decimos, como Miquel Roca con la operación Reformista, lo de 'otra manera de hacer España' hay conflicto.

España asume que Catalunya ha ayudado, pero hay quien opina que el catalanismo es accesorio y sus demandas un engorro. ¿Qué papel se le reserva?

Supongo que ser una provincia dinámica y emprendedora y punto. Ya desde el siglo XIV España quiere ser como Francia. Con los Austrias hubo cierto respeto y desde 1714 se desboca. Y allí el modelo es una homogeneización total y gran centralización del poder político, cultural y económico en París, una visión que no se ha alterado. Y después van las prefecturas, representantes de París en el territorio. Es el modelo del que ha bebido España, un modelo que persigue la homogeneización y niega la identidad como pueblo. Pasó hace poco con el estatuto corso, que hablaba de 'pueblo corso'. El Constitucional francés lo prohibió porque dijo que 'no hay pueblo corso sino franceses que habitan en Córcega'. Lo mismo que dijo hace poco Rajoy al explicar que 'un catalán es simplemente un ciudadano español empadronado en Catalunya'.

Visto así no sólo no se avanza, se recula

Realmente el estropicio entre Catalunya y España es grande. O hacemos un vestido nuevo de arriba abajo o lo dejamos estar. Un vestido nuevo es sentarnos y volver a hablar. Ahora se cuestiona todo porque hay una crisis española, pero la preocupación ya viene de antes. Cuando la carta de Aznar no había crisis económica.

Para sentarse, el análisis debe ser compartido. El PP piensa que se ha ido muy allá y Zapatero dijo que la descentralización acabó y que toca 'cooperar'.

Esto de la cooperación es lo que me dijo Aznar. ¡Claro que hay que cooperar! Pero por experiencia sabemos ya desde la LOAPA que bajo este concepto muy a menudo se esconde la recentralización política y administrativa. El contexto político era similar. Habíamos cerrado, aunque no del todo bien pese a los progresos, un pacto de financiación y yo le pedía una lectura abierta de la Constitución, para tener una autonomía realmente consistente. Él propuso reforzar el Estado central. Es lo que ahora pretende Zapatero con algún que otro eufemismo. Pero es un discurso que ya no engaña.

¿El Estatut era el vestido nuevo?

Debía serlo. Lo que aprobamos ya estaba rebajado en relación a las ambiciones. Y ahora vendrá el TC. Estamos entre la castración química y la física. Lo que llegue será malo.

'El estropicio es grande; o hacemos un vestido nuevo o lo dejamos estar'

Dejarlo estar es la independencia, que usted nunca ha avalado

Personalmente, y creo que en general Catalunya, he jugado la carta que les he dicho. Lo de la Transición y Espriu. Pero ahora estamos más solos. Nos gusta el mus. Pero España quiere que juguemos al póquer, que no forma parte de nuestra manera de ser. No tenemos compañero de mesa. Y otros reaccionan diciendo ni mus ni póquer, que hay que levantarse de la mesa.

¿Y por qué a Catalunya le cuesta tanto encontrar comprensión?

Porque la España que quieren hacer es la del póquer. Es decir el modelo francés a rajatabla: centralización y homogeneización. Hay maneras más o menos simpáticas de hacerlo, pero en el fondo es esto. En algún momento pareció que esto no iba por aquí, pero después se ha retomado el camino. Supongo que entonces, cuando se empezó el Estatut, Zapatero no sabía dónde acabaría. De lo contrario sería un engaño muy grave y en todo caso tiene consecuencias serias.

'Los que jugamos la carta histórica con España estamos ahora más solos'

Dice que la crisis española lo cuestiona todo. Pero más allá de la economía, ¿cómo se manifiesta?

España viene de abajo, era decadente. Sólo hay que recordar a Cánovas con la frase tremenda e injusta de que 'son españoles los que no pueden ser otra cosa'. Pero luego se ha recuperado. La recuperación espectacular de los últimos 50 años es en el marco europeo, próspero. España ve que ha crecido, que le va mejor y se torna arrogante. Aznar daba lecciones dentro y fuera y Zapatero ha actuado igual, con soberbia. Nos han llevado a una crisis económica que se extiende a valores colectivos. Se fue cuidadoso en la Transición y ahora ya no se es delicado ni en lo económico, ni político ni institucional. Lo del TC es una prueba. La Justicia y la confrontación PSOE-PP tampoco son edificantes. Y además, la crisis de relación con Catalunya, que representa el 6% del territorio, el 16% de la población, el 20% del PIB y el 28% de la exportación.

¿El independentismo se vincula a esa crisis poliédrica y es coyuntural o por contra intuye que está aquí para quedarse?

Está más vinculado con la convicción catalana de que ha habido engaño. Defender nuestra identidad como nacionalistas no ha sido posible en la España que debía venir y que anheló el catalanismo. Lo hemos intentado con más solidez que en la II República pero hemos sufrido una reacción muy negativa. Ahora, cuando ofrecen ser Francia, es lógico que cada día más gente no juegue y que quienes hemos defendido el camino intermedio estemos en un brete. Si para ser español he de tragar con el modelo francés, no me interesa. Y a mi nadie, ningún presidente español, me puede dar lecciones de lealtad. De otras cosas sí, pero de lealtad no. Por esto ahora no tengo fuerza moral para criticar la reacción independentista.

'Nos quieren como Francia. Si para ser español he de tragar eso, no me interesa'

¿La soledad en la defensa de un Estado plurinacional la comparte con dirigentes del PSC (o ex dirigentes como Pasqual Maragall) que nunca imaginaron una situación así con la izquierda gobernando Catalunya y España?

Sí, y hay dirigentes del PSC que si un día se plantea un referéndum independentista no harán campaña por el sí pero lo votarán. No lo duden. Pero la urgencia no es el independentismo ni retomar la relación positiva con España. Ahora no se vislumbra. Nos toca salir de la crisis, no sólo económica sino también de proyecto y actitudes. Catalunya no va bien y necesita un cambio para recuperar la seguridad, el rumbo y no estar sometida a una ducha escocesa. Necesitamos recuperarnos internamente y políticamente. De las elecciones que vienen debe salir algo que se haga cargo de la situación. Los independentistas no triunfarán mañana pasado y los que nos quieren ciudadanos españoles empadronados en Catalunya sin derechos como pueblo, tampoco.

¿Los derechos como pueblo quedaron en el aire en la Constitución?

Entre la Constitución y el Parlament, se dice que el Parlament representa al pueblo catalán. Y eso ya es un derecho colectivo. Ahora resulta que quizás no, según el TC.

¿Se desaprovechó también para dotar a Catalunya de un concierto como el vasco y navarro?

Eso no es cierto que no lo planteáramos. Lo hicimos en el Estatut de Sau de 1978. CDC lo propuso y se votó en ponencia, pero perdimos. La mayoría se opuso. Que argumentó, a parte de otras razones menos serias, que esto supondría un riesgo para el proceso de la Transición, lo cual puede que fuese cierto. El problema de CDC fue no romper la unidad de acción de los otros partidos.

'Zapatero no sabía dónde acabaría el Estatut. Lo contrario sería muy grave'

La Catalunya de hoy, con 7 millones de habitantes, compleja, plural ¿Está cohesionada para plantear de nuevo, de forma colectiva, otro modelo de relación con España?

Será un reto. El independentismo es importante y la imposición de Madrid fuerte, pero toca reforzarse internamente con lo que tengamos. Y en eso está recuperar la consciencia colectiva, el orgullo, las instituciones, la sociedad civil tenemos un problema en la política actual y el reto de la inmigración. La del siglo pasado está muy integrada.

El president se llama Montilla

Sí, sí. Como puede suponer mi candidato no era, ni es, Montilla. Pero esto demuestra que el ascensor social ha funcionado en Catalunya como en ningún otro lado.